Tres nombres comunes a Celta y Lyon

Bursac, Beauvue y Pape protagonizaron las operaciones entre los dos clubes

El delantero serbio Milos Bursac jugó en el Celta el curso 92/93 tras pasarse dos en el Lyon.
El delantero serbio Milos Bursac jugó en el Celta el curso 92/93 tras pasarse dos en el Lyon. | Atlántico

La relación entre Celta y Olympique de Lyon no ha sido especialmente intensa, dentro de un mercado futbolístico sin fronteras. Pero sí hay tres nombres de futbolistas que han vestido las dos camisetas y que han supuesto transacciones económicas entre dos clubes que nunca se habían enfrentado en partido oficial hasta ahora.

Cronológicamente, esa primera vez en la autopista futbolística Lyon-Vigo la protagoniza el serbio Milos Bursac, que aterrizó en el conjunto vigués procedente del galo en verano de 1992. Aquella década final del siglo pasado fue prolífica en la llegada de jugadores balcánicos y el delantero quiso debutar en la Liga española de la mano de un conjunto vigués recién ascendido y después de tres años en Francia. No cuajó vestido de celeste y apenas disputó 14 partidos, anotando únicamente dos goles, ambos ante la Real Sociedad en Pasarón.

Tras ese primer contacto, tuvieron que pasar casi 24 años para que se diese el segundo. Claudio Beauvue dejó el Lyon para venir al Celta en enero de 2016 pero ese mismo mes de abril, sufrió la rotura del tendón de aquiles que marcó su estancia en Vigo -no se desvinculó del todo hasta enero de 2020 para irse al Deportivo, tras dos cursos cedido y otro en blanco en el bloque vigués- y el resto de su carrera.

Ninguno de los tres movimientos entre los dos rivales de mañana tuvieron un final feliz

Por último, el asunto más sorprendente. En verano de 2017, el Olympique de Lyon pagó 10 millones de euros por el canterano celeste Pape Cheikh cuando apenas llevaba 27 partidos con el primer equipo vigués, sólo 8 como titular. El centrocampista le entró por los ojos a un club galo que ya por entonces compraba futbolistas jóvenes (Pape todavía no tenía los 20), pero la apuesta no salió bien: 18 encuentros y 6 onces en dos cursos antes de regresar a Vigo como cedido. Pero el jugador no lograba centrarse en lo deportivo y ese retorno, que costó medio millón de euros, también resultó frustrante.

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