Silencio y ruido, acciones y reacciones

Celta-Union Saint Gilloise

El respeto y el aliento tomaron Balaídos en una velada atípica de Liga Europa

El resultado del encuentro no fue el esperado, sin embargo, el celtismo se volcó con su equipo y empujó con inistencia para poder asaltar la portería flamenca.
El resultado del encuentro no fue el esperado, sin embargo, el celtismo se volcó con su equipo y empujó con inistencia para poder asaltar la portería flamenca. | JV LANDÍN

Los estadios de fútbol no están concebidos para el silencio. Las cunas de júbilo o enfado con un colchón de césped no se entienden sin el ruido. Ayer, a pesar de lo que dicta la norma sagrada de los campos, esa de no dejar de alentar a tu club, Balaídos fue humano y supo introducir el respeto a los caídos dentro de su apoyo incondicional.

Tronó la “Oliveira dos Cen Anos” como acostumbra, con la fuerza de 19.661 personas convencidas de que a mayor grito, mejor resultado obtendrían a la hora y media. Le sucedió una de esas imágenes que ennoblecen a la pelota. Los 69 fallecidos en el accidente ferroviario en Urda y la muerte súbita de Jesús De Miguel, que el pasado 19 de octubre jugaba contra el filial céltico sobre ese césped, fueron por delante del ambiente. El himno de la Liga Europa no se reprodujo en señal de respeto, por orden de la UEFA, y el respetable, ayer más que nunca, decidió llenar ese silencio con un aplauso continuado inagotable.

De sonido de las palmas a la nada. A diferencia de otras ocasiones, el minuto de silencio por los setenta inocentes fallecidos no contó con la sintonía de “Negra Sombra”. Ni la respiración de los pájaros. Nada. Decibelios negativos. Solo se notaba el frío de la noche viguesa y a más de uno no se le erizó la piel por la temperatura. Era un municipal repleto y vaciado a la vez, por indescriptible que parezca.

Vueltos a la normalidad, el balón se puso en juego y el alarido proyectado por Marcador, al que se sumaron de buena gana Tribuna y Río, fue el termómetro de la plantilla durante todo el partido. Con el sonido habitual de los noventa minutos, la hinchada celeste supo entender muy bien el partido y encenderse cuando sus héroes de celeste les buscaban. Si se olía sangre o un ataque prometía, ahí iba el celtismo a jugar su partido. Pablo Durán brindó el único gol vigués de la noche e hizo creer y disfrutar a un público que no decayó con el empate flamenco.

Correspondida la herencia celtista de C. Tangana a su hijo en el descanso, Zeneli adelantó a los belgas y sobre la rabia que comía a los aficionados primaba el compromiso de luchar a gritos hasta el final. Partidarios y correctores de la Tercera Ley de Newton, reaccionaron con furia a la derrota del momento y accionaron la desafortunada tromba celeste sobre el arco de Hervé Koffi.

Sabores, aromas, tradiciones, sonidos e históricos

Es acercarse San Martiño y las calles de Galicia se llenan de locomotoras. Los aledaños de Balaídos, entre el frío que atizaba sobre Vigo, honraron una vez más al sentimiento de pertenencia. Manos gélidas al aroma del carbón a las que unas castañas dieron calor con el peaje de tiznado de los dedos. Un magosto diferente. Europeo.

La explanada de Marcador y Tribuna era el eje que articulaba la previa. Bajo los acordes del grupo baionés de música folclórica Abóbriga, con los que las “ondiñas vinieron y fueron” y “Carolina tenía un lagarto pintado sobre su saia”, los celtistas se conjuraron antes de la batalla. Al sonido de las gaitas, bombos y panderetas acudían los célticos, con los dedos manchados de negro, para amenizar la espera. Agoreros y optimistas intercambiaban pareceres, sin llegar a un punto común, como es costumbre, pero las raíces de plata les obligaban a estar orgullosamente allí.

Para placer visual, y en la veneración a los colores del Celta y de Galicia, la exposición fotográfica de Lucas Méndez con leyendas célticas de diferentes épocas estuvo a disposición del celtismo. Una colección cargada de fuerza y remarca la unión del talento gallego al club olívico. Desde el merlego Gelo Castiñeiras, al teixugo Manolo Rodríguez ilustraban las horas previas al duelo.

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