Europa se cobra facturas

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El Celta insiste en su fragilidad y le añade impotencia ofensiva para caer ante el Oviedo en un pésimo partido

Los jugadores del Celta, cariacontecidos al final del partido delante de la grada de Marcador, con Aspas a la cabeza.
Los jugadores del Celta, cariacontecidos al final del partido delante de la grada de Marcador, con Aspas a la cabeza. | JV LANDÍN

Europa se cobra facturas. Sobre todo cuando la fragilidad defensiva amenaza con convertirse en osteoporosis. El Celta fue ayer demasiado frágil atrás y demasiado inoperante arriba y cayó ante el Oviedo, colista hasta ayer mismo, con toda justicia. Y aumenta la mala racha como local a tres derrotas seguidas. Una torta a mano abierta.

Qué viene antes, el huevo de sentirse vulnerable o la gallina de serlo. Una temporada da para momentos en los que te sientes intocable y para otros en que cualquier cosa te daña. Hasta las caricias. Hasta los amagos. Si a un Celta reconstruido le añades ese miedo a cada acercamiento rival, te sale una primera parte en negativo, con más oscuros que claros pese a lo liviano de una alineación con Fer López a los mandos del centro del campo en ataque y con el jugador del filial Andrés Antañón formando con ímpetu en la línea más avanzada. Atrás, el menor intervencionismo posible, con Joseph Aidoo y Marcos Alonso repitiendo respecto al jueves pasado y con la única novedad de Álvaro Núñez.

Hizo ademán el equipo vigués de pegar primero. Se echó hacia delante intentando que el temor del colista fuese mayor que las dudas propias. Pero el Oviedo está curado de espanto; o muerto de espanto. Ya no tiene miedo, juega. Aceptó ese empuje celeste de entrada, con Antañón probando a Escandell, sin variar su plan de intentar robar algo y merodear rápido sobre el área de Ionut Radu. Con la fortuna de que la primera indecisión del Celta en el rechace, la aprovechó para adelantarse en el marcador. Los despejes se convierten en pases al rival. Golpeó Nacho Vidal y un rebote obligó al máximo a Radu, quien sacó el balón como pudo pero hacia donde merodeaba Reina. Empujar y gol.

En otro contexto de semana, el gol habría dolido menos. O, mejor dicho, habría supuesto menos dudas. Porque entonces, la posesión ya no era una apuesta, sino una obligación. Y la responsabilidad caía, principalmente, en la velocidad de una circulación previsible salvo cuando aparecía Marcos Alonso, pero demasiado lejos del área rival. Le dio para encontrar a Antañón en una buena diagonal hacia portería pero Escadell deshizo esa ocasión con una doble parada, la segunda al también canterano Fer López.

Quiso madurar el partido el bloque local, pero la tarde no tenía ritmo. Había que menearla y al Celta le faltó intención, de la mala, y precisión. Eran minutos en los que la remontada se sentía como un destino posible. No por argumentos presentes, sino por los pasados. Pero no era una cuestión de tiempo; era de ideas.

La ascendencia de los cambios de timón de Claudio Giráldez en los descansos siempre genera esperanza. Tal vez, también en sus jugadores, que dejaron pasar los minutos finales de la primera parte. Lo que aprovechó el Oviedo con finura de cirujano. Ilyas Chaira centró sobre un área, sobre el papel, bien ocupada por la defensa celeste. Pero la fragilidad era ayer osteoporosis. Fede Viñas hizo un gran movimiento y un mejor remate de nuevo y Joseph Aidoo no supo impedírselo ni adelantándose ni reaccionando. El balón evitó la estirada de Radu pegándose al palo. Las malas sensaciones ya eran malas realidades. La endeblez de los nueve goles encajados en tres partidos se extendía.

Mensaje no recibido

Quiso enviar un mensaje de reacción el banquillo celeste aportando a Iago Aspas e Ilaix Moriba, este último por un Matías Vecino fuera de ritmo. Pero la columna vertebral celeste seguía teniendo serios problemas para sostener el resto del cuerpo. Las extremidades funcionaban cada una a su parecer y no había un criterio único. Por eso el Oviedo, asentado en su 0-2, volvió a tener las ideas más claras e impidió cualquier halo de remontada desde el juego. Incluso pudo marcar antes de anotar el tercero, en otro centro lateral que denunció la poca fe celeste en la defensa y la inmensa fe de Fede Viñas en el ataque.

Restaba todavía más de media hora pero nunca fue un problema de tiempo. Ferran Jutglá, Óscar Mingueza y Borja Iglesias aparecieron para, al menos, lavar la cara. Hubo minutos de más posesión en campo rival pero, lamentablemente, aún con menos capacidad de llegada. Hubo que rumiar otra derrota liguera en Balaídos, la séptima de la temporada y la tercera consecutiva. No hay daño excesivo en la clasificación, porque se mantiene la sexta plaza con la quinta a tiro. Europa se cobra facturas en su propia competición y en Liga.

Celta-Oviedo (0-3)

Celta:

Ionut Radu; Javi Rueda, Álvaro Núñez (Óscar Mingueza, min.59), Joseph Aidoo, Marcos Alonso, Sergio Carreira; Matías Vecino (Ilaix Moriba, min.46), Fer López; Andrés Antañón (Iago Aspas, min.46), Pablo Durán (Borja Iglesias, min.59), Williot Swedberg (Ferran Jutglá, min.59).

Oviedo:

Aarón Escandell; Nacho Vidal, Bailly, Dani Calvo, Javi López; Thiago Cruz (Haissem Hassan, min.67), Sibo, Fonseca (Colombatto, min.75), Ilyas Chaira (Rahim, min.84); Alberto Reina (David Costas, min.75), Fede Viñas (Borbas, min.84).

Goles:

0-1, min.4: Reina; 0-2, min.44: Fede Viñas; 0-3, min.56: Fede Viñas.

Árbitro:

Miguel Ángel Ortiz. Amonestó con una cartulina amarilla al local Fer López y a los visitantes Fonseca y Rahim.

Incidencias:

Estadio Municipal de Balaídos, con 20.360 espectadores en las gradas.

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