Una pena porque así se las ponían a Felipe II

Atlético de Madrid (1-1) Celta

El Celta sólo sacó un empate del Metropolitano tras jugar con uno más hora y media y encajar un gol simplón

Publicado: 16 feb 2025 - 09:24 Actualizado: 16 feb 2025 - 16:55
Iago Aspas, que reapareció ayer tras cinco semanas de parón, fue el autor del gol céltico.
Iago Aspas, que reapareció ayer tras cinco semanas de parón, fue el autor del gol céltico. | EP

El Celta debió ganar ayer y empató. No es para tirarse de los pelos, pero sí para atusarlos con sensación de culpa. Una expulsión en el Atlético nada más empezar convirtió la victoria en obsesión. Giráldez empujó a base de cambios desde el banquillo, pero el triunfo se escapó de la manera más simple. Casi ñoña.  

Por si acaso te puede ese vicio tan común de sentir lástima de uno mismo. Por si la frase preferida para tus adentros es por qué a mí. Por si te embriaga la tendencia a llorar antes que a hacer. Por si ves todo negro simplemente porque cierras los ojos. Por eso, la vida a veces te hace un favor. Un detalle inesperado y no merecido que genera un brillo en tu mirada. Un recordatorio de que la esperanza se alimenta, no viene de serie. Una cartulina roja al rival en el minuto 4. Para que la alegría vaya por Barrios -con perdón-.

El Celta comenzó de cero. El Atlético algo por detrás. En lo numérico. En lo táctico, muy atrás. Por las circunstancias y porque sabe hacerlo. La expulsión dejaba claro a los dos equipos la apuesta. Los célticos querían dar continuidad al juego lo máximo posible; los colchoneros buscan la interrupción y las acciones sueltas. 

Pronto el encuentro se convirtió para los célticos en una búsqueda constante de huecos en el 5-3-1 defensivo de los locales. Que es bien sabido que manejan el funcionamiento colectivo ya no sólo como virtud, sino como razón de ser. Los automatismos son mandamientos. Las basculaciones son naturales, con sentido de teleraña. Y se hace complicado encontrar espacios entre rayas rojiblancas. 

De ahí que Claudio Giráldez pareciese en la banda el entrenador del equipo con uno menos y no con uno más. Porque veía a su equipo frenado cuando debería fluir. Y como el porriñés no es contemporizador ni en sus pensamientos, no esperó siquiera al descanso para realizar el primer cambio. Ayudó, además, un temerario codazo de Carlos Domínguez a Giuliano Simeone que el árbitro castigó sólo con amarilla. El central dejó su sitio a Óscar Mingueza, la ausencia sorpresiva en el once, que apareció en el campo para dar pases. Y empezó a hacerlo. Y logró que Fer López apareciese. Y el equipo comenzó a probar suerte disparando sobre la portería rival. Sin suerte y sin acierto. Pero Pablo Durán pudo marcar y por fin sí parecía que el rival sufría por tener un jugador menos.

Con todo, no le pareció suficiente la apuesta a Giráldez, que en el descanso gritó que sólo valía la victoria. Tal y como estaba planteado el partido, desnutrió su centro del campo, redujo su defensa y apostó todo arriba. Con Iker Losada y Fer López de interiores en un ambicioso 4-3-3 en el que Hugo Sotelo ejercía de mediocentro. Swedberg y Pablo Durán abiertos en bandas y Borja Iglesias de nueva referencia en el área.

Dio resultado en cuanto a tenencia de balón en los primeros minutos, pero sin que Oblak se pusiese mínimamente nervioso. Un giro de tuerca más cuando ya el Atlético hacía daño al ganar el balón en el centro del campo e inquietando en punta con la calidad de Griezmann y el arrojo de Simeone, tratando de convertir la fe del Metropolitano en algo palpable en lo futbolístico. Y ese giro de tuerca más fue la reaparición de Iago Aspas cinco semanas después. Y en un cotexto de partido en el que se le pedía ser más mediocentro que mediapunta.

Aparecieron los pases por dentro y Borja Iglesias ejercía de nueve inteligente. Un acierto que se vio recompensado con el penalti por un pisotón de Le Normand al delantero santiagués tras combinación del incansable Pablo Durán con Mingueza. Con Aspas en el campo, nadie dudó de que él lo tiraría. Y él no dudó. La apuesta por la victoria cobraba por fin sentido en el marcador. Aunque todavía faltaba casi media hora de juego.

Swedberg se agotó y Moriba salió al campo para tratar de dar cuerpo al centro del campo. Porque el Atlético no se iba a rendir y trataba de estar en campo rival. Lo que generó espacios que el Celta no supo traducir en el gol que cerrase el partido. Muchos centros de casi sin remate. Y tuvo ocasiones, la más clara un mal control de Mingueza en área rival que precedió a la variación total del ataque local: Correa, Sorloth y Gallagher.

En un partido en el que el Celta dio mil vueltas en busca de un camino, acabó perdiendo dos puntos de la forma más simple. Un largo balón de Giménez en salida hacia la presencia de Sorloth en ataque. Un balón frontal en el que el delantero le ganó el uno contra uno -con un jugador menos, con el marcador a favor- a Starfelt. Un empate demasiado simplón del que costó reponerse. Tanto que el equipo vigués sólo inquietó a partir de ahí casi sobre la bocina. Había sensación de culpa. Y aquella lástima de uno mismo no estaba muerta.

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