Celta - Málaga
Sonido de viento en Balaídos
Celta - Málaga
La parroquia celeste volvió a salir cabizbaja de Balaídos, como tantas veces este año. El Celta solo suma 5 victorias en 2026 en casa, con dos derrotas y el empate ante el Málaga esta temporada. Eso sí, desde el principio el apoyo fue máximo, a pesar de la situación del equipo. Los muchachos de Claudio Giráldez necesitaban sentir cerca el aliento de la gente para recuperar su mejor versión. Y para más inri, antes de que el árbitro pitara el inicio del partido, Marián Mouriño y el alcalde de Vigo Abel Caballero fueron protagonistas en el césped.
El club y el Concello cerraron la concesión del estadio de Balaídos “para lo que quede de siglo”, afirmó el edil. Caballero dejó entrever también que el campo vigués va a albergar “muchas más cosas que fútbol” durante ese tiempo. Además, la presidenta celeste estaba “muy emocionada", ya que con esta concesión se imagina un Balaídos como “uno de los mejores estadios del mundo”. Marián asegura que “son 75 años porque la ley no permite más, si no serían 100”, confirmando la gran relación con la alcaldía.
Con el balón sobre el césped, y previa ovación sonora a Claudio Giráldez recibiendo el apoyo total de los 18.575 celtistas presentes, el inicio del equipo no fue demasiado animoso. Eso sí, con el gol de Jutglá, el coliseo olívico subió el rugido como la polvora y llevó en volandas al equipo para mejorar la imagen dada en los últimos encuentros como local. No obstante, el fuerte sol que asolaba el recinto y la ciudad no dejó disfrutar a todo el mundo por igual de esos minutos de buen juego. Al menos, tres personas fueron evacuadas por golpes de calor en la grada de Tribuna y mucha gente tiraba de lo que podía para protegerse. Gorras, aguas frías y hasta objetos de cualqueir índole haciendo la función de un abanico sin demasiado éxito.
Sin embargo, los sudores fríos llegaron alrededor del minuto 86. El empate del Málaga definió el partido que lleva viendo el aficionado celeste todo el año e históricamente desde la fundación del club en 1923. La igualada visitante devolvió el sonido de viento a Balaídos en forma de silbidos, aunque más que por el gol fue por la actitud del equipo, echándose atrás en los último 15 minutos y dándole el balón al equipo andaluz. Con el pitido final, una mezcla de pitidos opacada por aplausos inundó Balaídos, que vuelve a vivir un inicio de temporada agónico. No ve ganar a su equipo desde el 23 de mayo ante el Sevilla.
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