Doloroso por desconocido para el Celta

El equipo vigués perdió en superioridad numérica ante la Real Sociedad en un día sin eficacia en ataque y con regalos atrás

Iago Aspas, que salió en la segunda parte, cabizbajo mientras la Real celebra uno de sus goles.
Iago Aspas, que salió en la segunda parte, cabizbajo mientras la Real celebra uno de sus goles. | EP

Llegó el partido en el que todo lo que salía bien, no lo hizo. Llegó el duelo que había que ganar y se perdió. Llegó el encuentro en el que las circunstancias eran favorables y nos las aprovechó el Celta. Tardó en suceder, pero lo hizo. Lo relevante será no profundizar la heridas, aprender de los errores y retomar la confianza de la racha positiva en Primera que se vivía hasta ayer, el día que llegó una derrota bajo la lluvia donostiarra. Y, como consuelo, no muchos oponentes tendrán a Mikel Oyarzabal, ayer ejecutor absoluto del equipo céltico. El internacional puso sobre el césped todo el acierto que no tuvieron los pupilos de Claudio Giráldez.

La primera mitad comenzó tímida, con intención, pero pocas ocasiones. La Real Sociedad intentaba elaborar con criterio bajo el mando de Gorrotxategui, mientras que el Celta presionaba y buscaba transiciones más rápidas hacia las bandas, en las que Jones y Bryan Zaragoza intentaban desequilibrar en un día en el que el técnico de Atios optó por volar por los exteriores porque allí intuyó las ventajas. Todo ello en un aguacero constante que encharcó el césped de la Real Sociedad y que, con los minutos, condicionó el fútbol hasta recomendarlo más directo.

El primer golpe llegó pasado el cuarto de hora de partido cuando, en uno de los pocos errores en la salida, Ilaix Moriba se resbaló y su equipo perdió el balón en zona de peligro. Llegó el pase a Oyarzabal en la frontal. Sin demasiada oposición, el delantero armó la pierna y sacó un misil pegado a la base del poste. Entró hasta al fondo de la portería a velocidad endiablada, de forma que Radu ni se acercó en la estirada. Ejecución perfecta, defensa contemplativa.

Cambiaba el plan celeste, ayer pensado para hacer daño a campo abierto a una Real Sociedad con la idea de construir y no de destruir. Lo interpretó bien el equipo vigués, que sacó el balón, comenzó a elaborar y en los diez últimos minutos pareció entender que, una vez superada la primera presión local, el equipo vasco sufría en el bloque bajo. Llegaban centros, de producían disparos, opciones para encarar, pero siempre sin definición, sin encontrar la llave. Lo intentaba Bryan Zaragoza una y otra vez, pero fallaba algo en el pase, el último regate o el remate. Se cruzaba un defensa, no había rematador, el disparo iba fuera… Contexto de esperanza sin concretar hata el susto en una contra local, fabricada desde la salida del balón por Gorrotxategui, con Oyarzabal de pasador y Sucic de errático. No golpeó en el área.

Se adivinaba el descanso y, con él, los cambios de Claudio Giráldez, pero llegó la gran oportunidad para el Celta. Caleta-Car se lanzó al suelo ante Manu Fernández y, entre su fuerza y el agua, se llevó el balón y el tobillo del zaguero celeste. Amarilla en primera instancia, roja mediante videoarbitraje. A partir de ahí, el partido iba a ser un ataque constante celeste y una defensa extrema realista.

Ambos entrenadores lo entendieron y en el intermedio introdujeron los cambios, especialmente acertados para la escuadra local, que apostó por zaga de cinco futbolistas para tapar los extremos. En el Celta, Mingueza entró por Manu para introducir un pasador más en el campo y sí, a lo largo de viente minutos, el encuentro no tuvo otra película. Ataque constante céltico sobre el balcón del área local. Defensa heroica donostiarra, intentos continuos vigueses porque entraron Iago Aspas y Borja Iglesias con celeridad para intentar hacer la igualada. Lo cierto es que el equipo vigués atacó mucho por cantidad; no tanto, por calidad. No obstante, el golpeo constante terminó por derribar la defensa. Llegó en un disparo de Carreira que era mejorable, pero tocó en un defensor y salió despedido hacia la posición de Borja Iglesias, que recogió delante del portero y envió a la red. Un zaguero descolgado ayudó para evitar el fuera de juego.

Quedaba tiempo, mucho, suficiente para hacer el segundo ante un equipo tocado. Una situación favorable para el Celta del presente curso, que igual no es especialmente brillante, pero sí efectivo, que aprovecha cada reducto para sacar rendimiento. No sucedió ayer contra toda lógica, contra todo lo que hizo bien el equipo celeste esta campaña.

Poco después, cuando la Real Sociedad parecía muerta, llegó un mal pase entre Mingueza y Hugo Sotelo. Pérdida en el centro del campo y esférico en pies de Oyarzabal, que, en conducción sobre un terreno embarrado, demostró que nació en Eibar y que lleva toda la vida en campos húmedos. Condujo de campo a campo, sin que el propio Sotelo pudiera neutralizar los dos metros con los que comenzó la carrera y llegó a cerca de la frontal. No hubo falta, de forma inexplicable, ningún jugador celeste lo envió al suelo. En la zona caliente, Starfelt picó en el desmarque de Gorrotxategui, Marcos Alonso no llegó a encimar y salió el disparo. Al fondo de la red y, en esta ocasión, con Radu en la fotografía. A veces, para ganar, tiene que salir todo perfecto. Ayer hubo un error tras otro y un equipo en inferioridad, cuando estaba tumbado en la lona, metió un gol que debe y tiene que doler al Celta.

Quedaba un cuarto de hora, tiempo para volver a intentar remontar, pero no sucedió. El Celta perdió la ventaja del tiempo, ya había urgencia. El campo, si antes estaba pesado, ahora comenzaba a ser una laguna y la Real Sociedad tomó dos bocanadas de aire. La que da el gol y también sus últimos cambios, con la entrada de Pablo Marín y el mosense Brais Méndez, que incrementaron la presión y las opciones de contras.

El Celta buscó centros laterales, más hombres en el área, pases interiores. De todo un poco. Y casi siempre encontró respuesta en la zaga local y, cuando no, estaba Remiro con una pierna milagrosa ante Jones o con una salida por alto para sacar el balón de la cabeza de Borja Iglesias. Y, si no, era Hugo Álvarez el que remataba alto en el área. El Celta de los últimos dos meses -salvo la eliminación copera- rozó la perfección en el balance oportunidades-acierto. Ayer estuvo lejos en la eficiencia y sobraron los errores.

Real Sociedad 3 - Celta 1

Real Sociedad:

Remiro; Aranburu, Caleta-Car, Jon Martín, Aihen; Turrientes (Zubeldia, min. 46), Gorrotxategi, Sucic (Brais, min. 80); Guedes (Marín, min. 69), Barrenetxea (Odriozola, min. 46) y Oyarzabal (Òskarsson, min. 85).

Celta:

Radu; Carreira (Miguel Román, min. 76), Manu Fernández (Mingueza, min. 46), Starfelt, Marcos Alonso, Hugo Álvarez, Sotelo (Swedberg, min. 76), Moriba (Aspas, min. 56), Bryan Zaragoza, Durán (Borja Iglesias, min. 56), Jones.

Árbitro:

Alberola Rojas (Castilla-La Mancha). Expusó a Caleta-Car (min. 45). Amonestó a Sucic y Bryan Zaragoza.

Goles:

1-0, min. 16: Oyarzabal; 1-1, min. 72: Borja Iglesias; 2-1, min. 74: Oyarzabal; 3-1, min. 90+4: Brais, de penalti.

Incidencias:

Partido corespondiente a la vigésimo primera jornada. 29.678 espectadores en una lluviosa tarde-noche en el estadio de Anoeta.

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