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"¿Cómo hablar? Si cada parte de mi mente es tuya", canta Amaral en una de esas baladas melódicas de tristeza y enamoramiento. “¿Cómo escribir? Si el rival marcó seis goles y ganó todos los conceptos del juego”, podría ser la variante futbolística del Celta ayer en Balaídos, que resultó una continuación de lo vivido hace una semana en la región de Brisgovia ante un Friburgo que no sé si decir que llegó “de casualidad”, como aquel romance sonoro. Lo cierto es que la victoria alemana no podría describirse como “poquito a poco”. Resultó absoluta, por 6-1.
La retórica futbolística, de aficionados y de mentalización versaba sobre la remontada, sobre el hacerlo, sobre el ambiente necesario para voltear el 3-0 de la ida. Claudio Giráldez optó por Mingueza por la izquierda para meterse por dentro, por el regreso de Rueda al Carril para situarlo algo y ofrecerle metros a Fer López en el carril central. Eran las intenciones para desestabilizar al equipo alemán, si es que eso es posible. Se podría soñar, decir que hubo una opción en los primeros diez minutos, en los que un medio regate del vigués lanzó la transición y habilitó a Jutglá en el área, pero sacó la puntera de Treu antes del remate. Podría comentarse eso porque, el resto, a partir de ahí, resultó un monólogo alemán ante la incapacidad céltica. Se chocaba una y otra vez contra un muro rojo que presionaba hasta la extenuación en campo contrario, que impedía cualquier salida limpia del balón. La segunda opción pasaba a ser enviar en largo, pero ahí ya no es que fuese superior, es que casi disfrutaban con ello Ginter y Lienhart. Borja Iglesias soñará con ellos en los próximos dos días de descanso porque resultaron su pesadilla. Y, después, está Manzambi, el centrocampista de 20 años y rastas, un aspecto de chiringuito playero, pero que aparece en todas las partes del campo para ganar balonces, de cabeza, por abajo, sacar el esférico desde atrás, presionar… Una bendición para su equipo, una tortura para el rival.
Así, en este contexto, con un Celta voluntarioso ante un oponente con oficio, que sabía morder y bajar el ritmo a partes iguales, llegó el final. Resultó pronto, rápido, pero muy doloroso. Asumir la realidad de la más que posible eliminación llegó en una falta botada en largo a la espalda entre Rueda y Javi Rodríguez. Entró por ahí el lateral Jordy Makengo, otro prodigio del rendimiento físico, para cabecear hacia atrás sobre la línea de fuera de juego. Sin caer, conectó el delantero Matanovic una volea desde más allá de la frontal que sacó las telarañas de la portería de Radu. Todavía no había tirado entre palos el Celta y ya perdía 0-1. Un resumen de ayer, de la eliminatoria y, por suerte, no es lo que se vivió en la temporada celeste que, pese a encontrarse en una particular nube negra, se puede considerar extraordinaria. De hecho, estar peleando por las semifinales de una competición continental ya es una enorme proeza. Aunque el resultado haya sido tan contrario, tan duro. ¿Cómo contarlo?
Quedaba mucho por jugarse porque iba media hora de partido y el global andaba ya por el 4-0. Ahora el milagro que se precisaba ya era mayúsculo, pero lo que llegó fue otro tanto en contra y, después, otro. Como el hombre que tropieza siempre en la misma piedra. Tras varias llegadas del Friburgo, porque atacaba más de lo que defendía, gracias a su superioridad, llegó un robo céltico y el intento de Fer López de salir con una acción individual desde el campo propio. Lienhart lo paró, cedió a Suzuki y, al coger con algo de desorden al Celta, llegó la transición veloz, con Beste cambiado de banda. Ganó línea de fondo y devolvió al japonés, que envió a la red. Transición de manual.
Cuatro cambios realizó Giráldez en el descanso. Apareció Iago Aspas, probablemente 45 minutos tarde. Salió con una marcha más la formación local hasta que Manzambi recogió un balón, se marchó de tres rivales con el esférico por encima de la línea de fondo y la acción remató con el segundo tanto de Suzuki tras un par de rechaces. Con los minutos, el Celta llegó más y, tras varias ocasiones claras, en la última acción marcó Swedberg.
Celta:
Radu; Javi Rodríguez, Lago (Carreira, descanso), Marcos Alonso; Rueda (Abdellaoui, descanso), Vecino (Hugo Álvarez, min.64), Moriba (Swedberg, descanso), Mingueza; Fer López, Jutglá; Borja Iglesias (Aspas, descanso).
Friburgo:
Atubolu; Treu, Ginter, Lienhart (Ogbus, min.72), Makengo; Eggestein, Manzambi (Hofler, min.72); Beste (Irie, min.84), Suzuki, Grifo (Scherhant, min.56); Matanovic (Holer, min.56).
Goles:
0-1, min.33: Matanovic; 0-2, min.39: Suzuki; 0 - 3, min.51: Suzuki; 1 - 3, min.91: Swedberg.
Árbitro:
Antony Taylor (ING). Amonestó a Moriba (min.45+1), Vecino (min.49), Aspas (min.50) y Álvarez (min.88) por parte del Celta. Y a Matanovic (min.45+1) y Ginter (min.57) en el Friburgo.
Incidencias:
Vuelta de los cuartos de final de Liga Europa. Balaídos, 21.955 personas.
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