Celta
El jugador de la calle
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Bernard Somuah es la última perla de la cantera del Celta, aunque, para ser precisos, es un jugador sin cantera. Su formación es inexistente hasta llegar al Asante Kotoko de su país a los 15 o 16 años. Se enroló en el mejor club de Ghana directamente desde los partidos de calle y valorado por uno de esos ojeadores o representantes del país africano en la búsqueda de perlas. Pese a ello, gustó al técnico del equipo ghanés y destacó lo suficiente para ser observado por la red de captación céltica todavía en edad juvenil aunque llegó para el filial. Lo siguieron en vídeo y Álex Otero, en directo. Confiaron en los detalles de talento. El inicio no resultó sencillo para el atacante en Vigo. Carecía de todo tipo de formación, pero evolucionó.
Yendo al detalle, un joven, de 18 años recién cumplidos se vio residiendo lejos de casa por primera vez, sin conocer el idioma y, una vez en el terreno de juego, sin tener idea de táctica o juego de equipo. Resulta que Bernard Somuah acudía a los entrenamientos y apenas sabía el lugar en el que situarse en el campo, carecía de movimientos básicos de la presión, de cómo tirar desmarques y tenía notables problemas para entender cualquier tipo de orden. A nivel futbolístico, su formación era la que puede tener un alevín o un infantil, pero sí que tenía dotes de talento. Unas carencias que se unieron a las dificultades de encontrarse casi en soledad en una ciudad europea, sin apenas poder comunicarse y, lo que averiguó poco a poco el Celta, una trayectoria educativa muy precaria. Un jugador salido de la calle en todos los aspectos. De hecho, hasta su físico era débil, algo realmente extraño.
El club vigués detectó la situación de Somuah a la que se unieron otros compañeros y la entidad entendió que al grupo de futbolistas africanos residentes en la cantera era preciso mimarlos hasta el punto de buscar una persona de enlace en el día a día. Encontraron a una familia de senegaleses en Redondela asentados en el área y, a través de ellos, el grupo de jóvenes encontró alguien que los pudiera entender personal y culturalmente. En el caso concreto de Somuah, optaron por enviarlo unos meses al equipo juvenil, con menos presión táctica y “con el objetivo de que pudiera volver a sonreír”, admitía ayer Marián Mouriño en una conversación informal con periodistas. Poco a poco, la receta surgió porque el deportista comenzó a funcionar mejor en el campo, evolucionó y también se encontró más cómodo en el entorno de la ciudad.
Dos años después de su llegada a Vigo, Somuah ya entrenó con el primer equipo y destaca cada día más con el Fortuna como goleador y futbolista de recursos con un físico imponente. En las últimas pruebas realizadas, los datos indicaban que llegaba a saltar 30 centímetros más que cualquier otro compañero de equipo. Un portento físico tras llegar también débil a Vigo, casi sin formar. En el día a día, el delantero reside en la residencia del Celta en A Sede junto a otros canteranos. Entrena de mañana y, de tarde, realiza actividades y acude a clases, un campo en el que también evoluciona. Y, sobre todo, desde hace varios meses, el delantero ghanés volvió a sonreír, algo que se nota en su juego.
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