Y Krohn jugó hasta el final
La situación de Alfon, con salida del Celta segura en junio, no impide que mantenga protagonismo en la recta final
El caso Alfon González se ha destapado esta semana, a falta de nueve partidos para el final de la temporada y en el mejor momento, en cuanto a continuidad y rendimiento, del futbolista. Es un hecho que el albaceteño no seguirá la próxima temporada en el Celta tras haber llegado a un acuerdo, más generoso en lo económico, con el Sevilla. El futbolista, ya de 25 años, apuesta por dar un salto en su carrera de forma legítima. Igual que el club vigués conviene que es imposible que hubiese llegado a esas cantidades y que el de Alfon no era una de las prioridades a renovar antes del mes de enero.
Una situación futbolística normal. Y con numerosos precedentes que indican que no debe conllevar, necesariamente, la reducción de protagonismo del jugador en lo que resta de competición. Tal vez el caso más parecido al actual de Alfon sea el vivido en la temporada 2014/2015 con Michael Krohn Dehli, entre otras cosas porque el equipo de destino era el mismo, el Sevilla. En aquel caso, también se supo con antelación tanto que el danés no renovaría en Vigo, como era el deseo del club, como que se iría al conjunto sevillano. Incluso con un rocambolesco examen médico en Vigo.
Era el primer curso de Eduardo Berizzo en el banquillo celeste y el técnico argentino mantuvo la apuesta por el menudo centrocampista en el once titular de manera perenne en la recta final del curso, cuando el equipo peleaba por alcanzar una plaza continental a la que no llegó. El danés siguió cumpliendo de manera profesional sin un solo reproche posible hacia su dedicación. Y se fue.
Con todo, esta circunstancia sí influyó en el quehacer futuro del club con los jugadores que vivían su último año de contrato y no aceptaban renovar para irse libres. Los platos rotos los pagó Nemanja Radoja, que se pasó sin jugar toda la temporada 18/19 en el Celta. Un absurdo precisamente en una campaña en la que el conjunto vigués logró la salvación sobre la bocina.
Más cercano está el caso de Renato Tapia la pasada temporada. De nuevo un desencuentro para no renovar y la certeza de su salida, aunque sin destino definido. El peruano acabó jugando pese a que los problemas físicos lo lastraron. Y en varias fases, como en febrero, resultó clave. Porque no disponer de los recursos que uno tiene es absurdo en el deporte profesional.
Gabri, Larsen, Cabral, Rafinha…
Todos los equipos, en algún momento, tienen que poner su destino en manos de jugadores que no seguirán la siguiente temporada. El caso más obvio es el de los futbolistas cedidos desde otros clubes sin cláusula alguna que determine su continuidad. Sucedió, por poner un ejemplo de un jugador bien querido por la mayoría del celtismo, en los dos pasos de Rafinha Alcántara por Vigo. Y nadie puso en duda su entrega.
Otra situación con aspectos similares es la de los futbolistas sobre los que existe la certeza que van a ser traspasados el siguiente verano. En la recientísima historia celeste, hay dos ejemplos contundentes. En orden cronológico, hace dos temporadas era bien conocido que Gabri Veiga iba a dejar el club. Pese a todo y a la enorme tensión que se respiró en otra campaña con salvación en la última jornada, todo el mundo recuerda los dos goles del porriñés para la ulterior victoria ante el Barcelona. Sin ese factor especial de ser canterano, lo mismo pasó el pasado curso con Jorgen Strand Larsen. El noruego estaba en el escaparate y, pese a todo, jugó nueve de los diez partidos de final de temporada con Claudio Giráldez ya en el banquillo. Y el que se perdió fue por acumulación de cartulinas amarillas.
Gustavo Cabral en la 18/19, que acababa contrato, o incluso Denis Suárez en la 21-22, ya con el enfrentamiento con el club, son otros ejemplos de profesionalidad.
Iago Aspas y Roberto Lago justo tras el ascenso
Era aquella la primera temporada del Celta en Primera División tras un largo lustro en Segunda. El equipo parecía abocado al descenso en las últimas jornadas, pero la fe en la recta final y un calendario amable las dos últimas jornadas propiciaron una permanencia ajustada pero imprescindible. Y en aquel equipo de la temporada 12/13 había dos canteranos de referencia que, en los últimos meses, ya sabían que su futuro no pasaba por seguir en casa la siguiente campaña por distintas razones: Roberto Lago y Iago Aspas.
El vigués vivía su último año de contrato y desde el mercado invernal ya tenía claro que jugaría en el Getafe. Pese a todo, jugó 34 partidos, 32 en el once, entre ellos los dos últimos, dramáticos. Por su parte, Aspas era consciente de que iba a ser traspasado y el Liverpool era su opción. Jugó 34 encuentros, siempre titular, y de nuevo los dos decisivos incluidos.
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