Glasgow y su esencia viguesa

Un ambiente que recuerda a Vigo en muchos aspectos y que ha contribuido a que el celtismo desplazado se sienta cómodo y acogido

La estatua del duque de Wellington, en el centro de la ciudad, uno de los símbolos de la misma.
La estatua del duque de Wellington, en el centro de la ciudad, uno de los símbolos de la misma. | J.V. Landín

Vigo es una ciudad difícil de emular. Sobre todo, por lo diferente que es y por la esencia que guarda en lo más profundo de su ser. Pero Glasgow, cuna y hogar durante unos días de numerosos vigueses, tiene algo especial. Un ambiente que recuerda a Vigo en muchos aspectos y que ha contribuido a que el celtismo desplazado se sienta cómodo y acogido.

Las diferencias son evidentes en sus calles. Glasgow destaca por sus edificios victorianos de piedra y sus construcciones históricas, mientras que Vigo tiene en las cuestas y las vistas a la ría algunas de sus señas de identidad. Las pendientes escocesas también recuerdan a las viguesas, aunque no siempre tienen su longitud ni su continuidad.

Un Glasgow lluvioso, la nota predominante de la semana.
Un Glasgow lluvioso, la nota predominante de la semana. | J.V. Landín

Ambas ciudades comparten, además, un clima atlántico marcado por la humedad, la lluvia y los cielos cambiantes. Y la ciudad británica tiene símbolos propios, como la estatua del duque de Wellington, frente a la Gallery of Modern Art, coronada por tres conos de tráfico. Una imagen tan peculiar y reconocible como puede ser el Sireno para Vigo.

Pero más allá de la arquitectura, el tiempo o las curiosidades, la cercanía de la gente también ayuda a acortar distancias. La amabilidad y la disposición a ayudar que encuentran muchos visitantes hacen que los aficionados celestes se sientan bien recibidos. Glasgow no es Vigo, ni necesita serlo, pero a miles de kilómetros de casa consigue que la ciudad olívica no parezca tan lejos.

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