Javi Rodríguez en los pasillos del Pizjuán

Sevilla 0-1 Celta

El canterano fluctuó el dibujo en la primera parte con sus movilidades en el carril del 8

El duelo del defensor pontevedrés con el local Peque fue intenso y repetido en el tiempo, sobre todo a lo largo de la primera mitad.
El duelo del defensor pontevedrés con el local Peque fue intenso y repetido en el tiempo, sobre todo a lo largo de la primera mitad. | Europa Press

Los dibujos fluctuantes de Claudio Giráldez siempre tienen un eje sobre el que girar. Y, normalmente, suelen llegar desde los carriles. En su día era Hugo Álvarez el que marcaba si la defensa era de tres o de cuatro. En ocasiones es el verso libre de Óscar Mingueza el que hace orbitar al Celta. Ayer, en el Sánchez Pizjuán, las mutaciones también llegaron desde un lado. Pero de una altura inferior. Porque las movilidades de Javi Rodríguez marcaron la pauta celeste ante el Sevilla. Tanto en defensa como en ataque.

Sin balón, el de Poio empezó con la clara premisa de no dejar respirar a Gerard Fernández ‘Peque’. Allí donde iba el atacante catalán, lo perseguía el canterano. A 80 metros si hacía falta. El ex del Racing de Santander era el jugador con más fútbol del once titular de Almeyda. Por eso, el pontevedrés lo desactivó.

Pero lo más interesante de la actuación de Rodríguez fueron las movilidades que desarrolló en ataque. A partir del minuto 20, dejó de ser central derecho para convertirse en el dueño del pasillo del 8. Dejando la amplitud para Jones El Abdellaoui, el canterano céltico se sumó a la ofensiva en ese carril interior en el que combinó, progresó y llegó. De hecho, tuvo un remate con la zurda tras una contra muy bien llevada por el equipo vigués. Le faltó un punto de finura, pero recordó a la frescura con la que emergió en el Fortuna primero y en el primer equipo después.

En la segunda mitad, el de Poio dejó de subir y adoptó un rol más tradicional de central derecho

La riqueza táctica de Claudio se amparó ayer en el mayúsculo entendimiento del juego que tiene Javi. No obstante, el paso por los vestuarios mudó el rol del canterano a uno de zaguero más tradicional. Incrustado en la línea de tres, ya no tuvo tantas incursiones ofensivas y se dedicó más a guardar la ropa. Además, no pudo fijar demasiado la marca porque Peque se fue al centro de salida. Después, Rubén Vargas duró apenas unos minutos en el césped y, finalmente, fue Juanlu el que acabó en esa zona. Un partido de lo más tranquilo, con susto final de Miguel Sierra sin consecuencias.

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