Dulce marabunta celeste rumbo a Europa
La Puerta del Atlántico se abrió para un festejo con más de 10.000 aficionados en Praza América en un acto que gobernó Cervi como maestro de ceremonias
Cualquier excusa es buena para una fiesta. Es así. Una celebración de lo que sea suma a propios a ajenos. Cuanto más una clasificación europea construida por un Celta lleno de propios, empezando por su entrenador y acabando por su capitán. Por eso, una marabunta de personas se congregaron ayer en Praza América para saltar, bailar, cantar y animar en las horas previas a la llegada de los futbolistas. Mucho más desde que los protagonistas pisaron el lugar al filo de las 20:00.
Poco antes, Sweet Caroline atronaba por la megafonía y brotaba de las gargantas de miles de aficionados. Niños, jóvenes, medianos y talluditos. Todos fundidos en una sola voz. La del celtismo. “Los buenos tiempos nunca parecieron tan buenos”, susurraba el viejo Neil Diamond entre cada ‘oh, oh, oh, oh’. Como si la nostalgia de un momento que ni siquiera había echado a andar se empezara a difuminar.
En ese instante llegó el autobús y los artistas comenzaron a subir a un escenario algo angosto para tanta gente. Por orden de dorsal fueron subiendo. Carreira recibió su “quédate” -igual que Mingueza y Borja Iglesias- justo antes de un Ilaix Moriba muy aclamado. “¡Fíchalo!”, le pedía la parroquia a la presidenta. Así hasta que Franco Cervi se adueñó de la fiesta. El argentino, con un escaso halo de voz ante previsibles horas de esfuerzos vocales, ejerció de maestro de ceremonias y recogió el testigo que John Guidetti y Theo Bongonda dejaron en aquel lejano y a la vez siempre presente 2017. Animó a todos los compañeros, inició cánticos diversos y presentó uno por uno al cuerpo técnico estirando las fuerzas que le quedaban, tal como hace en el campo. Inmediatamente después surgió Alfon, que provocó una mordaz reacción en las masas, que cantaron ‘sevillista el que no bote’. Todos siguieron desfilando bajo las órdenes de Cervi, que le cantó ‘golden boy’ a Fer López y un cariñoso ‘asesino, asesino’ a Yoel Lago, después de que un desatado Carlos Domínguez incendiase el escenario.
Por supuesto, el aplausómetro reventó cuando Iago Aspas subió en último lugar como capitán con la alegría discreta que da la madurez. Igual que Claudio, aclamado a rabiar cuando apareció poco después. “Un día soñé con ver Vigo así y con ver a un grupo de amigos clasificar al Celta para Europa. Y lo hicimos a nuestra manera. Nos podemos sentir muy orgullosos de ser de este equipo y de decir en voz alta que queremos al Celta”, subrayó con emoción y una bandera con el lema ‘Feito na Madroa’.
El turno de discursos continuó con los capitanes y con Aspas agradeciendo el apoyo. “Fixemos de Balaídos un fortín inexpugnable grazas a vós. É unha tempada da hostia”, proclamó el morracense, que fue objeto del agradecimiento de Marián Mouriño. “Antes era tu fan y ahora es un honor ser tu presidenta”, dijo la mandataria, que ayer recibió el “cumpleaños feliz” de la afición y un balón con dos velas formando un 50. La presidenta dio las gracias a Claudio en primera persona y, por supuesto, a la marea celeste. “¡Gracias por hacerme vivir el año más bonito de mi vida!”, expresó.
Así, poco a poco, la fiesta fue concluyendo con Oliveira dos cen anos como punto culminante, al alimón entre el equipo y afición justo después del reparto de balones, con Marcos Alonso especialmente enfocado en embocar alguno en los balcones aledaños. Lo consiguió justo con el que no tenía aficionados. De ahí, al último sha la la, con varios futbolistas del Fortuna disfrutando entre la gente. A no mucho tardar, les tocará a ellos estar arriba y disfrutar de esta dulce marabunta celeste, que el próximo curso viajará por Europa.
Manquillo no asistió al acto por un viaje programado
El único futbolista que no asistió al acto de celebración de ayer fue también el ausente habitual de las convocatorias desde el pasado mes de enero. Javier Manquillo no estuvo en Praza América ni en el Concello para festejar una clasificación para la Liga Europa a la que él también colaboró con 518 minutos en 10 partidos de Liga. El motivo esgrimido es que el defensor tenía un viaje programado que no se podía cambiar y ayer ya se quedó en Madrid. De este modo, su paso por la ciudad ha concluido.
Teniendo en cuenta que su contrato expira el próximo 30 de junio, la etapa de Manquillo en el Celta se da por teminada. Se va del club vigués con 22 partidos, 1.265 minutos y una asistencia en temporada y media, que en realidad es una porque estos últimos cinco meses los ha pasado en el dique seco tras un acto de indisciplina con el cuerpo técnico, que no se pudo reencauzar.
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