Preparados para todo lo que venga

El Celta empató con el Nápoles en una prueba de alto nivel que demostró la madurez y buen estado de forma del grupo

El Celta cerró la pretemporada en Castel di Sangro y espera con ilusión el inicio liguero ante Osasuna.
El Celta cerró la pretemporada en Castel di Sangro y espera con ilusión el inicio liguero ante Osasuna. | RCCV

Las pretemporadas están ideadas por los cuerpos técnicos para que sus jugadores lleguen en las óptimas condiciones al inicio de liga. No se exigen las victorias, a diferencia del campeonato regular, se exige y se prueba la actitud de los integrantes de la plantilla. El choque vivido ayer ante el Nápoles es muy esperanzador y debería premiarse como es debido a los organizadores del verano céltico. Maduros, con personalidad y fidelidad al estilo de juego, conscientes de los momentos de dominio y sometimiento; así concluyó el Celta sus ensayos antes de la temporada. No fue un triunfo, pero los adeptos que se sienten en Balaídos el próximo domingo no tienen ninguna duda de que su equipo invita al optimismo.

Como auténticos miuras furiosos salieron los hombres de Massimiliano Allegri al terreno de juego; con una intensidad tremenda, un ritmo de balón muy acelerado y una presión férrea en campo rival. Ante ese arrollador comienzo napolitano, los celestes no supieron cómo reaccionar y durante gran parte del tramo inicial se vieron superados por los locales. En esos instantes de indudable dominio italiano se materializó el primer gol de la noche.

Los partenopeos emitieron un par de avisos por banda derecha, con un indetectable Alisson Santos que aprovechó la asimetría céltica y fue un dolor de muelas para Javi Rodríguez, y por el centro, con acciones de juego aéreo. Lobotka, a los diez minutos de juego e inmersos en ese control total de su escuadra, sirvió un balón parado al área pequeña y Di Lorenzo cabeceó al palo largo para romper el empate en Castel Di Sangro.

La ventaja en el luminoso calmó la efervescencia ítala y permitió al Celta respirar. La asimetría entre los costados célticos, muy habitual en el libreto de Giráldez, estaba creando desequilibrio ofensivo por la banda derecha, gracias a la libertad de movimiento que tenía Jones. Sin embargo, las mejores ocasiones con la llegada de la calma y el sosiego llegaron por la combinación de Álvaro Núñez y Hugo Álvarez. Disparos con más intención que atino entre palos. Al cierre del primer acto, Di Lorenzo estuvo muy cerca de anotar el segundo, después de que Zambo Anguissa se lucrase de la endeblez defensiva olívica. Su remate desde la media luna se estrelló en el larguero y todo quedó en un susto.

La vuelta de los vestuarios, a diferencia del tormentoso principio de encuentro, trajo consigo una caída de ritmo muy grande por ambos equipos. Se abría el partido ante el poco ritmo, pero motivado más por la capacidad de robo de ambos cuadros en el centro del campo que por el hambre y ansia de crear situaciones de ataque. Un contexto que, como pasó en Braga, estaba destinado a ir viendo como pasaba el segundo tiempo a cuenta gotas sin estímulos. Solo los errores groseros o los cambios de actitud podrían acabar con el tedio. Así fue.

Alex Meret salió con el balón jugado desde atrás y cedió su balón a Kevin De Bruyne. En una situación rara para el genial futbolista, el belga se durmió en la frontal del área y, en cuanto Jutglà olió sangre, fue a por él sin dudarlo. Robó el balón, encaró al arquero italiano, recortó y disparó a placer para devolver la equidad al marcador.

A falta de poco más de veinte minutos, el duelo entró en una fase muy peligrosa; a abrirse y que el Nápoles jugase sin complejos. Lejos de amedrentarse y dejarse llevar por la efervescencia de los campanos, los gallegos hicieron gala de su adultez y apostaron por mantener la posesión lo máximo posible, sin arriesgar innecesariamente, y que se jugase al tempo que ellos querían. Que convenía acelerar, Aspas lideraba los balones filtrados. Que convenía aguardar, Burcio -con una veteranía impropia para su edad- paraba el tiempo desde el pivote. Noa Lang, lo más elogiable de su equipo en el segundo tiempo, generó algunas oportunidades de mérito, pero sus bienintencionados centros agonizaban en las manos de Andrei Radu o Lorenzo Lucca no los transformaba.

No ganó el Celta, es cierto. Repitió errores del pasado como encajar en situaciones a balón parado y se vio superado en el primer cuarto de hora, también es verdad. Pero el triunfo no llega con el resultado. El éxito llega con la certeza de que el Celta llega en las mejores condiciones físicas, tácticas y mentales para afrontar un año, de nuevo, ilusionante.

Ficha Técnica

NÁPOLES 1

CELTA 1

Nápoles:

Milinkovic-Savic (Alex Meret, min.46); Giovanni Di Lorenzo, Rafa Marín (Marianucci, min.59; Garofalo, min.84), Amir Rrahmani, Matías Olivera (Leonardo Spinazzola, min.59); Zambo Anguissa (Antonio Vergara, min.46), Stanislav Lobotka (Billy Gilmour, min.59); Matteo Politano (Giovane Santana, min.59), Scott McTominay (Kevin De Bruyne, min.59), Alisson Santos (Noa Lang, min.59); Rasmus Hojlund (Lorenzo Lucca, min.59).

Celta:

Andrei Radu; Javi Rodríguez (Yoel Lago, min.46; Anxo Rodríguez, min.77), Carl Starfelt, Abdoulaye Faye (Marcos Alonso, min.64); Jones El-Abdellaoui (Javi Rueda, min.46), Hugo Burcio, Aleix Febas (Miguel Román, min.72), Álvaro Núñez (Sergio Carreira, min.77); Andrés Antañón (Hugo González, min.64), Ferrán Jutglà (Iago Aspas, min.72)y Hugo Álvarez (Williot Swedberg, min.72).

Goles:

1-0, min.10: Giovanni Di Lorenzo. 1-1, min.64: Ferrán Jutglà.

Amonestaciones:

Por el Nápoles fue amonestado Matías Olivera. Por el Celta fueron amonestados Carl Starfelt y Hugo Burcio.

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