En el fondo, Gol nunca se irá
Balaídos se despidió de la grada pero no de sus recuerdos
Balaídos se está acostumbrando a tener más centros de atención que el propio partido. El espectáculo. Pero no sólo el espectáculo. Porque ayer había que poner el corazón en el césped antes del pitido inicial. Y, cómo no, en la grada. En la de Gol, en concreto, que ayer se despidió con su último servicio al celtismo antes de ser derribada para terminar la reforma integral del estadio, que apenas ha durado nada.
La mole constructiva recibió durante el día la visita de unos cuantos nostálgicos, auspiciados por el club, pero en los minutos previos compartió protagonismo con Álex Lopez. El ferrolano pasó por Balaídos para recibir un merecido homenaje tras su reciente retirada del fútbol en activo. El excéltico fue aplaudido por la afición viguesa, que lo aprecia como sólo se aprecia a alguien de la familia. El abrazo que sobrevolaba el estadio se lo dio Sergio Álvarez, ahora consejero del club, otrora portero celeste y, más otrora, compañero de piso y de vida del homenajeado.
Tras ese primer aplauso, Álex se quedó en el escenario que tantas veces pisó como jugador para hacer entrega a Iago Aspas del premio Manuel de Castro. El moañés sigue siendo la referencia que ya era cuando el ferrolano compartía vestuario con él.
Quedaba después todo un partido para que Balaídos intentase estirar su idilio con los marcadores. El corazón ya estaba encedido, lo que permitió a la grada mantener la vivacidad pese a que el juego del equipo no era vibrante. Esta vez, le tocaría a la grada encender a los jugadores y no al revés. Costó lo suyo ver un gol. La grada homónima no lo vivió de cerca. Pero, en la distancia, celebró como la que más el triunfo. El último.
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