Los veteranos no se aburren

Celta 2-0 Mallorca

La salida al campo de Borja Iglesias y Iago Aspas en la segunda parte espabiló un partido adormecido por el Mallorca

Los jugadores del Celta celebran la victoria al final del partido delante de la grada de animación, como en cada triunfo como local.
Los jugadores del Celta celebran la victoria al final del partido delante de la grada de animación, como en cada triunfo como local. | J.V. Landín

Se supone que los futbolistas de más edad deben ser los más proclives a la rutina. Pero ayer Borja Iglesias y Iago Aspas sacaron al Celta de la espesura del fútbol sin ritmo y de marcador durmiente desde el banquillo. Ante un Mallorca falto de moral y sin capacidad de dañar que lo cifró todo a no ser dañado. La veteranía surgió para patrocinar una victoria que rompe con cuatro jornadas sin ganar y sube a los célticos a la sexta plaza. Unos puestos que a estas alturas no oteaba desde hace una década.

Disfrazar la rutina. Adornarla con detalles nuevos que no varían la esencia pero que engañan al ojo. Y a eso tan etéreo como el ánimo, más sencillo de germinar en grupo que de forma individual. Reconstruir cada semana ese disfraz es la tarea más complicada de los cuerpos técnicos cuando las temporadas ya han superado su ecuador. Más cuando el jueves hay fiesta. El Celta quería encarar la visita al Mallorca dotándola de una trascendencia que no tenía de por sí. Pero el conjunto balear sabía que no es sencillo enchufarse cuando ya has repetido las rutinas previas más de 35 veces, así que su lógico deseo era que el fútbol se moviese dentro de los límites de la normalidad, sin puntos de sobreenergía que despertasen el hambre celeste.

Los previsibles cambios en la elección de jugadores de Claudio Giráldez dieron con Joseph Aidoo, Javi Rueda, Hugo Álvarez, Matías Vecino, Fer López, Ferran Jutglá y Pablo Durán en el once. De Salónica, apenas repitieron el portero Ionut Radu, los centrales Javi Rodríguez y Marcos Alonso y el mediocentro Miguel Román. Un giro también en busca de esa energía mental necesaria para sentir que la Liga estaba en juego.

Vive el Mallorca una temporada de dudas. Casi nada le sale como espera y, por eso, ha aprendido a esperar. Estaba muy claro desde el principio que el que iba a tener que proponer era el Celta, con el rival pendiente de un error o de un centro sobre Muriqi en el área que convirtiese en oro el casi nulo riesgo que estaba dispuesto a asumir. La realidad de cada equipo marca los planteamientos más, incluso, que las intenciones de sus entrenadores. Porque seguro que a Jagoba Arrasate le habría encantado tener más argumentos y más confianza como para disponer más del balón. Y es también probable que a Claudio Giráldez no le habría importado que el bloque isleño se estirase un poco más para disponer de algún hueco por el que correr sobre las piernas de Rueda, las conducciones de Fer López o los desmarques de Pablo Durán.

El que mejor entendió la manera de entrar al trapo a la propuesta propia y del rival fue Hugo Álvarez. De regreso a la banda, el canterano encaró con acierto y se animó al regate. Su hiperactividad atrajo los inteligentes desmarques de Pablo Durán y la banda izquierda celeste comenzó a ser la vía principal del fútbol vigués. En los pies de los mentados Durán y Hugo estuvieron las ocasiones, mal finalizadas pero muy bien generadas.

Con las cartas sobre la mesa, en los pies del Celta estaba subir la velocidad del partido. En el pulso entre frenarla, siempre más sencillo, y aumentarla, complicado al necesitar de precisión y cierto riesgo, acumuló minutos sin más noticia que la negativa de la lesión de Pablo Durán. El mal fario del tomiñés con el hombro se trasladó, en otro resbalón, a la rodilla izquierda. Con ese nubarrón sobre el ánimo llegó al descanso.

Hay rutinas de largo plazo y rutinas de corto plazo. El partido se enfangó de cabeza en el charco de las segundas. Con cada vez menos balón del Mallorca y cada vez menos ocasiones del Celta, ya sin la capacidad de Hugo Álvarez de pisar área rival activa. Hacía falta encontrar más argumentos fuera del campo, porque dentro no aparecían. Borja Iglesias, Iago Aspas e Ilaix Moriba para remover algo.

No fue un relámpago, fue oficio. Los años y la sabiduría de los dos veteranos atacantes celestes iban a ser determinantes para acabar de rendir al partido. El capitán empezó a dar orden a la circulación de lado a lado en el borde del área rival. El santiagués apareció en la pelea cuerpo a cuerpo con Antonio Raillo y el árbitro consideró que el agarre del defensor al delantero era más limitante que el del delantero al defensor. Aspas anotó el penalti en el minuto 84. Y no se contentó con ello, sino que en el descuento ideó un pase en escorzo hacia la zona donde Swedberg podía avanzar. El sueco tuvo la delicadeza de devolverle el balón a su amo y señor, que lo golpeó de zurda para cerrar el partido, devolver al equipo a la victoria, subirlo hasta la sexta plaza y agrandar su leyenda. Ésa que no debe terminar aún.

Celta 2-0 Mallorca

Celta:

Ionut Radu; Javi Rueda (Jones El-Abdellaoui, min.78), Javi Rodríguez, Joseph Aidoo, Marcos Alonso, Hugo Álvarez; Miguel Román, Matías Vecino (Ilaix Moriba, min.67); Fer López (Iago Aspas, min.67), Ferran Jutglá (Borja Iglesias, min.67), Pablo Durán (Williot Swedberg, min.43).

Mallorca:

Leo Román; Pablo Maffeo, Martin Valjent, Antonio Raillo, Toni Lato (Johan Mojica, min.68); Omar Mascarell (Manu Morlanes, min.68), Samu Costa; Antonio Sánchez (Javier Llabrés, min.87), Sergi Darder, Jan Virgili (Pablo Torre, min.77); Vedat Muriqi (Mateo Joseph, min.77).

Goles:

1-0, min.84: Iago Aspas, de penalti; 2-0, min.94: Iago Aspas.

Árbitro:

José Luis Guzmán. Amonestó con cartulinas amarillas al local Borja Iglesias y a los visitantes Muriqi, Mascarell, Lato y Mojica.

Incidencias:

Partido disputado en el estadio de Balaídos, con 19.689 espectadores en las gradas.

Contenido patrocinado

stats