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La carrera de Ferran Jutglá no es un regalo, es un empeño. Obligado desde sus inicios a sobredemostrar que tenía el nivel no sólo para estar en el fútbol profesional, sino para hacer una buena carrera en él. No terminó de convencer a la cantera del Espanyol; tampoco a la del Valencia, con paso fugaz; ni a la del Barça, ya tras cocinarse en el Sant Andreu. Se fue a Bélgica para triunfar en el Brujas y el pasado verano fichó por el Celta para conseguirlo en la Liga. Y ahora, tras media temporada de trabajo sin fruto que culminó en una época difícil fuera del fútbol, cuando todo empieza a cuadrar, el destino hace que el equipo tire un partido en el que anotó dos goles y dio el pase del otro. Sin puntos.
En ocho días, el delantero ha solventado su problema con las porterías rivales anotando tantos goles como en el resto de la campaña. Tres partidos seguidos -Betis, Lyon y Alavés- dan cuenta del buen momento del ariete, que por fin es capaz de dotar de acierto a su empeño. Su primera parte de ayer es difícilmente mejorable: siendo el verso suelto para la defensa rival, marcó primero en un gesto de nueve de área; asistió después tras conducir rompiendo líneas; y marcó en jugada personal con recorte, fuerza y puntería, con ese deje de individualismo de los goleadores. Y estando muy activo en la presión alta, además. Todo bien.
Pero nada es fácil para Jutglá, que a partir de ese tercer tanto participó, sin quererlo, en el suicidio colectivo celeste. Que alcanzó tales metas que dejó en improductivos sus dos goles y su asistencia. Una actuación memorable, la tercera de su carrera en la máxima categoría con participación directa en tres goles, tras las logradas con el Brujas el pasado curso (Charleroi, 1 gol y 2 asistencias) y en el anterior (Eupen, 3 goles).
Al delantero celeste le queda, una vez más, el recurso de empeñarse. De momento, ya es el segundo máximo goleador de la temporada en el Celta con 8, por los 15 de Borja Iglesias y los 7 de Iago Aspas y Williot Swedberg.
Ferran Jutglá le daba vueltas a la cabeza tratando de entender cómo un partido cuesta abajo se había puesto tan cuesta arriba como para perderlo tras tener una renta a favor de tres goles. “La sensación es muy mala”, apuntaba nada más terminar el encuentro. Todavía intentando poner en orden lo sucedido para ser capaz de analizarlo con un mínimo de frialdad. “Yo no sé qué ha sucecido, ha pasado todo tan rápido… No hemos cortado su dinámica. No hemos sabido jugar el otro fútbol que ellos han sabido jugar cuando han estado por delante. Hemos dejado de jugar el balón…”, empezó a enumerar.
El ariete quiso hacer de tripas corazón y pensar en lo por venir y no en ese inminente pasado descorazonador. “Hay que aprender de esta segunda parte”, pidió. Pero enseguida volvieron los malos recuerdos cercanos e hizo un listado de cosas mal hechas: “Perder nuestra identidad, no seguir jugando al fútbol, no seguir intentando sacar el balón, no ser contundentes… No competir”. Y sin llegar a entender cómo el equipo se había mostrado tan inferior al rival tras el descanso: “Yo les deseo lo mejor al Alavés pero no hemos estado contundentes del todo”.
Cuando se le recuerdan sus dos goles, ni una sonrisa esboza Jutglá, que los quería traducidos a puntos. “Sí, dos goles, pero al final no sirven de nada. Estábamos 3-1, casi 3-0 al descanso. Estábamos con una sensación espectacular. Y se nos ha ido el partido y nos quedamos con cara de tontos”, resumió el bigoleador de ayer.
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