Un equipo sin osadía

El equipo celeste gana en seriedad y solidez, pero pierde capacidad para sorprender; las irrupciones de Cáceres, Burcio y Hugo González apuntan a la necesidad de introducir novedades

Sebastián Cáceres debutó mostrando su virtud en el despeje aéreo y con más problemas a ras de suelo.
Sebastián Cáceres debutó mostrando su virtud en el despeje aéreo y con más problemas a ras de suelo. | J.V. Landín

Se echa de menos en el Celta la osadía del Málaga. Esa inconsciencia de defender una idea aunque te dañe; aunque, incluso, te mate. Porque el equipo celeste es estratega al máximo porque está obligado a serlo. Porque es cierto que no hay otra manera de que un conjunto con la calidad media del vigués encadene años tan brillantes que repartiendo responsabilidades entre todos los futbolistas y dándole vueltas de tuerca al estilo de juego hasta matizar tanto la idea inicial que los árboles no dejan ver el bosque. Es muy probable que no haya otra manera. Pero eso no quita echar de menos ese halo de fe que ahora empuja al bloque malacitano pese a que los resultados no le acompañen. El Celta se ha vuelto un equipo serio.

Sebastián Cáceres

Una muestra de esa necesidad de sumar efectivos es la titularidad ayer del último fichaje, Sebastián Cáceres. Su desajuste con balón -el Málaga lo flotaba en salida- también es un ejemplo de la falta de coordinación en los movimientos ofensivos del bloque celeste. El uruguayo fue ganando en tranquilidad, después de empezar mostrando que sí es capaz de rectificar errores con físico y entrega. Y, desde luego, que tiene la virtud de la defensa aérea en los balones largos del rival. Tras el gol celeste, se le vio hablando con Claudio Giráldez. Que él necesite ajustes es lógico. Lo es menos en otros casos.

Hugo Burcio

Esa sensación de equipo serio con las automatismos como fe principal se tiene que romper con novedades. La de Hugo Burcio es una muy aprovechable. El aún jugador del filial tuvo ayer los primeros minutos de la temporada. Le faltan cosas mirando hacia atrás, pero apenas ninguna mirando hacia delante. El Celta necesita savia nueva. Inconsciente, tal vez, pero nueva. Como antes lo había demostrado Hugo González, el más osado de los atacantes celestes.

Presión alta

Una característica propia de la seriedad es la solidez. El Celta, salvo ante el Athletic Club, lo está siendo. Ayer, lo fue. Y lo logró apostando por una presión alta que también practica el Málaga. Los ajustes celestes funcionaron y, por una vez, la sensación de agobio ante los del rival no fue tan exagerada. La estrategia de ambos de dejar venir para encontrar espacios era obvia. Pero al equipo vigués le empezaba a resultar mucho más rentable que sus ataques comenzasen con un robo, cuanto más alto mejor. Así llegó el gol.

Peligroso y asustado

Dijo Driouech a su llegada que era un jugador peligroso. El Celta, ahora mismo, no lo es. No genera esa sensación en el rival, aunque ayer sumase muchas más llegadas que otrora. La sensación que sí notó fue la del temor a otro mal resultado en casa. Ésa que le hizo recular al no encontrar más que un gol. Un equipo sin osadía.

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