El recuerdo que quedará del Celta-Juventus no será el de una derrota
El Celta reencontró su versión más equilibrada desde el desorden ofensivo para plantar cara a la Juventus y acariciar una victoria que se tornó en tropiezo en el descuento
El Celta siente que debería haber puntuado ayer ante la Juventus. Hasta la Juventus lo siente. Pero el equipo italiano administró mucho mejor sus finalizaciones que un bloque celeste que se encontró incómodo apenas en fases sueltas del partido. Lo malo son los cero puntos. Y el buen juego desperdiciado. Porque los días especiales tienen las mismas horas que los normales. Tienen el mismo cielo, el mismo suelo y el mismo césped. Un mismo contexto puede englobar historias muy diferentes, convirtiendo jornadas en anodinas o en memorables. El Celta recibía a la Juventus por segunda vez en su historia en Balaídos. Pero no siempre lo que se supone que va a ser espectacular acaba siéndolo, igual que son mejores aquellas noches en las que no ibas a salir de casa pero sí. El celtismo quería un día para que recordasen, incluso, los desmemoriados.
Salió el Celta con el carruaje esperado en portería, defensa y centro del campo. Y arriba insistió en el meritorio Ferran Jutglá, acompañándolo de Swedberg y Hugo Álvarez. La idea principal era ser fiable sin balón y confuso para el rival con él, engañando siempre que fuese posible, incidiendo en la revolucionaria idea de que los dibujos tácticos se desdibujan, para bien, con los movimientos inteligentes de los futbolistas. Mientras, la Juventus jugó más a las certezas, ventaja de quien dispone de más potencial. Igualó el dibujo celeste para evitarse problemas en la presión y quiso el balón de partida, cuando se topó con la versión férrea celeste en bloque bajo. Por entonces, la única salida local era el hiperactivo Jutglá de espaldas y muy exigido. La presión alta juventina apareció más que la céltica, aunque ésta también existió. Era un juego de errores, de evitar pérdidas peligrosas. Hubo una por bando, desaprovechadas ambas.
Era cuestión de ajustarse. Pero en esta ocasión, con el matiz ofensivo celeste del desorden estudiado. Que quedó definido a la perfección por la acción del gol pasado el primer cuarto de hora. La jugada alegrará el alma de los tacticistas porque demuestra que lo pensado puede ser plasmado. Con balón, Hugo Álvarez no era extremo sino centrocampista, Javi Rueda no era carrilero sino extremo y Sergio Carreira tampoco era carrilero, sino interior. El ourensano corrió hacia dentro y encontró el cruce desde el otro lado del vigués, quien a su vez trazó el pase hacia el siempre receptivo Jutglá. El ariete logró abrir hacia Rueda y el centro de éste lo enfrió Swedberg hasta la llegada de Hugo para definir.
El gol dio poso al equipo vigués y lió la apuesta juventina. Spalletti buscaba la contundencia de Koopmeiners o Kalulu. Y siempre teniendo en mente los centímetros de Woltemade en ese mano a mano con Yoel Lago, que apenas perdió el duelo una vez en toda la primera parte. Pero un argumento explotable y el técnico rival decidió doblar la apuesta al regresar del descanso, ya abandonando el espejo táctico de los tres centrales para sacar partido a su superioridad física. Si había que buscar al espigado delantero alemán incluso de saque de banda, pues se hacía.
Había que frenar la embestida y lo fue logrando el Celta a base de parar el juego y de echarse hacia delante por su banda derecha. Parecía que había pasado el temporal cuando la Juventus encontró premio merced a un error propio. Porque Marcos Alonso, en su intento de control, le dejó el balón sencillo para el remate a Woltemade para empatar cerca de la hora de juego.
No desfalleció el equipo vigués pese a recibir un golpe inmerecido. La Juventus trató de encontrar la victoria pero se estiró en exceso, lo que detectó enseguida el Celta para encontrar huecos. Primero con el inefable Jutglá y después con Iago Aspas. Pero pecaron los célticos de no saber aprovechar sus momentos para acabar jugadas. Y de nuevo, cuando parecía el horizonte despejado hacia el empate, el equipo italiano mató de nuevo en un centro lateral, con Muani esta vez de ejecutor. No mereció el Celta tal castigo. Pero los días especiales no dejan de ser días normales: con su alegría y, sobre todo, con su afán.
Celta 1-2 Juventus
Celta:
Ionut Radu; Javi Rueda (Álvaro Núñez, min.84), Javi Rodríguez, Yoel Lago, Marcos Alonso, Sergio Carreira; Ilaix Moriba, Aleix Febas (Hugo Burcio, min.74); Hugo Álvarez (Hugo González, min.84), Ferran Jutglá (Iago Aspas, min.74), Williot Swedberg (Couhaib Driouech, min.61).
Juventus:
Guglielmo Vicario; Pierre Kalulu, Federico Gatti (Bremer, min.70), Lloyd Kelly (Jhon Lucumí, min.70); Weston McKennie, Pape Sarr, Teun Koopmeiners (Douglas Luiz, min.82), Andrea Cambiaso; Francisco Conceição (Nico González, min.64), Kerim Alajbegovic (Randal Kolo Muani, min.64) y Nick Woltemade.
Goles:
1-0, min.18: Hugo Álvarez; 1-1, min.58: Nick Woltemade; 1-2, min.90+2: Randal Kolo Muani.
Árbitro:
Sander van der Eijk (Países Bajos). Amarillas a Swedberg, Moriba, Kelly y Lucumí.
Una victoria en diez partidos esta temporada
Al Celta le está costando mucho en este arranque de temporada ganar. En sus diez primeros partidos del curso, sólo ha logrado imponerse al Racing de Santander por aquel 5-0 que pareció destapar el tarro de las esencias ofensivas de un equipo que no está viendo portería con facilidad, pese a que ayer estrenó tal casillero en la competición continental con el tanto de Hugo Álvarez.
Aparte de esa borrachera contra los santanderinos, los célticos sólo han marcado un gol a Osasuna, otro al Getafe, otro al Málga y el de anoche a la Juventus. Y esa escasez se mantuvo en esta cita europea pese a que el equipo, en muchos momentos de la segunda parte, recuperó la capacidad de jugar en campo rival y combinar. Pero le faltó la verticalidad que, tal vez, le habría dado el haber podido contar con alguno de los dos delanteros lesionados de última hora, Borja Iglesias y Pablo Durán. Sin ellos, Aspas tuvo que hacer de nueve y ya se sabe que no puede ser el padre y la madre a la vez.
La falta de triunfos no alarma tanto en el torneo local como en el europeo. Glasgow llama.
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