Tarde de resultadismo

Celta 2-0 Mallorca

El equipo vigués se impuso en el tramo final en un encuentro de pocas emociones

Hugo Álvarez persigue el balón en el duelo de ayer jugado en Balaídos.
Hugo Álvarez persigue el balón en el duelo de ayer jugado en Balaídos. | J.V. Landín

La diferencia entre ganar y perder es muy fina. Lo demostró el Celta en el partido de ayer ante el Mallorca porque el encuentro resultó malo, ante un rival defensivo y que, todo es preciso decirlo, firmó un enfrentamiento pobre, diríase que nulo en Balaídos. El resultado consistió en una tarde plomiza, de fútbol táctico, que es un buen eufemismo, para decir aburrido, soporífero, pero que se destrabó en un centro lateral con penalti en el minuto 85 de encuentro cuando, antes, había pasado muy poco.

El Celta, el único en proponer

Lo cierto es que en un enfrentamiento malo, de pocas llegadas, fue el equipo vigués el que intentó buscar con ahínco la portería contraria. Tuvo la intención de llegar, pero la mayoría de opciones morían en los intentos sobre el balcón del área, con un Fer López que no conseguía decidir bien ayer.

Hugo Álvarez, el verso suelto

Volvió Hugo Álvarez a la posición de carrilero y demostró que en el esquema de Claudio Giráldez es la preferida para él. En un día de poco ataque, resultó el único futbolista con capacidad de generar desequilibrio desde su banda. Se asoció con Pablo Durán, encontró huecos, penetró en el área, pero las acciones no fueron culminadas. De llegar el peligro, sería por su costado y el penalti de la victoria partió de un centro lateral suyo. En un día de pocos argumentos, se convirtió en el único.

Buena defensa, mal rival

Aidoo volvió a la posición de libre en lugar de Starfelt y tenía un día, en teoría, exigente para parar a un siempre peligroso Muriqui, pero lo cierto es que el kosovar generó muy poco porque, básicamente, su equipo apenas apareció en ataque. Sería complicado adivinar un partido en el que la zaga céltica haya estado más cómoda, a la par que menos expuesta. El rival apenas llegó por bandas, no sacó provecho del juego directo y en las combinaciones en la medular resultó completamente inoperante. No se recuerda ninguna llegada con peligro desde la zona de tres cuartos. En estos casos, nunca se sabe si fue por demérito mallorquín o mérito céltico. Quizás un poco de todo.

Refresco en ataque

Tener recursos en el banquillo es algo clave y así lo mostró el Celta. Con el duelo avanzado, introdujo a Iago Aspas y Borja Iglesias, que podían tener castigo del partido del jueves en Europa, pero que tuvieron tiempo para romper el choque en el tramo final. El santiagués sacó una pena máxima dudosa, pero generada por su sola presencia, y el moañés la aprovechó. Poco después, volvió a marcar. En un día de resultadismo, de manuales tácticos, de ayudas, de neutralizaciones, la calidad terminó por imponerse. La introdujo el equipo vigués al césped en el tramo final y el Mallorca, por contra, no lo hizo. No encontró soluciones ni desde la pizarra ni desde los nombres. Y, en un duelo táctico, es algo decisivo.

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