Glasgow y su esencia viguesa
Un ambiente que recuerda a Vigo en muchos aspectos y que ha contribuido a que el celtismo desplazado se sienta cómodo y acogido
Vigo es una ciudad difícil de emular. Sobre todo, por lo diferente que es y por la esencia que guarda en lo más profundo de su ser. Pero Glasgow, cuna y hogar durante unos días de numerosos vigueses, tiene algo especial. Un ambiente que recuerda a Vigo en muchos aspectos y que ha contribuido a que el celtismo desplazado se sienta cómodo y acogido.
Las diferencias son evidentes en sus calles. Glasgow destaca por sus edificios victorianos de piedra y sus construcciones históricas, mientras que Vigo tiene en las cuestas y las vistas a la ría algunas de sus señas de identidad. Las pendientes escocesas también recuerdan a las viguesas, aunque no siempre tienen su longitud ni su continuidad.
Ambas ciudades comparten, además, un clima atlántico marcado por la humedad, la lluvia y los cielos cambiantes. Y la ciudad británica tiene símbolos propios, como la estatua del duque de Wellington, frente a la Gallery of Modern Art, coronada por tres conos de tráfico. Una imagen tan peculiar y reconocible como puede ser el Sireno para Vigo.
Pero más allá de la arquitectura, el tiempo o las curiosidades, la cercanía de la gente también ayuda a acortar distancias. La amabilidad y la disposición a ayudar que encuentran muchos visitantes hacen que los aficionados celestes se sientan bien recibidos. Glasgow no es Vigo, ni necesita serlo, pero a miles de kilómetros de casa consigue que la ciudad olívica no parezca tan lejos.
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