Oda a la verticalidad en el Celta
Espanyol-Celta
El equipo vigués, con Fer López como mediocentro, apostó por un juego de transición rápida
Cada versión del Celta es una experiencia, una vuelta de tuerca al dibujo, y Claudio Giráldez apostó ayer por situar a Fer López como mediocentro ante un equipo como el Espanyol que no se caracteriza por la elaboración en la medular. Así, ganaba creación y buscaba apretar alto a la formación catalana, que disfruta con el juego largo y la elaboración corta. Y también con anular al rival. Curioso que un técnico de tanto toque opte, a medida que evoluciona, por futbolistas que se alejan del perfil de pivote y lo cierto es que funcionó. En ataque.
Mucha carrera, control variable
La idea de tener a Fer pasaba por atacar vertical hacia la retaguardia del Espanyol. La elaboración era filtrar el esférico a Borja Iglesias, sus descargas y el pase profundo para desequilibrar a un equipo eficaz en el bloque bajo. La idea era que no lo pudiera formar, que no hubiera tiempo a las ayudas. Funcionó durante muchos momentos porque Romero sufrió al espacio y El Hilali estuvo perdido. Rompió Javi Rueda y Jutglá remató en el primer gol siempre partiendo de las descargas de Borja Iglesias, la mayoría buscando a Fer López o las conducciones de este.
Cuando no funcionó
El planteamento tenía su riesgo porque, en gran medida, despoblaba el centro del campo o podía situar en riesgo a Fer López en situaciones comprometidas de defensa. Cierto es que el Espanyol opta por los balones por los costados y los centros más que por el ataque central. Con apuros y un notable trabajo defensivo, el equipo vigués repelió todos los intentos locales, que no eran claros. El agujero apareció en la segunda mitad. Primero, con un balón largo mal defendido en el área y, después, con una pared tirada sobre la frontal para explotar la espalda de Javi Rodríguez y sin célticos para tapar el pase. El hueco.
Los cambios y Aspas
Entró Mingueza, entró Pablo Durán, entró Ilaix y el partido pasó al galope absoluto entre dos conjuntos que ya apostaban por ello y lo explotaron. Sólo que Claudio Giráldez tuvo que recurrir a Iago Aspas para dar sentido a toda esta velocidad y, ya con el marcador en contra, el moañés encontró el pase acertado en la verticalidad, el hueco en la precipitación. Y el Celta volvió a controlar el ritmo del partido, evitando las recuperaciones del Espanyol. Se echó en falta antes, pero resultó clave. Inteligencia en la velocidad.
La mencionada evolución
De regreso al comienzo, el Celta actual es realmente diferente al que comenzó con Claudio Giráldez porque el fútbol también es evolución. Es más vertical, más de contragolpe, más de contestación y menos de masticar el balón, aunque sin renunciar a ello. Se mantiene el intento de presión alta sobre la salida del esférico y apretar tras la pérdida. Diferente sí, pero no quiere decir mejor ni peor.
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