Maestría del umbral del dolor

El Celta se mantiene invulnerable ante un Rayo más que correcto y golpea con precisión para enlazar tres victorias

Ilaix Moriba, que repitió su habitual desplieque espacial, presiona al mediocentro del Rayo Gerard Gumbau.
Ilaix Moriba, que repitió su habitual desplieque espacial, presiona al mediocentro del Rayo Gerard Gumbau. | J.V.Landín

El Celta se crece. Porque está sabiendo jugar con el fútbol. De acompañarlo cuando no puede mandar y de domarlo a base de goles. Certero hasta el punto de aparentar afortunado. Seis jornadas seguidas sin perder, cinco de ellas con victoria. Ayer, un buen Rayo se ahogó en la ola celeste, la buena. Ahora, Europa y el Lille.

El umbral del dolor es tan personal como modificable. Sentir una agresión como dolorosa mientras no hay daño real es síntoma de incomodidad. La hipocondria futbolística es peligrosa y se puede trabajar psicológicamente; y en la del rival, contundentemente. El Celta vive un momento de fortaleza mental que le permite no sentir dolor cuando el de enfrente es mejor; cuando el balón es más ajeno que propio; cuando su mitad del campo es más pisada que la del contrincante; incluso, cuando el número de ocasiones y su calidad es claramente favorable al otro equipo. No hay dolor, se repite el equipo mientras sigue trabajando y esperando. No siente daño porque no lo está sufriendo. Y si no te dañan, siempre hay opción de que dañes tú. El umbral del dolor celeste es cada vez más alto. Ya no teme.

Las novedades en el once de Giráldez fueron, en esta ocasión, los Hugos: Sotelo para manejar el centro del campo y Álvarez para ejercer de atacante por la derecha. La línea de tres centrales y los dos carrileros son cada vez más inamovibles. Y arriba, los veteranos Iglesias y Aspas dejaron su sitio al mentado Hugo y a Pablo Durán, con el uno contra varios de Bryan Zaragoza por la izquierda. Esa consistencia de la línea de retaguardia simboliza la capacidad defensiva de nuevo cuño de la que hubo que hacer gala ya de entrada.

Porque el Rayo Vallecano es un señor equipo. Iñigo Pérez y Claudio Giráldez son dos representantes de una nueva generación de entrenadores del máximo nivel, con gusto por lo táctico y respeto por el talento. Los madrileños llegaban con bajas pero con un once funcionando al unísono, muestra de un trabajo perfeccionista en los entrenamientos. En especial, se denotó en la presión alta del rival, que maniató al conjunto celeste desde la salida. Como sucedió ante el Valencia, Starfelt se veía obligado a asumir el origen ante la disposición rayista. Y era complicado encontrar a Sotelo para que éste descubriese huecos, algo que sólo pudo hacer de forma intermitente en la primera mitad.

La variante táctica celeste para buscar soluciones partía, como tantas otras veces, de los carrileros y de las alturas de los mediocentros. Simplificando, los dos jugadores de banda se metían por dentro, con Mingueza más en la creación pero los dos con capacidad de pisar área rival. E Ilaix Moriba hacía su habitual despliegue físico para llegar a la presión casi en área rival y capitanear el bloque bajo cerca del área propia.

La cuestión es que quien creaba peligro era el Rayo. Radu emergió salvador en una internada definitiva de De Frutos. Mendy no acertó a golpear el balón en un barullo en el área celeste. Y Álvaro García se topó con el cuerpo de Marcos Alonso en una volea de gol. Se esperaba el descanso para que el bloque vigués pudiese recomponerse en lo táctico para mandar en el partido y, sobre todo, para llegar a las cercanías de Batalla. Pero no hizo falta porque la ola buena sigue siendo la celeste. Hugo Álvarez, que no encontró demasiado su sitio hasta entonces, bordeó el área vallecana con paciencia y desequilibrio. Tiró una pared con el ubicuo Moriba y después encontró el pase para la llegada táctica de Carreira. Batalla sólo pudo rozar su golpeo y no pudo evitar el gol.

El arranque de la segunda parte repitió el dominio del Rayo. Y la creación de peligro, con sendos remates de Pacha Espino -desviado- e Isi -detenido por Radu-. Pero la respuesta celeste, de nuevo, fue contundente. En una buena salida, Zaragoza pudo encarar a Pacha Espino en un uno contra uno dentro del área rival y su recorte provocó el intento del ayer la teral derecho vallecano de pararlo. El árbitro consideró que fue suficiente para señalar penalti y el malagueño, protagonista de la acción, se pidió el lanzamiento para convertirlo.

La oportunidad de reacción rayista debía llegar con los cambios, realizados por ambos técnicos sobre la hora de juego. Pero, una vez más, el bloque madrileño se dio de bruces con una pared: apenas tres minutos después, Mendy realizaba una entrada temeraria al recién entrado Swedberg que, vía vídeo arbitraje, supuso su expulsión. Y ahí sí que acabó el partido, aunque hubo tiempo hasta para anotar un tercer gol. Otra victoria indolora.

Celta 3-0 Rayo Vallecano

Celta:

Ionut Radu; Óscar Mingueza (Javi Rueda, min.70), Javi Rodríguez (Manu Fernández, min.70), Carl Starfelt (Hugo Burcio, min.81), Marcos Alonso, Sergio Carreira; Hugo Sotelo (Miguel Román, min.61), Ilaix Moriba; Hugo Álvarez (Williot Swedberg, min.61), Pablo Durán, Bryan Zaragoza.

Rayo Vallecano:

Batalla; Pacha Espino (Alemao, min.60), Lejeune, Mendy, Pep Chavarría; Gerard Gumbau (Nteka, min.60), Pedro Díaz; Carlos Martín (Vertrouwd, min.68), Isi Palazón (Fran Pérez, min.78), Álvaro García; Jorge de Frutos (Óscar Trejo, min.78).

Goles:

1-0, min.39: Sergio Carreira; 2-0, min.53: Bryan Zaragoza, de penalti; 3-0, min.78: Javi Rueda.

Árbitro:

Mateo Busquets. Amonestó a los locales Hugo Álvarez, Sotelo, Aspas y Mingueza; y a los visitantes Gumbau, Carlos Martín e Isi. Expulsó al vallecano Mendy con roja directa (min.66).

Incidencias:

Balaídos. 20.835 espectadores.

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