Si el equipo va a la contra, Balaídos se lanza al ataque

Balaídos registró la mejor entrada europea de la temporada sin incidentes y con la necesidad de compensar desde la grada el dominio del rival sobre el campo

Un total de 21.673 espectadores acudieron ayer al estadio de Balaídos y animaron al Celta durante los más de 97 minutos de juego, a pesar del dominio del Lyon sobre el terreno de juego.
Un total de 21.673 espectadores acudieron ayer al estadio de Balaídos y animaron al Celta durante los más de 97 minutos de juego, a pesar del dominio del Lyon sobre el terreno de juego. | Jorge Santomé

Las noches europeas es lo que tienen. Hinchan tanto el globo de la ilusión que cualquier cosa que no sea elevarse hasta la estratosfera sabe a poco. Y a Balaídos, como a su equipo, le tocó anoche un partido más de sufrir que de disfrutar. Más de tirar de oficial que de magia. No es el mejor escenario para elaborar un bello recuerdo. Sí para brotar el orgullo del esfuerzo, tanto dentro como fuera del campo.

La previa estuvo a la altura. Tan alto como los fuegos artificiales que volvieron a acompañar a la multitud celeste en los aledaños del estadio, que vivieron la ya habitual manifestación celestes y el esperado recibimiento al equipo. Las bengalas lucieron sus colores: azul obvio y rojo pasión. Si había que generar un ambiente especial por ser la cita europea, se hizo.

Mientras, las fuerzas del orden conducían al grueso de los 400 aficionados del Lyon a través de la ciudad a pie. Pasando por Plaza América para caminar hacia Castrelos y girar con el fin de entrar por la avenida de Citroën hacia su lugar en el campo: en Río Alto cerca de la inexistente grada de Gol. Desde allí presenciaron a los más de 21.000 celtistas en la mejor entrada de la temporada en el recinto municipal en Liga Europa, la tercera más alta de todo el curso sólo superada por las visitas liguera de Barcelona y Real Madrid.

La grada enseguida entendió cuál era anoche su papel: no exigir, apoyar. Porque el Lyon tiró de sus poderosas hechuras económicas para asumir el control del partido. Cierto que el equipo celeste ha aprendido esta temporada a estar replegado sin sufrir. Y no menos cierto que su afición ha aprendido también que, aunque ésta no sea la receta más apetitosa que llevarse a la boca, puede alimentar lo mismo. Si el equipo se ve obligado a jugar al contraataque, Balaídos juega al ataque.

El gol de Endrick no fue el final, ni siquiera el largo descuento; el final, en Lyon con 3.000 celtistas

El gol de Javi Rueda mantuvo el ánimo en lo alto, aunque ya con matices sobre la actuación arbitral del belga Erik Lambrechts. Y el gran golpe fue la expulsión de Borja Iglesias al inicio de la segunda parte. Si en el campo había uno menos, la grada tendría que llenar ese vacío.

Aguantaron jugadores y aficionados casi hasta el final, casi. Porque Endrick empató cerca del minuto 90. Y ése no fue el final, porque hubo que aguantar un descuentro demasiado largo. Pero, de nuevo, ése no fue el final. Ése será el del próximo jueves en Lyon. Con 3.000 celtistas empujando en tierras francesas.

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