Comida de domingo sin sal

Elche-Celta

El Celta empató sin goles ante el Elche en el Martínez Valero en una tarde de fútbol densa y sin muchos estímulos

El atacante celeste Pablo Durán encara a Matías Dituro en una acción del tomiñés que hubiera sido invalidada por fuera de juego.
El atacante celeste Pablo Durán encara a Matías Dituro en una acción del tomiñés que hubiera sido invalidada por fuera de juego. | Área 11

Muchas familias aguardan por la comida del domingo para juntarse y disfrutar de la compañía de sus seres queridos después de tiempo sin verse. El celtismo, tras estar tres semanas privados del fútbol de clubes, volvía a la mesa famélico y con ganas de disfrutar de un banquete. La ración de noventa minutos fue insípida, desabrida y sin sal; lo que no terminó de contentar a los comensales por mucho que volviesen a llenarse el buche.

Anselmi y Giráldez habían llegado a la conclusión, en las ruedas de prensa previas, de que ambos promulgan un fútbol similar, con la línea de presión adelantada y con la posesión como eje articulador de su fútbol. Tenían razón, aunque el menos acertado fuese el cuadro olívico. Los ilicitanos empezaron a teñir de franjiverde el balón y fueron poco a poco sometiendo al Celta en su propio campo. A pesar de defender un fútbol propositivo, el cuadro vigués no dio indicios de incomodidad y cambió su plan de partido a buscar la transición ofensiva y finalizar con rapidez.

El Elche gozaba del balón y sin mucha insistencia imponía un ritmo calmado del partido ante un Celta que se mantuvo con mucha firmeza en el bloque bajo. Rubén Sánchez, tras un error de Javi Galán en la salida de balón, golpeó sin mucha confianza desde el borde del área y con su pierna menos hábil estrelló el balón en la cruceta. Podría haber sido un punto de inflexión para que los locales insistiesen más o los visitantes empezasen a entrar en el partido, pero no fue así. La bola circulaba, cual partido de balonmano, de un costado ilicitano al otro sin la idea de finalizar; en un pabellón hubieran sido sancionados con juego pasivo.

No sin tiempo, y sustentado en el orden defensivo de la medular, con un conocimiento exhaustivo de los movimientos de Thomas Lemar, y la zaga, con un marcaje individual de Yoel Lago a Fer Niño, el Celta dio señales de actividad mediado el primer tiempo. El momento de dudas del cuadro de Anselmi fue visto por los hombres de Giráldez como el instante en que poder encerrar a su rival y empezar a controlar el partido desde el balón. Logró su cometido e, incluso, creó peligro por banda izquierda con Febas y Hugo Álvarez como protagonistas. No obstante, no tuvo mucha llegada con claridad a puerta, sí golpeos desde media distancia que no hicieron sobresaltarse al excéltico Dituro, y el Elche fue capaz de acabar la primera parte retomando el control del esférico. Eso sí, sin acierto de cara a puerta y sin intimidar en exceso a los defensores olívicos.

El descanso pareció sentar mejor al Celta que al Elche, ya que los vigueses mostraron un afán de mayor protagonismo y de buscar dominar desde la presión alta, como esperaba su entrenador desde el inicio del choque. La subida de marcha de los visitantes hizo mella en los locales, que respondieron a ese aumento del juego con una subida igual de la intensidad. Entre las muestras dadas por los celestes destacó la adaptación al 4-4-2 con Durán y Jutglà en el frente de ataque y Hugo Álvarez junto a Javi Rueda en los volantes.

Las pocas ocasiones, pese a verse una mayor insistencia y predisposición de ambos clubes en romper el soporífero empate, llegaron por pérdidas de los defensas de uno y otro conjunto. Fer Niño dispuso de un tiro desde la frontal, después de una triangulación por banda izquierda entre Víctor Chust y Thomas Lemar, que mandó al segundo anillo del Martínez Valero. Por su parte, Javi Galán se anticipó a una descarga de Rubén Sánchez en medio campo para filtrar un balón a Pablo Durán y que este afrontase el mano a mano sin acierto. Hubiera sido en vano, ya que la acción hubiese sido invalidada por fuera de juego del tomiñés.

Los estrategas buscaron la forma de revolucionar el partido con cambios, en su mayoría, ofensivos cuando restaban veinte minutos. La pausa por las sustituciones y el cansancio propio del choque volvieron a adormilar a los efectivos de Giráldez y dejaron a disposición del Elche la opción de zanjar el partido dejando los tres puntos en Elche. Casi con deportividad, los ilicitanos no dieron ese paso hacia delante, seguramente por el desgaste físico de la tarde, y regresaron a la circulación de banda a banda sin movimiento ni peligro.

Cuando los postres de la comida familiar tampoco sabían a nada, los cafés parecían tener dos azucarillos bajo la taza. Los dos equipos pudieron llevarse la victoria con dos acciones manifiestas de gol cuando el árbitro levantaba el cartelón del descuento. Primero, Couhaib Driouech, después de un mal control del bote del balón de los centrales, enfiló el mano a mano con Matías Dituro y mandó el balón rozando el poste derecho. Después, con una pérdida de Moriba en campo propio, Martín Neto apareció desde segunda línea, con la defensa celeste sorprendida por su presencia, y golpeó tan potente como centrado. Radu detuvo el disparo del portugués y dejó claro que lo que asomaba junto al café ni era azúcar, ni edulcorante ni nada capaz de alegrar el reencuentro del Celta con la Liga.

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