Profesionales del fútbol y las remontadas
El Celta Fortuna levantó dos goles de ventaja al Andorra y consiguió su primera victoria en el fútbol profesional
Aquellos que vieron al Celta Fortuna en Primera Federación no tuvieron ni la más mínima duda de lo que iba a pasar tras el doblete del Andorra. Subieron al fútbol profesional protagonizando remontadas de todos los colores la temporada pasada. Era cuestión de creer, solo eso. Jugadores, cuerpo técnico y grada no contemplaban otro escenario para el estreno en casa que no fuese acogerse a la épica celeste; y vaya forma de hacerlo. Primera victoria del segundo equipo en Segunda División, en el fútbol profesional.
Como si siguieran en plena goleada sobre el Ceuta los andorranos entraron al partido con el cuchillo entre los dientes, siempre fieles a su característico juego asfixiante. Los celestes, respaldados por el calor de su gente en las gradas, no renunciaban a su forma de ser, peor el ímpetu del Andorra les privaría del balón en los primeros compases del encuentro.
Las armas tricolors se concentraban en el flanco diestro, con el excéltico Thomas Carrique y Jordi Cano como implicados. El filial céltico, negado a dejarse dominar en su propia casa, aguantó los empellones del cuarto de hora inicial con verdadero oficio y paciencia. El Andorra no tuvo pegada en esos minutos y poco a poco el Celta Fortuna fue ganando metros de campo y fue bajando la ebullición rival.
La igualdad de las fuerzas y de los planteamientos de juego, ya que ambos pretendían someter a su adversario en campo ajeno, derivó en una guerra por imponerse en el centro del campo y poder jugar balones largos a la espalda. Hugo Burcio y Adrià Capdevila dieron un paso al frente y se impusieron con autoridad sobre Efe Akman y Hugo Solozábal, lo que propició que las llegadas empezasen a comenzar, todas ellas por jóvenes vestidos de celeste.
Ángel Arcos probó a Pau López en transición sin suerte para los vigueses y Bernard Somuah, con un saque en largo de Coke Carrillo, enmudeció a un Balaídos preparado para celebrar con un tiro seco que se estrelló en el poste izquierdo. Llegaban de esa forma al descanso, con un Celta Fortuna que había crecido durante la primera mitad y un Andorra que acabó agradeciendo el pitido del árbitro.
Como si de una réplica del primer tiempo se tratase, los visitantes saltaron explosivos al terreno de juego, con la buena suerte para ellos de ver el gol por aprtida doble. Hugo López, responsable de ambas dianas, se benefició de los errores de la zaga celeste en salida de balón. En la primera, luego de una cabalgada de Diego Alende que se estrelló en Anxo Rodríguez, el ‘29’ fue más rápido que los célticos y batió al meta local. La segunda, Moro Sidibé aprovechó una pérdida de Meixús en el área pequeña a pase de Coke Carrillo, para encarar y que López marcara a placer.
Lo normal, en muchos casos, sería que el filial céltico, con poco rodaje en la categoría, se dejase someter y sucumbiese a su rival. Dejarse comer por una complicada desventaja en el marcador. Se ve que no habían oído hablar del ‘rompehielos’ por el fútbol profesional. De forma instantánea al 0-2, Bernard Somuah, después de que Germain Milla superara a un rival y sirviera un cenro medido al segundo poste, culminó la jugada con un remate desde el segundo poste que invitó a creer al celtismo. Balaídos, concoedor de su rol, fue a por la remontada con la misma fijación que los jugadores y el cuerpo técnico; que realizó un cuádruple cambio a falta de media hora en una manifiesta declaración de intenciones.
Se crecía el Celta Fortuna con el calor de su gente y el Andorra optó por bajar revoluciones al partido y ahogar las pretensiones olívicas cn un fútbol ralentizado y marcado por las interrupciones. Julian Rijkhoff silenció el estadio a falta de un cuarto de hora con un remate en una segunda jugada de un córner. Segundos de resignación que, de forma iinesperada, se convirtieron en gasolina cuando el colegiado anuló el gol. Se avivaba el fuego en el feudo vigués y se pudo ver, como tantas veces en la temporada pasada, el tesón y la afouteza del segundo equipo. Álvaro Marín, a falta de tres minutos para el añadido, culminó una jugada idéntica al 1-2, con una nueva acción individual del carrilero camerunés. El filial conseguía el empate, un premio que ya no valía a los de Fredi Álvarez.
Apoyado en un largo tiempo de descuento, gestado en el tramo de interrupciones andorranas, el cuado vigués se volcó completamente para arrebatarle los tres puntos a un frente pirenaico que todavía estaba asimilando la ventaja perdida. Hugo Cuenca interceptó el rechace de un saque de esquina a favor y sirvió un centro al área pequeña que Quique Ribes cabeceó con el alma ante una zaga visitante sorprendida con la acción y que Álvaro Marín empujó desde la línea de gol. Deliraba Balaídos. La valiosa herencia de las remontadas en Primera Federación había ascendido con ellos para hacer frente a la división de plata.
Los hombres Carles Manso, obligados por la dura tarde vivida, fueron con todo los minutos que restaban de descuento. Con toda la línea adelantada Aldrine Kibet filtró un balón desde medio campo a la media luna a Andrés Antañón, quien selló el marcador final con un golpeo pegado al poste que se fue directo al fondo de las mallas.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último