Perseguir una esperanza que huye veloz

Friburgo 3-0 Celta

Los aficionados del Celta disfrutaron de la fiesta del campo pero sufrieron con su equipo

Los 800 seguidores del Celta que apoyaron a su equipo en la capital de la Selva Negra sufrieron, pero también trataron de ilusionarse pese a la dificultad tras lo sucedido ayer.
Los 800 seguidores del Celta que apoyaron a su equipo en la capital de la Selva Negra sufrieron, pero también trataron de ilusionarse pese a la dificultad tras lo sucedido ayer. | Jorge Santomé

La primera sensación al pisar la tribuna de prensa del Europa-Park es que uno jamás estuvo tan cerca del terreno de juego mientras hace su trabajo. No al menos en una competición de élite. Otro ejemplo más del exquisito cuidado que el Friburgo pone como club a los profesionales de la comunicación. Y si lo hace con ellos, qué no hará con los aficionados que hacen posible que este negocio siga adelante desde tiempos inmemoriales. Todo son facilidades para ellos. El desplazamiento es gratuito para todo aquel que tenga una entrada o un carné de socio y se incentiva el uso de la bicicleta informando por megafonía del número de asistentes en este vehículo. Dentro, se puede beber cerveza porque no tratan a adultos como niños. A cambio, su gente no deja de animar ni un minuto. Especialmente el fondo de la portería que atacó el Celta en la primera mitad, que desplegó un tifo espectacular, con cañones de confetti incluidos.

En la otra, la defendida por Radu en los primeros 45 minutos, estaban los 800 célticos, que respondieron con “Oliveira dos cen anos” al bonito himno local, cantado por todo el estadio con las bufandas al viento. Todo en un ambiente de cordialidad absoluta, impulsado por la responsable de dar las alineaciones por megafonía, que cantó la del Celta en un gallego perfecto. Un detalle de respeto que desató un aplauso de reconocimiento y satisfacción.

El Friburgo pone todas las facilidades para que un partido en su estadio sea un gran espectáculo

Otro ejemplo fue el minuto de silencio que se guardó por el fallecido seleccionador de Rumanía Mircea Lucescu, que el portero del Celta vivió con la emoción a flor de piel. A diferencia de lo que sucede muchas veces en el fútbol español, en Friburgo fue un minuto y fue de silencio. Emocionante.

Tras esa pausa, la ausencia de ruido se convirtió en un estado de ánimo. El que sufrieron los 800 celtistas situados en el córner, que poco tardaron en confirmar sus temores con el gol de Grifo.

Y aunque el corazón valiente siempre rebosa ilusión, fue difícil mantenerla más allá de la corta reacción celeste. Otro golpe directo a la línea de flotación anímica hizo tambalearse al Celta, pero no a su afición, que empezó a corear con fuerza el nombre del equipo de sus amores para tratar de levantar a los suyos.

Pero no hubo manera. Y eso que la segunda parte tuvo algún brote verde hasta el revés definitivo de Ginter. Aun así, los aficionados celestes se empeñaron en perseguir a la esperanza. El problema es que ella huye más rápido.

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