Un derbi hacia la libertad

Hace 50 años, durante el entierro de Franco, el Celta visitó al Deportivo con unos jóvenes poco conscientes entonces de los primeros pasos rumbo a la democracia que se daban esos días

Waldo (1º i., ab.) y Manolo (1º d., arr.) formaron parte del once del derbi junto a Rivas, Villar, Navarro, Castro, Félix, Juan, Doblas, Fenoy y Del Cura.
Waldo (1º i., ab.) y Manolo (1º d., arr.) formaron parte del once del derbi junto a Rivas, Villar, Navarro, Castro, Félix, Juan, Doblas, Fenoy y Del Cura.

Con la perspectiva que da el tiempo, hace 50 años que España inició el camino hacia un país mejor. Hoy se puede debatir si es mejor o si es peor. Criticar, protestar, denunciar. Cualquier queja tiene cabida. Y qué bueno que sea así. Porque desde ese lapso de medio siglo hacia atrás, era imposible hacer esto en libertad. Ni eso, ni casi nada. Por ese motivo, el derbi de Segunda División que disputaron bajo un diluvio Deportivo y Celta tal día como hoy en 1975 fue el primero del camino hacia una democracia que cristalizaría en 1977. Un paso inicial, en un estadio de Riazor lleno de alegría, dos horas después del entierro del dictador.

Los jóvenes protagonistas de celeste que cayeron 2-0 (pero ascendieron a Primera a final de aquella temporada 75/76) no eran del todo conscientes del momento histórico. “Éramos unos chavales. No estábamos muy metidos en esas cosas”, reconoce Manolo Rodríguez, gran capitán del Celta y hasta hace apenas unas semanas, el futbolista que más veces vistió la camiseta celeste. “Esos días los vives con expectación porque piensas que acaba un régimen dictatorial y pasas a una democracia. Pero no tenías ni idea de lo que podía pasar en el futuro”, reconoce el morracense.

“He visto que hay chavales que dicen que se vivía mejor con Franco; eso no tiene ningún sentido” — Manolo Rodríguez - Defensa del Celta aquel día

El delantero centro de aquel domingo lluvioso fue Waldo Otero. El actual presidente del Gran Peña coincide con su compañero en la inconsciencia de la juventud. “En el campo no teníamos la sensación de que había muerto Franco”, recuerda un joven atacante que acababa de terminar la mili. “Tuve más impresión de que algo iba a cambiar con el atentado de Carrero Blanco, un par de años antes”, explica Otero, que recuerda al dedillo aquel encuentro. “El campo estaba petado. Había mucho ambiente”, destaca sobre un choque que estuvo a punto de no disputarse. Los tres días de luto oficial decayeron a las 15:00, menos de una hora después del entierro del dictador. A las 16:30, echó a rodar la pelota en Riazor. “Si la suspensión estuvo sobre la mesa, a nosotros no nos llegó. Fue una semana normal, dentro de lo que cabe”, rememora.

El partido transcurrió con un Celta superior en el primer tiempo, que reclamó un penalti no pitado a Doblas. En la segunda mitad llegaron los goles deportivistas y la derrota. “Me fui fastidiado porque perdimos”, destaca Waldo, con una memoria más afilada que Manolo, que no recuerda demasiado de aquel derbi. Jugar 533 choques de celeste es lo que tiene.

“La sensación de acoso la tuve en la Universidad; a veces entraba la policía y empezaba a dar palos” — Waldo Otero - Waldo Otero

Y aunque en aquel momento no fueron muy conscientes de lo que suponía el viaje que la sociedad española acababa de iniciar, el tiempo da perspectiva. “Cuando eres pequeño, no te das cuenta de muchas cosas, pero sí que recuerdo cómo se notaba el resentimiento que había de unos hacia otros”, explica Manolo sobre su infancia en la dictadura. “El tema de Franco nos daba igual porque nos dedicábamos a jugar”, reconoce Waldo, que más tarde sí percibió los vestigios de un régimen moribundo. “La sensación de acoso la sentí cuando estaba en la Universidad. A veces, entraba la Policía y empezaba a dar palos, así que había que escapar”, subraya.

De aquellos tiempos, el actual presidente del Gran Peña rescata a los protagonistas de la Transición. “El mérito estuvo en que nada más fallecer Franco, todos se pusieron de acuerdo. Carrillo y Fraga Iribarne, que eran opuestos, se entendieron. Ahora no lo hacen. Los políticos de ahora son muchísimo peores que los de aquella época”, reflexiona.

Para Manolo, los recuerdos del régimen van de la mano de su padre. “Era comunista acérrimo”, desvela. “Echaba humo por las orejas contra Franco”, rememora mientras ríe el gran capitán, que se emociona cuando visualiza los momentos duros que pasó de niño, comiendo “un trozo de pan o lo que se pudiera”. Pero más aún cuando piensa en sus mayores, el principio de la dictadura y la Guerra Civil. “Para ellos sí que fue intenso”, señala. Por eso, se muestra estupefacto ante los jóvenes que opinan que se vivía mejor en el franquismo. “No tiene mucho sentido que digan eso”, subraya. “El cambio es abismal. Todo ha mejorado una barbaridad”, añade Waldo. Y Manolo concluye: “No fue fácil, pero todo se abrió poco a poco. Seguro que ahora habrá gente que no lo esté pasando bien, pero en líneas generales estamos mejor. Y el ejemplo es que podemos hablar de estas cosas sin miedo a que nos pase nada”, remata el morracense, 50 años después de aquel primer derbi hacia la libertad.

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