Los eclipses, una inspiración para las expresiones artísticas

La gran cita astronómica

Este fenómeno fue protagonista a lo largo de la historia de la ficción, la literatura o la pintura

La pintura de Frida Kahlo, “Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos”.
La pintura de Frida Kahlo, “Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos”. | EP

El 12 de agosto España se convertirá en el mejor lugar del mundo para disfrutar de un histórico eclipse solar total, el primero de estas características en la Península Ibérica desde hace más de 100 años, en concreto en 1912. En cualquier caso, en la cultura, este fenómeno fue protagonista de la ficción, la literatura o la pintura.

Más allá del interés científico, la desaparición momentánea del Sol ha servido a Stephen King, Stanley Kubrick, Virginia Woolf o Pink Floyd, entre otros, como motor narrativo para salvar vidas, cometer crímenes impunes o articular metáforas sobre la condición humana y el paso del tiempo.

En la literatura clásica, Mark Twain convirtió el fenómeno en una truco de supervivencia en “Un yanqui en la corte del rey Arturo”, donde su protagonista evita la hoguera al simular que controla el Sol gracias a su conocimiento previo del evento astronómico. Esta misma premisa de usar la astronomía como recurso de salvación la adoptó el autor belga Hergé en el cómic “Las aventuras de Tintín: El templo del Sol”, donde el célebre reportero libra a sus compañeros de ser sacrificados por una tribu inca.

Este fenómeno también sirvió para enmarcar historias más oscuras, como la del escritor estadounidense Stephen King en su novela “Dolores Claiborne”, donde la protagonista aprovecha la penumbra y la confusión de un eclipse solar para librarse de su marido maltratador. Conectada con esta novela, King publicó también “El juego de Gerald”, en el que la protagonista experimenta una visión traumática que ocurre exactamente durante el eclipse solar de 1963.

Periodismo literario

El periodismo literario y el ensayo tampoco fueron ajenos a este evento. De hecho, la autora Virginia Woolf inmortalizó en sus diarios la vivencia del eclipse de 1927 en Yorkshire, que inspiró también su famoso ensayo de 1928, “El sol y los peces”. Mientras, la ganadora del Premio Pulitzer Annie Dillard abordó esta temática en la crónica “Eclipse Total” en 1982, un ensayo en el que narra el viaje que realizó junto a su esposo en febrero de 1979 hacia el valle de Yakima, en el centro del estado de Washington, el único lugar de Estados Unidos donde se pudo apreciar de forma total aquel eclipse solar.

En el ámbito cinematográfico, una de las imágenes más icónicas de la historia del cine pertenece Stanley Kubrick con “Una odisea del espacio” (1968), donde una alineación cósmica entre el Sol, la Luna y la Tierra marca un momento clave en la evolución humana.

En el siglo XXI, la cultura audiovisual moderna sigue encontrando en el eclipse solar un catalizador de misterio, como demostró la serie de televisión “Héroes” (2006) o la novela de terror “La cepa” (2009), de Guillermo del Toro y Chuck Hogan, donde la sombra sirvió de cobertura para una invasión vampírica. También Del Toro hizo del eclipse protagonista en “Hellboy 2: El Ejército Dorado”. Aunque no de manera tan directa, la saga “Crepúsculo” o el universo de “Juego de Tronos” se valieron de este fenómeno astronómico para configurar las películas y series.

El impacto visual del fenómeno dentro del mundo de la pintura

En la historia del arte, la pintura también capturó el impacto visual de los eclipses a lo largo de los siglos. Durante el Barroco, artistas como Peter Paul Rubens incorporaron el fenómeno como recurso de iluminación en obras de temática sacra como “La elevación de la cruz” (1610) o “El milagro de San Ignacio de Loyola” (1617), donde la penumbra celestial refuerza el dramatismo de la escena.

También en el siglo XX el fenómeno fue abordado desde corrientes como el surrealismo y el expresionismo y, de hecho, Frida Kahlo incluyó la alineación del Sol y la Luna en su obra “Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos” (1932) tras presenciar el eclipse de ese año en Detroit, mientras que la artista afroamericana Alma Thomas dedicó en 1970 su lienzo abstracto “The Eclipse” a explorar el evento dentro de su serie de obras sobre la exploración espacial. Por su parte, el pintor y arquitecto alemán Cosmas Damian Asam dejó en “La visión de San Benito” (1735) una de las primeras representaciones pictóricas documentadas de la corona solar tras presenciar un eclipse total en 1706. Posteriormente, en el siglo XIX, el paisajista italiano Ippolito Caffi impregnó con el efecto de la sombra lunar su arquitectura urbana en su óleo “Eclipse de Sol en Venecia” (1842).

El eclipse aparece así como un elemento capaz de modificar la percepción de la luz en las obras. Los artistas recurrieron a sus efectos para reforzar el contraste y la intensidad de las escenas representadas. A lo largo de los siglos, el fenómeno adoptó diferentes formas según el estilo de cada autor.

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