Otra derrota, pero con alma
Real Madrid - Celta
El Real Madrid golpeó con su calidad individual a un Celta que resurgió con un 3-0 en contra para rozar la proeza
Vaya como vaya el partido, el Real Madrid siempre gana al Celta. Así ha sucedido en las once últimas ocasiones. El equipo blanco es el apagón celeste a nivel de resultado. Este domingo, la calidad individual madridista -de Courtois en portería y de Güler y Mbappé arriba- decidió. Sin ser atropellado, el conjunto vigués se puso tres goles abajo. Y, como tiene alma, asustó con dos goles. No fue suficiente. No pasa demasiado. Seguirá en puestos europeos a falta de cuatro jornadas. Y ya sin el Real Madrid de por medio.
Tiene este Celta ese deje de locura de ir a picar un iceberg con un palillo. Es la cualidad que le ha llevado a sacarse de encima las vestimentas de equipo que lucha por lo mínimo a los oropeles -los más baratos, pero oropeles- de Europa. Por eso, tiene siempre la onda lista para tumbar a gigantes. Aunque aún no lo haya conseguido. Aunque este domingo tampoco fuese el día. El Real Madrid es el apagón celeste a nivel de marcador. Siempre cumple con esa máxima de los grandes: juega como quieras que yo golpearé cuando quiera. La justicia no tiene rol alguno en el deporte de élite.
Con Fer López de controlador, Borja Iglesias de referencia, Alfon para los desmarques y Sotelo para diseñar pases, el Celta no salió contemplativo al Bernabéu. Si podía hacer daño, iba a hacer daño. Sí sorprendió cómo lo hizo de inicio, con un par de saques de esquina cabeceados por Marcos Alonso. El segundo de ellos descubriendo el enorme valor para el Real Madrid de tener a Courtois en la portería. El fútbol pasaba con los locales teniendo más el balón pero sin inquietar a Vicente Guaita salvo en algún centro lateral o, como en el otro área, con los córners.
El equipo pequeño persigue en los grandes escenarios la perfección. Cada borrón tiene un altísimo porcentaje de emborronar. Erró en la defensa de un saque de esquina el conjunto celeste, demasiado contemplativo en el balón en corto madridista sobre Arda Güler. El turco llega a la recta final de temporada como el madridista con más ganas. Y sacó a pasear un latigazo de zurda que supuso el primer tanto del mediodía en la capital. Justo acababa de pasar la media hora y el Celta ya estaba por detrás sin haber hecho más deméritos que el rival para ello. Nada nuevo.
Al equipo vigués le costaba estar en campo rival ante la presión alta del Real Madrid. Se empeñó en encontrar de espaldas a Borja Iglesias, que empezó a tener cara de embudo, incapaz de estar siempre donde sus compañeros le obligaban a estar. Los esperados desmarques de Alfon no estaban, ni la clarividencia de Fer López en esos espacios reducidos del centro del campo. La defensa de ciertas circunstancias de los blancos no pasaba por demasiados problemas. Y eso que Óscar Mingueza, desde la izquierda, salpicaba los minutos con acciones clarividentes. La habitual zona más endeble el entramado madridista por la naturaleza ofensiva de Lucas Vázquez.
Tampoco era un drama porque el Real Madrid no atropellaba. Ni mucho menos. Incluso estaba el Celta amenazando en el área blanca cuando le cayó un rayo encima: salida desde atrás del conjunto local y balón para que Mbappé corriese y, ya en el borde del área celeste, golpear con fiereza y marcar. En lo global, el equipo vigués no estaba superado por el rival; en acciones puntuales, se moría por la calidad individual de los locales, especialmente de los mentados Güler y Mbappé.
La sentencia, o casi
Los dos se encontraron nada más iniciarse la segunda parte. En concreto, el turco dibujó un pase en profundidad hacia la carrera del francés entre Yoel y Javi Rodríguez. Y el desenlace fue el esperado. El tercer gol madridista para dejar el partido ya decidido. Claudio Giráldez no había hecho cambios al descanso esperando que no sólo los goles acabasen por definir los encuentros. Pero no le quedó más remedio que moverse tras encajar el tercero para que el bloque no se le cayese. Salieron Moriba por Beltrán y Hugo Álvarez por Carreira. Y diez minutos después, tras pasar por minutos de desconcierto, salieron Pablo Durán y Swedberg.
Hacía falta una chispa que insuflase el alma del Celta, que seguía ahí, tras la negrura del apagón. Llegó en un saque de esquina con taconazo de Durán y gol de Javi Rodríguez. Y el fuego lo reavivó Iago Aspas. Salió en el minuto 74 y en el 75, se inventó un pase de genio hacia el desmarque de Swedberg, que batió a Courtois. El partido no estaba muerto. Iba a terminar con un intercambio de golpes. Pudieron empatar los célticos; pudieron rematar los madridistas. Ninguno lo hizo. Otra derrota ante el Real Madrid. Pero con alma.
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