balonmano
Las que abrieron el camino
balonmano
Pocas veces se piensa que, para recorrer un camino, alguien tuvo que abrilo primero. Aquello tan famoso de que antes, todo esto era campo. Y vaya si era así en el balonmano practicado por mujeres en Galicia. Que el Mecalia Atlético Guardés juegue su segunda final continental en tres años puede resultar hasta natural a tenor de las once veces que ha competido en Europa en los últimos trece. Pero no lo es. No solo porque es imposible normalizar que el club de una localidad de 10.000 habitantes pelee a nivel internacional. Sino porque, hace apenas tres lustros, ni siquiera había estado nunca entre los mejores de España. Por eso, que las Cacheda, las Sancha, las Palomo y el resto de jugadoras del equipo actual puedan optar mañana a ser campeonas es, aunque solo sea por una pequeña parte, también gracias a las que en 2013 disputaron la primera eliminatoria continental de la historia de la entidad miñota y del balonmano femenino gallego. Las pioneras.
“Es muy bonito abrirle el camino a estas nuevas generaciones; fue precioso poner A Guarda en Europa”
“Haber puesto nuestro granito de arena para que ahora lo puedan disfrutar tantas jugadoras es súper bonito”, reconoce Carla Abad con su perenne sonrisa. La redondelana era una más de aquel Guardés que logró el primer ascenso a la élite de su trayectoria vital en 2012 y se clasificó a la primera para Europa al ser quinto. Concretamente, a la ya extinta Recopa -curioso nombre, ya que no la disputaban los campeones de Copa-. La mala suerte cruzó al equipo que entrenaba Manu Etayo con el Zvezda Zvenigorod ruso, que eliminó a las miñotas en aquella primera ronda para luego acabar siendo subcampeón de la competición.
“Haber puesto nuestro granito de arena para que ahora lo disfruten tantas jugadoras es algo maravilloso”
Poco importó. La experiencia fue inolvidable para aquellas primerizas de una plantilla formada con muchas jugadoras de la casa como las hermanas Andrea y Alba Dapena, Estela Doiro o Laura Morais, entre otras, apuntaladas con foráneas como las portuguesas Ana y Babi Cerqueira o la internacional española Vanesa Amorós. La eliminatoria no tuvo mucho que contar, con victorias rusas en Moscú (36-15) el 10 de noviembre y en A Sangriña (20-28), siete días después. Eso está olvidado por las protagonistas. Lo que persiste en la memoria es el sentimiento de lo vivido. “Cuando llegamos a Rusia, estaba todo cubierto de nieve. Nos llevaron por unos sitios… Parecía que nos iban a meter en un campo de concentración”, explica Andrea Dapena, capitana de aquella escuadra pionera. “Lo vivimos súper emocionadas y con muchísima ilusión”, añade, mientras su hermana Alba asiente y destaca lo rápido que pasó todo. “Ascendimos y de repente, en un año, estábamos en Moscú”, subraya. “Fue algo histórico”, refrenda Abad.
Quizá no era del todo consciente de aquello una joven Estela Doiro. “Mi carrera deportiva estaba despegando”, recuerda la jugadora guardesa del Málaga, que pondrá fin a su sensacional carrera deportiva al acabar esta temporada. Como sus compañeras, lo vivió “con muchísima ilusión”. Todas aluden a “esas primeras veces que nunca se olvidan” pese a que los detalles se escurren en las rendijas de la memoria y que la sensación de inferioridad fue manifiesta. “Sobre todo, físicamente”, apostilla la redondelana, ahora entrenadora y miembro de la Federación Galega. “Nos abrió la mente a otro balonmano”, expresa. En la retina de Andrea Dapena quedó “el saque inicial, la banderas y las árbitras” y también el impacto de que las rivales hablasen en otro idioma. “Fue precioso también poque poníamos A Guarda en Europa”, añade Doiro.
“Lo vivimos súper emocionadas y con muchísima ilusión; esas primeras veces nunca se olvidan”
Han pasado doce años y medio desde entonces. Más de una década que ha dado para mucho. En el Guardés en particular -con un título de Liga y dos finales de Copa, además de las dos europeas- y para el balonmano gallego en general -con el Porriño en la zona alta y otra final continental en su haber-. “Estoy muy orgullosa de que nuestro balonmano siga creciendo así”, explica Abad desde A Guarda, inmersa en el sector cadete. Sus compañeras de 2013 se sienten igual. “Miras atrás y piensas que es genial ver la evolución que ha tenido el balonmano. Era un deporte minoritario. Y más el femenino. Y ahora Guardés y Porriño pelean arriba y en finales europeas”, destaca Alba Dapena, que jugó en ambos clubes. Igual que su hermana.
“Ascendimos y, de repente, en un año, estábamos en Moscú; es genial ver cómo ha evolucionado todo”
Ese orgullo deriva en emoción cuando Estela Doiro se da cuenta de que aquello fue el principio de un final que ahora divisa. “Es muy bonito abrirle el camino a estas nuevas generaciones. Es un orgullo. Ahora que se acaba mi carrera, es precioso recordar todo el trayecto que hemos recorrido”, explica con sinceridad, antes de sumarse al deseo unánime de todas: “Ojalá que el título se quede en A Guarda”. Una parte de él pertenecerá también a las que abrieron el camino.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último