Un sonoro toque de atención

Claudio Giráldez, técnico celeste, asume la contundencia de su lista para Italia y sentencia que no hay intocables

El entrenador del Celta, Claudio Giráldez, el pasado 25 de julio en el campo de A Lomba.
El entrenador del Celta, Claudio Giráldez, el pasado 25 de julio en el campo de A Lomba. | J.V.Landín

Es muy fácil olvidarse de que Claudio Giráldez, entrenador del Celta, sólo tiene 38 años de edad y, sobre todo, de que apenas lleva dos años y cinco meses como técnico en la élite. Como él mismo se encarga de recordar, afronta muchas situaciones por las que nunca había tenido que pasar a este nivel, lo que no impide que, hasta la fecha, las haya superado todas con nota. Entre ellas, la gestión de los vestuarios en tiempos de mercado abierto. Con aquel primer enero del adiós de Anastasios Douvikas -entre otras operaciones-, sobre todo, que marcó el paradigma para él y su equipo de cómo encarar las incertidumbres propias de esta época sin que se resienta la convivencia y, aún más, la competitividad interna.

El porriñés se precia, con razón, de ser claro con los jugadores lo antes posible. Así, muchos saben antes de empezar la pretemporada que no se cuenta con ellos. Pero es imposible prever todo. Y hay decisiones que no sólo marcan un verano, sino que envían mensajes internos y externos. Giráldez ha dejado fuera de la lista para la concentración de Italia a futbolistas de todo calado: cedidos como Unai Núñez o Carles Pérez; canteranos más o menos jóvenes ya advertidos de la dificultad de su continuidad en el equipo como Manu Fernández y Carlos Domínguez; pero, de manera más sorprendente y más valiente por su peso, también dos jugadores, además de la misma posición, que se consideraban claves como Ilaix Moriba y Matías Vecino.

El porriñés ha dejado caer que no dudará en dar peso a los jugadores del filial si resulta preciso

Para Giráldez es la tercera temporada completa al frente del equipo. Y con un grupo bastante estable de futbolistas. Al igual que cada temporada trata de dar un giro táctico a los suyos -este verano la recuperada presión alta, las conducciones de balón y, por ejemplo, el pasado miércoles el paso por un dibujo 4-4-2-, también debe cuidar que su dicurso y su autoridad no pierdan fuerza. El porriñés, como ha demostrado, prefiere un vestuario feliz y con un punto menos de calidad que uno tenso y de más relumbre. Pero también es consciente de que un entrenador débil no aguanta en el exigente fútbol profesional.

El mensaje queda dado. Habrá que ver las consecuencias a corto plazo con muy posibles salidas ya no esperadas. Pero las de a medio y largo plazo apuntan a ser más provechosas.

Durán vuelve con el grupo y Galán sigue aparte

La buena noticia es que Pablo Durán ha reiniciado en Italia los entrenamientos con el resto del grupo, al menos de forma parcial. La mala es que Javi Galán no ha dado todavía ese paso y su rotura fibrilar de bajo grado en el recto femoral izquierdo lo tiene alejado del trabajo colectivo desde que se lesionó en el primer amistoso de pretemporada en Braga, allá por el pasado 18 de julio. Este sábado se cumplirán las tres semanas de baja sin que parezca plausible que el lateral extremeño, uno de los fichajes del verano, vaya a estar disponible ya no para el duelo sabatino ante el Nápoles, sino para el inicio de Liga ante Osasuna del siguiente domingo.

Habrá que ver si el punto de forma y de recuperación de la inestabilidad en el hombro izquierdo de Durán, con paso por quirófano el pasado 27 de mayo, invita a su estreno ante el Nápoles. Unos minutos sería todo un logro.

Vecino no falta por una lesión

Matías Vecino no falta de la concentración del equipo celeste en Italia porque sufra una lesión de rodilla que lo tenga de baja. Las razones hay que buscarlas en la mentada frase del técnico celeste, Claudio Giráldez: aquello de los que están más cerca de poder iniciar la Liga física y mentalmente.

Aunque sí es cierto que el mediocentro uruguayo acudió en las últimas horas a la clínica del doctor Ramón Cugat en Barcelona, quien lo operó de su rodilla derecha en el año 2020, pero se trata de una revisión periódica anual y no de una consulta por un nuevo problema, según explican desde el club. Lo que, por un lado, tranquiliza; pero, por otro, deja bien claro que hay un problema de fondo con el jugador, llegado a Vigo en enero de este año y con un contrato hasta junio del próximo. La salida es una opción viable.

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