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En el municipio más pequeño de Galicia, en Mondariz Balneario, un grupo de 180 refugiados procedentes de Malí se encuentra en la primera fase de adaptación a su nueva vida en España. Alojados, desde la semana pasada, en el complejo Cemar (antiguo Marcote), estos inmigrantes han huido de la devastadora guerra que afecta a su país natal y ahora se enfrentan al desafío de integrarse en una sociedad nueva y desconocida para ellos.
La ONG Accem está siendo la encargada de la acogida y el acompañamiento de estos refugiados. “Somos un equipo multidisciplinar de 25 personas que lo que estamos intentando es darles una primera acogida. Intentamos cubrir sus necesidades básicas como alojamiento y comidas”, explica Daniel Bóveda, delegado territorial de Accem en Galicia, destacando el esfuerzo de la organización para brindar apoyo integral a los recién llegados. “Además, estamos teniendo mucha suerte. Nos sentimos muy acogidos tanto por el propio ayuntamiento como por el resto de instituciones. Celebro el trabajo que todas las administraciones están desempeñando”, añadía el delegado territorial de Accem.
Uno de los pilares fundamentales de esta acogida está siendo la enseñanza del español. Según Bóveda, “Ya hemos empezado con las clases de castellano. Es un avance muy importante, tenemos que intentar derribar esta barrera idiomática”, y es que la lengua es un obstáculo significativo para los refugiados, pero la ONG confía en que superarlo será clave para su adaptación y futura autonomía. “En cuanto sepan hablar castellano, su integración será más fácil y rápida”, aseguraban desde Accem.
En cuanto a sus planes futuros, estes son similares entre muchos de ellos. “Si hay algo que todos tienen en común es uno de sus objetivo. Vinieron aquí para volver a empezar. Todos ellos quieren empezar a trabajar y lograr una independencia económica”, indicaban desde Accem, quienes revelaban cuál será el camino que intentaran seguir algunos de ellos. “Muchos intentarán seguir con el oficio que tenían allí. Hay desde electricistas hasta gente que trabajó en el mar o uno que estaba estudiando distintas lenguas”.
Además, muchos de estos refugiados tienen la esperanza de reunirse con familiares y amigos que ya residen en España. “Muchos tienen familiares y amigos por el país, en cuanto esté todo en regla intentaremos que puedan ir donde ellos”. Este reencuentro con seres queridos es un paso importante para su estabilidad emocional y social en un entorno desconocido.
Pese a las circunstancias, el grupo de refugiaodos disfruta de una gran libertad y de la tranquilidad que les ofrece el entorno de Mondariz Balneario. "Aquí no están privados de libertad ni mucho menos, salen y entran cuando quieren. La mayoría van casi todos los días a pasear por el pueblo, tanto por Mondariz Balneario como por Ponteares. De momento no ha habido ningún tipo de problemas ni incidentes", aclaró Bóveda, subrayando el buen comportamiento y la voluntad de integración que están teniendo los refugiados. “Están poniendo mucho ímpetu para que esto salga bien y puedan establecer aquí su vida. Nos lo están haciendo más fácil”, concluía.
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