España gana la posibilidad de mejorar
mundial 2026
Un gol de Baena, por un error de Muslera, significó la victoria ante una Uruguay sin alma y el pase como líder
Lo peor es que hay mucho que mejorar. Lo mejor es que habrá oportunidad de hacerlo en dieciseisavos. España ganó a una Uruguay que no es ni la sombra de sí misma con un gol afortunado y con un trabajo defensivo correcto. Sin menos y sin más. A diferencia de las otras grandes favoritas, el juego de la selección española ayer elevó a sus cuatro defensas y oscureció a sus delanteros.
No pretende Luis de la Fuente, seleccionador español, repartir minutos. La fase final de un torneo internacional no invita a realizar pruebas, sino a insistir en las fórmulas ya comprobadas a la espera de que cojan tanto poso como para convertir una apuesta en la apuesta. Tampoco Marcelo Bielsa renuncia a sí mismo y a ese condicionante físico, de hombre a hombre, tan marcado en su forma táctica de entender el fútbol. No era cuestión de sorprenderse, al parecer. Era cuestión de ser constante.
Nunca sorprende, por ejemplo, que España tenga más posesión. Ayer, de nuevo, fue una condición asumida por los dos equipos. La gestión de espacios reinaba en el partido. Uruguay los reducía al máximo en su mitad de terreno, convirtiendo el intento de trazar pases en una búsqueda infructuosa constante para los jugadores españoles. Con ese único casting puesto en marcha por De la Fuente en los tres partidos mundialistas con los interiores: Gavi, Fabián, Dani Olmo y, ayer, Mikel Merino.
Se embudó España en exceso, cayendo en la trampa de triangular por dentro, donde las piernas uruguayas se multiplicaban. Y sin presencia por bandas. Porque Lamine estaba hipervigilado por la derecha y la disposición táctica de base española autotapona la banda izquierda, al situar allí a un Baena que está lejos de ser un jugador de banda.
Como la selección española no era capaz de rondar el área de Muslera, Uruguay fue creciendo. Y encontró en su ataque por la derecha el mejor camino para su espídico, por decisión consciente, juego ofensivo.
En ese equilibrio, los errores rompen el guion. Los hubo en las dos defensas -incluso con un par de salidas erróneas de Unai Simón en el juego aéreo- en el intento de sacar al balón, pero desaprovechados. Hasta que el craso error fue de Muslera, desafortunado en la cita mundialista. Ocurrió que España, por una vez, encontró a uno de sus laterales corriendo por banda. Fue casi de rebote, en otro uno contra uno de Lamine ante Sanabria, ávido en la defensa sabiéndose respaldado por la línea de tres centrales uruguaya. Mikel Merino peleó en el suelo y halló la fe de Llorente corriendo por la derecha. El centro del colchonero encontró a su compañero Baena en el área, que armó rápido y hábilmente un disparo correcto que el fallo del guardameta charrúa convirtió en gol.
No estaban saliendo los planes al nivel deseado, pero el marcador favorecía. Por lo que impulsaba a los propios y por lo que hurgaba en la herida de una Uruguay sin confianza. Y, lo peor, sin demasiada calidad.
Pese a que su idea había triunfado más que la de España, Uruguay sintió que el marcador lo obligaba a cambiar. Y cambió. De entrada, a su portero, castigando a Musleta por su error. Y manteniendo la intensidad en el hombre a hombre pero estirándose sobre el campo. Ya no había refugio posible en la mitad propia sino que había que ir a campo abierto. Una apuesta que, en teoría, debería favorecer a España porque se abrían espacios que poder aprovechar hilando dos pases y encontrando la calidad individual de los atacantes.
Pero a España le faltó todo el partido claridad y a Uruguay, calidad. Quizás, lo mejor que tuvieron los hombres de Luis de la Fuente fue la serenidad y la certeza con la que se empleó la línea defensiva, que nunca fue superada en el cuerpo a cuerpo por los delanteros uruguayos.
Marcelo Bielsa fue echando a su equipo hacia delante desde los cambios y, finalmente, desde la variación de dibujo. Mientras España seguía fiel al dibujo inicial cambiando hombre por hombre. Pareció que la entrada de Olmo mejoraba la capacidad ofensiva española. Y lo hizo en ocasiones, pero a cuentagotas. Porque Lamine no estaba y el resto de delanteros no pasaban del color gris.
A base de patadas
De nuevo, la incapacidad de España para hacer daño animó a Uruguay. Sin precisión pero con desesperación. Lo que le vino bien a La Roja, al caer en la precipitación sus rivales una vez tras otra cada vez que se acercaban al área de Unai Simón. Incluso en el momento en que la lesión de Pino dejó al equipo con uno menos y provocó que se tuviese que encerrar en los últimos metros. No pasó nada. La victoria se cerró a base de patadas recibidas. Y con ella, la clasificación para diecieseisavos, donde el rival será o Austria o Argelia. A ver si con mejor juego. Porque la madrugada, pese a ser de fin de semana, se hizo cansina. Como tantas.
Uruguay-España (0-1)
Uruguay:
Muslera (Rochet, descanso); Varela, Cáceres, Sanabria (Rodríguez, min.70), Olivera; Valverde (Viñas, min.57), Ugarte (De la Cruz, min.45), Bentancur; Canobbio, Núñez y M.Araújo.
España:
Unai Simón; Llorente, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Pedri (Fabián, min.60); Lamine (Williams, min.76), Merino (Olmo, min.60), Baena (Yeremy, min.66); y Oyarzabal (Torres, min.76).
Gol:
0-1, min.42: Baena.
Árbitro:
Ismail Elfath (USA). Amonestó a Sanabria (min.54), Varela (min.58) y De la Cruz (min.93) por parte de Uruguay. Y a Baena (min.46) en España. Expulsó a Canobbio (min.95) por roja directa.
Incidencias:
Estadio Akron de Guadalajara (México).
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