Finlandia, la favorita en Eurovisión que podría echar a Israel del certamen
Gemma Lorente cree que el 'eurofan' español "no va a votar ni lo va a ver" en esta edición
Gemma Lorente, profesora del Grado en Ciencias Políticas de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) y experta en Eurovisión, analiza la 70ª edición del concurso que se celebra esta semana en Viena (Austria), con Finlandia como favorita en las apuestas gracias al dúo formado por Linda Lampenius y Pete Parkkonen y su 'Liekinheitin'. "Es un propuesta muy buena, pero también hay un voto de castigo hacia Israel", sostiene.
Así lo señala en una entrevista concedida a Europa Press la experta en geopolítica, al ser preguntada sobre si el apoyo a la candidatura finlandesa se puede leer como un voto de castigo a Israel en favor de Palestina o es una cuestión cultural de respaldo al mejor espectáculo.
"Se juntan las dos cosas. Hay un poco de cada", afirma Lorente, que destaca la calidad de la propuesta de Finlandia con música en directo en lugar del enlatado que marca la organización del festival desde 1999. Además, la también `eurofan` indica que se está "utilizando mucho para venderlo como que hay un voto de castigo a Israel".
Tras la retirada de RTVE del concurso en protesta por la ofensiva bélica israelí sobre Gaza, Gemma Lorente opina que quienes se animen a participar en España "va a ser voto de castigo hacia Israel o hacia Finlandia" y que "la gente que habitualmente lo hace porque le gusta el espectáculo no va a votar ni lo va a ver".
De este modo, considera que en España habrá gente que vote con un criterio "más ideológico que musical" y que las modificaciones implementadas en el sistema de votaciones en 2026 no traerán consigo cambios sustanciales con respecto al apoyo recibido por Israel el año pasado.
La experta tiene la sensación de que este año se están anulando esos planes de "quedar para verlo" no tanto como reproche a Eurovisión sino a España por no participar y recuerda: "El festival nació en los años 50 con una vocación muy concreta: unir culturalmente a Europa después de la guerra y hacerlo desde un espacio estrictamente musical, alejado de los conflictos políticos. Cuando Eurovisión entra en debates geopolíticos pierde precisamente aquello que le dio sentido y legitimidad internacional".
Lorente Martín cree que la edición de 2026 puede pasar a la historia "como uno de los momentos más delicados para Eurovisión desde su creación, que haga tambalear su fin fundacional". "Más que una crisis musical, 2026 representa una crisis de identidad", sostiene.
Para la experta, la "gran pregunta" es si el certamen seguirá siendo un evento cultural común o acabará convertido en "un escenario de confrontación" política entre países y bloques ideológicos, situación que se repite "desde hace unas ediciones con las puntuaciones entre países, en los que se penalizaban actuaciones musicales en función de las relaciones políticas entre países o por la situación que estuviesen viviendo en ese momento, o con casos como el del año pasado en el que España hizo al principio de la Gala un posicionamiento sobre la situación de Israel y Palestina".
Justo antes de la final de Eurovisión 2025 y después de las advertencias de la Unión Europea de Radiodifusión (UER) por los comentarios realizados durante la semifinal, RTVE emitió un pantalla negra con un mensaje sobre Gaza con un texto que decía: "Frente a los derechos humanos, el silencio no es una opción. Paz y justicia para Palestina".
Preguntada por las diferencias entre el festival de este 2026 y otras ediciones en las que ha habido controversias políticas, la experta señala que la principal es "la dimensión estructural de la crisis". "Eurovisión siempre ha convivido con tensiones políticas, pero en otras ocasiones la organización conseguía contenerlas y mantener el foco en la música, aunque los representantes tuviesen acciones puntuales en sus actualizaciones", explica.
"En 2026, en cambio, la discusión afecta directamente a la credibilidad institucional del festival y a su neutralidad histórica. Lo relevante no es solo la polémica concreta, sino la sensación de que Eurovisión está dejando de ser percibido como un espacio neutral", apunta, para después añadir: "Y si el festival abandona esa neutralidad, corre el riesgo de traicionar su esencia fundacional: ser un punto de encuentro cultural por encima de las disputas políticas europeas".
El impacto de los vetos
En cuanto al impacto que tiene en el festival la retirada de países como España, Países Bajos o Irlanda, la experta de UNIR destaca que son participantes con importante "peso simbólico y televisivo" por lo que "supone un golpe muy importante para Eurovisión".
"No hablamos únicamente de audiencias o financiación, sino de países históricamente vinculados a la construcción cultural del certamen", recalca a Europa Press.
Además, Gemma Lorente Martín avisa de que estas decisiones generan "un efecto contagio" que puede animar a otras delegaciones a replantearse su continuidad. "Eurovisión siempre ha funcionado porque existía un consenso básico: la música estaba por encima de la política. Cuando ese consenso se rompe, el festival pierde cohesión interna y también parte de su legitimidad ante el público europeo. Básicamente, el propio programa iría contra su fin fundacional", detalla.
La profesora apunta que el problema no es únicamente quién participa, sino la percepción de que "la UER aplica criterios distintos según el contexto político de cada país". "Eso erosiona la confianza del público y alimenta la idea de arbitrariedad", apostilla.
Desconfianza generalizada
Respecto a los cambios en el sistema de votación para reducir las sospechas de fraude o manipulación, Lorente Martín afirma que "cualquier medida de transparencia ayuda, especialmente en un momento de desconfianza generalizada", pero "el problema de fondo no es únicamente técnico, sino también reputacional".
"Aunque se reforme el sistema de votación, las sospechas seguirán existiendo mientras una parte del público perciba que el festival está condicionado por intereses políticos o diplomáticos. Eurovisión necesita recuperar credibilidad institucional antes que modificar mecánicas concretas. El público acepta perder una votación, pero no acepta sentir que el certamen ha dejado de ser imparcial. Y esa imparcialidad siempre fue uno de los pilares fundamentales del festival", recuerda.
Gemma Lorente Martín cree que "indirectamente" estas reformas alteran de forma significativa el tipo de canción o de país que puede ganar porque "el contexto político acaba condicionando inevitablemente la percepción de las candidaturas, como ocurrió en el año 2022 cuando ganó el festival Ucrania".
De este modo, la experta apunta que se está produciendo una "polarización inédita" entre las audiencias. "Una parte del público sigue defendiendo Eurovisión como un espacio de entretenimiento y diversidad cultural, mientras otra considera que el festival ya no puede desligarse de los debates políticos actuales", explica.
"Esa fractura afecta especialmente a las generaciones jóvenes, muy sensibilizadas con los conflictos internacionales y entre el colectivo LGTBI+. El problema para Eurovisión es que cuanto más se identifique políticamente, más difícil será mantener su carácter transversal y popular", asegura.
En cuanto a los escenarios que se abren para Eurovisión a medio plazo, cree que si los boicots continúan, Eurovisión podría entrar en una etapa de "fragmentación institucional y pérdida progresiva de consenso europeo". "El peor escenario sería una dinámica en la que cada edición estuviese marcada por vetos, retiradas y debates políticos permanentes, enquistando aún más la situación actual. Eso transformaría radicalmente la naturaleza del festival", concluye.
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