Explosión autocomplaciente

Celta 3-4 Alavés

El Celta se endiosó a base de goles y se estrelló con la realidad con la misma receta para caer y aprender ante el Alavés

Publicado: 23 mar 2026 - 08:34 Actualizado: 23 mar 2026 - 09:27
Iago Aspas, en la imagen perseguido por su ex compañero Jonny Castro Otto, salió en la recta final en busca de un gol del empate que no llegó.
Iago Aspas, en la imagen perseguido por su ex compañero Jonny Castro Otto, salió en la recta final en busca de un gol del empate que no llegó. | J.V. Landín

El Celta explotó de autocomplacencia. Osó creerse más de lo que es, que no es poco, y se estrelló. En un solo partido, pasó de sentirse imbatible a ser arrollado. De un 3-0 a un 3-4. Un aldabonazo de realidad, con el Alavés de ejecutante pero con el equipo vigués de actor principal. Para lo bueno y para lo malísimo.

Hay momentos en los que el aire entra y sale de los pulmones en perfecta armonía. Momentos en los que no te duele nada. Momentos en los que el horizonte no está lejano. Momentos en los que vivir es fácil. Momentos en los que la vida sale a acompañarte amoldándose a tu cuerpo y a tus gustos. Momentos mentirosos. Momentos irreales. Bellos engaños. Y su espejo. Momentos de betún. Momentos reales. Momentos pecaminosos. Momentos en los que la vida se pelea con tus hechuras físicas y mentales. Momentos en los que vivir es casposo. Momentos en los que el horizonte se aleja hasta hacerse invisible. Momentos en los que te duele todo. Momentos en los que respirar es casi un tormento. El Celta se paseó ayer por los extremos de la existencia futbolística, pasando de la felicidad máxima al desvarío. Todo dentro de un mismo partido. En cuestión de minutos.

Porque se debe empezar por contar que el Celta vivía ayer un partido plácido. Casi demasiado sencillo. Las ausencias no se sintieron y el equipo se insufló del ánimo que irradiaban la grada, el sol y Jutglá para completar un ejercicio de superioridad sobre el rival, un endeble Alavés, nunca visto esta temporada. Porque si el corsé con el que apareció en el campo no servía y permitía al contrincante vivir en campo ajeno, un giro de tuercas táctico destrabó las apretadas hebillas y dio lugar a minutos en los que todo fluyó a favor. Incluso lo que no debía por los condicionantes del partido.

En los minutos de cara a vista de la luna celeste, marcar se hizo fácil. Esta vez, el deseo siempre presente de Ferran Jutglá -ayer Blanch, su segundo apellido- se hizo cuerpo. Con el equipo ya recalculado en la salida, dando un giro: de Jones-Javi Rodríguez-Aidoo-Carlos Domínguez-Álvaro Núñez a Javi-Aidoo-Carlos-Núñez-Hugo Álvarez. Con Sotelo entendiendo el círculo virtuoso de la circulación. En menos de diez minutos, dos goles: Jutglá resolviendo rápido y bien en el área un pase de Javi Rodríguez; y Jutglá conduciendo tras un error clamoroso de colocación defensiva del Alavés en un saque de banda celeste y abriendo para la llegada totalmente solo de Hugo Álvarez.

El Alavés estaba roto. Incapaz de frenar el juego ligero celeste, remachado por el tercer gol de Jutglá. Esta vez, el Celta sí era capaz de aprovechar sus momentos de superioridad y trasladarlos al marcador. Era tal la superioridad que en el cielo no había ni nubes. Casi se podía sentir a los célticos volando.

El primer síntoma de que se avecinaba un accidente llegó en el descuento de la primera parte. Porque los vigueses se creían inmunes y permitieron que el Alavés comenzase a ensayar su receta de centros sobre el área en busca de sus dos nueves. Y en una de esas ocasiones, Toni Martínez marcó.

No hizo caso al aviso el Celta. Quique Sánchez Flores, técnico visitante, realizó cuatro cambios en el intermedio para revolucionar el partido. Y el equipo vigués se estrelló, se hizo añicos. Se sintió tan henchido de virtudes que explotó. En minutos horribles, desesperantes, impropios de este equipo. Marcó un gol el rival nada más volver y pudo hacer más. Muchos más. Todos los que quisiera porque los locales los regalaban. Sin explicarse por qué lo que antes era frialdad ahora se había convertido en temeridad.

Quiso frenar la tendencia suidida hedonista Claudio Giráldez, poniendo en el campo a Fer López y Sergio Carreira. Porque era obvio que si el Alavés se había lanzado a la piscina de la remontada tenía que tener peligro de salpicarse. Pero ni una gota, oye. Porque el Celta se había ido. A Lyon, a Friburgo, a la quinta plaza o a algún otro lugar. Se había ido. Esa capacidad de competir que tiene de serie se esfumó y se quedó como espectador de la remontada visitante, con el único paréntesis del gol anulado a Javi Rodríguez. Más allá de aciertos tácticos del rival, que los hubo, el partido se fue porque el equipo vigués se había ido antes. Empató Toni Martínez y remontó Rebbach. Hubo coraje final, alimentado por el mal cuerpo de sentirse pecador, y el Celta bien pudo empatar el encuentro en un cabezazo de Carlos Domínguez que pretendría ejemplificar la purgación colectiva en el canterano, errático antes en el segundo tanto del rival. Pero no hubo empate. Quizás mejor así. La letra con sangre entra. Tiene que doler.

Celta-Alavés (3-4)

Celta:

Ionut Radu; Jones El-Abdellaoui (Javi Rueda, min.68), Javi Rodríguez, Joseph Aidoo (Iago Aspas, min.81), Carlos Domínguez, Álvaro Núñez (Sergio Carreira, min.53); Hugo Sotelo, Óscar Mingueza (Fer López, min.53); Ferran Jutglá, Borja Iglesias (Pablo Durán, min.68), Hugo Álvarez.

Alavés:

Antonio Sivera; Jonny Otto, Tenaglia, Pacheco (Rebbach, min.46), Parada; Ángel Pérez, Blanco, Ibáñez (Guridi, min.46), Aleñá (Denis Suárez, min.46); Lucas Boyé (Diabate, min.46), Toni Martínez (Koski, min.94).

Goles:

1-0, min.19: Jutglá; 2-0, min.26: Hugo Álvarez; 3-0, min.36: Jutglá; 3-1, min.45+3: Toni Martínez; 3-2, min.50: Ángel Pérez; 3-3, min.73: Toni Martínez; 3-4, min.77: Rebbach.

Árbitro:

Miguel Sesma. Amonestó a los locales Javi Rodríguez y Fer López; y a los visitantes Pacheco y Denis Suárez.

Incidencias:

Estadio de Balaídos, con 20.260 espectadores en las gradas.

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