Remontada para mirar hacia Europa

Mallorca (1-2) Celta

El Celta reaccionó tras el descanso en Palma para lograr su segunda victoria fuera y asentarse en la séptima plaza

Los jugadores del Celta celebran la victoria al final del encuentro de ayer en Palma de Mallorca.
Los jugadores del Celta celebran la victoria al final del encuentro de ayer en Palma de Mallorca. | Área11

El Celta sonríe porque es capaz de sobreponerse a cuando juega mal y de aprovechar cuando lo hace bien. Sonríe porque ya casi no ser acuerda de perder. Sonríe porque ya sabe ganar fuera. Sonríe porque acumula cinco remontadas esta temporada, con lo que suponen. Sonríe porque llega a los 43 puntos y la permanencia está hecha a falta de ocho jornadas. Sonríe porque es séptimo y Europa pasa a ser una posibilidad cierta. Sonríe.

En un partido, de entrada, más de responsabilidad individual que grupal, el roce no hace el cariño, precisamente. El Celta estaba dispuesto a sentirse incómodo en lo colectivo, pero quizás no tanto en lo particular de cada uno de los once jugadores elegidos por Claudio Giráldez para el arranque. Nada sorprendente. Pero la cuestión es que la victoria debería estar precedida de once pequeñas victorias porque así planteó el encuentro el Mallorca. Nada sorprendente.

En esa tesitura, los despistes se pagan caros. Porque no hay fluidez, sino juego trastabillado, por capítulos. Y hay que ganar cada uno para completar una historia. Pocas acciones hay en el fútbol en el que el peso de la responsabilidad individual sea mayor que en el balón parado. El Mallorca, es cierto, anotó la primera falta lateral de la que dispuso porque alguien perdió la marcha de Valjent, quien cabeceó con precisión un preciso centro de Darder. Pero esa posibilidad llegó porque el conjunto local había ajustado con tanta energía como lectura táctica la presión en la salida de balón celeste. Con especial atención a la banda izquierda celeste, donde se movían unos más agobiados que nunca Marcos Alonso y Óscar Mingueza. Con mención especial al betanceiro Dani Rodríguez en esa labor. De una arriesgada salida y un mal control vino una pérdida y la falta. No hubo fortuna; hubo planificación.

Con el juego abortado desde el origen, el Celta no encontraba el ritmo de circulación de balón. Repitió Giráldez la fórmula de dos bandas asimétricas, con Sergio Carreira de extremo por la derecha y Mingueza más retrasado. Una disposición similar a la de las últimas jornadas que Jagoba Arrasate pareció controlar desde lo táctico. Hubo apariciones del lateral vigués, pero menos; y hubo intentos de filtrar balones del catalán, pero menos y con destino mucho más incómodos. De ahí que Iago Aspas, que volvía al once, comenzase a descolgarse hasta el campo propio para poner criterio. Hasta Pablo Durán debía retrasarse con balón, sacrificándose sin balón en la marca de Mascarell para liberar de tales ocupaciones al capitán.

El partido se espesaba en el sumatorio de pequeñas acciones. Sobre todo porque ninguna era cerca de las porterías. El Celta acabó la primera parte con un solo disparo a portería, un pelotazo desviado de Iago Aspas desde fuera del área.

Antes Las Palmas, al Celta le ocurrió algo inhabitual: jugó mejor en la primera que en la segunda parte. Ayer, volvió a funcionar el vídeo del descanso. Porque el partido cambió de cara. Por fin apareció el plan que tenía el equipo desde el arranque, porque Giráldez no varió los nombres de la apuesta.

La receta, en este caso, fue insistir. Y confiar. Enviar a Carreira con más convencimiento hacia arriba. Y conseguir que las peleas individuales se tradujesen en un duelo entre dos equipos. No hay nada mejor en el fútbol para redireccionar tendencias que un gol. El Celta lo consiguió pronto. Se valió de una presión acertada y de una sucesión de buenas decisiones: el primer toque de Aspas para liberar hacia Pablo Durán; el control y la apertura del tomiñés hacia la posición de Alfon; y la resolución del albaceteño, al que la movida semana no ha privado de su gran momento de forma.

Paso adelante

El Mallorca se fue viniendo a menos. Ya en la primera parte había perdido por lesión a Muriqi y, tras encajar el gol, sucedió lo mismo con el mediocentro Morlanes. Dos pérdidas claves para el juego del conjunto isleño, al que pareció faltarle fuelle desde demasiado pronto. Colaboró a ello que el Celta ya pudo gestionar el balón con cierta comodidad, ya que a los locales se les olvidó moverse como un solo hombre.

Los célticos cada vez se acercaban más al área local con posibilidad de pensar. Refrescó las piernas y los cerebros de su ataque Giráldez, poniendo a Fer López por Aspas. Y el joven canterano empezó a aparecer entre líneas y a buscar protagonismo. Lo apreció rápido Mingueza. El Mallorca no lo apretó y el internacional español dibujó un pase hacia el desmarque de Fer López, quien estiró todo su corpachón para rematar y marcar.

Realmente, quedaba mucho tiempo. Casi un cuarto de partido. Pero el Mallorca se había desordenado. Su habitual pegamento interno se había diluido y el Celta pudo aumentar la cuenta. No lo hizo pero la renta fue suficiente para certificar la tercera victoria fuera de casa de la temporada e hilar ocho jornadas sin perder. El Celta sonríe.

Mallorca 1-2 Celta

Mallorca:

Greif; Pablo Maffeo, Valjent, Copete, Mojica; Manu Morlanes (Antonio Sánchez, min.58), Mascarell; Asano (Valery, min.58), Dani Rodríguez (Abdón Prats, min.74), Darder; Muriqi (Larin, min.37).

Celta:

Vicente Guaita; Sergio Carreira, Javi Rodríguez, Carl Starfelt, Marcos Alonso, Óscar Mingueza (Carlos Domínguez, min.92); Fran Beltrán, Ilaix Moriba; Iago Aspas (Fer López, min.63), Pablo Durán (Borja Iglesias, min.77), Alfon González (Williot Swedberg, min.77).

Goles:

1-0, min.16: Valjent; 1-1, min.52: Alfon; 1-2, min.71: Fer López.

Árbitro:

Ricardo de Burgos Bengoetxea. Amarillas a los locales Copete, Manu Morlanes y Javi Rodríguez.

Incidencias:

Son Moix. Buena entrada.

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