La política de gestos del Celta llegó al Bernabéu
El Celta, bajo la presidencia de Carlos Mouriño, se ha ganado el respecto del fútbol español en el aspecto económico y tiene buenas relaciones con muchos de los clubes de su tamaño. Incluso, con alguno de los grandes. Todo cimentado en el trabajo temporada a temporada y salpicado de una política de gestos promovida desde el propio presidente que el pasado domingo vivió un nuevo capítulo con la ausencia del palco del Santiago Bernabéu.
El Celta había centrado el caso Bryan Bugarín, hasta la fecha, en el veto a la agencia de representación del joven jugador y, en otro gesto inesperado, en la figura de Denis Suárez, su propio jugador. Mouriño ha querido tomar de ejemplo este caso para iniciar una cruzada con serios agujeros. Y uno de ellos, quizás el más obvio, es que en esta historia nunca saliese a colación el club que finalmente se hizo con el futbolista, el Real Madrid. El máximo accionista se guardaba en la manga el gesto.
Hizo lo mismo en 2016 con el caso Anwar Mediero y el Barcelona. De nuevo, la llamada de atención dejando de acudir al palco. Y, en ese mismo sentido de ausencia, es repetitiva la del Celta en la inmensa mayoría de las reuniones de la Liga, costumbre rota el pasado mes por el acuerdo con el fondo CVC.
Y qué decir de la relación con el alcalde de Vigo, Abel Caballero. La silla vacía al lado del regidor se mantiene. Incluso, Mouriño negó a la presidenta de la Deputación, Carmela Silva, sentarse en dicho puesto. Quiere el asiento vacío. Es un gesto. Uno más.
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