Friburgo, una ciudad de cuento donde el bullicio es tranquilidad
La capital de la Selva Negra combina dinamismo urbano y calma en un casco histórico de extraordinaria belleza
Parece mentira que pueda existir el ruido silencioso. Pero esa es una de las definiciones más acertadas que entraña Friburgo. Desde que se pone un pie en sus empedradas calles, con casas sacadas de un cuento de los hermanos Grimm, se percibe un dinamismo similar a cualquier urbe española, pero con un nivel de bullicio inferior. No se escucha nada en esa frenética actividad silenciosa.
Esto convierte en más placentero aún un paseo por su singular casco histórico. Su magnífica catedral gótica es el epicentro, pero a partir de ahí cualquier callejón encierra magia. El respeto por la uniformidad en la arquitectura tradicional de sus viviendas, todas de dos pisos -tres como mucho- es exquisito. El visitante parece estar en el decorado de época de una película.
El espíritu turístico de la urbe, el destino nacional favorito de los alemanes, no le resta encanto. Al contrario. Y si hay cansancio, las cervezas especiales que muchos de sus bares producen esperan bien frías para refrescar el gaznate.
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