La conexión del Friburgo con Galicia en el cambio de siglo

Roberto Canosa, hijo de un emigrante muxián en Basilea, militó en la cantera del próximo rival del Celta en la Liga Europa

Roberto Canosa, de niño (centro), observa a un compañero de equipo en el Concordia de Basilea que luego ganó 20 títulos de Grand Slam: se llama Roger Federer.
Roberto Canosa, de niño (centro), observa a un compañero de equipo en el Concordia de Basilea que luego ganó 20 títulos de Grand Slam: se llama Roger Federer. | Atlántico

El próximo jueves, el Friburgo se medirá al Celta por primera vez en su historia. Por extensión, también será su bautismo frente a un adversario gallego. Algo normal, teniendo en cuenta que en su historia en las competiciones continentales únicamente se midió a un equipo español: contra el Sevilla en la Liga Europa del curso 2013/14. Pero como las ramificaciones del fútbol son infinitas, el equipo de la capital de la Selva Negra conectó con la terra meiga cuando el tiempo cambió de siglo. Allá por finales de los 90, un descendiente de Breogán defendió el escudo del grifo. Además de verdad. Porque Roberto Canosa, hijo de un emigrante de Muxía a Basilea, formó parte de la cantera del Friburgo.

“Era una pasada jugar cada fin de semana contra equipos como el Bayern o el Eintracht de Frankfurt”

“Fue una experiencia magnífica”, recuerda el protagonista, amable y cercano desde que descuelga el teléfono en su ciudad natal. Allí nació, creció, vivió y vive. Allí llegó su padre, Manolo, desde su Costa da Morte, para propagar la cultura futbolística en la parte germanófona. “Soy medio gallego y medio manchego”, explica Roberto, orgulloso también del origen de su madre. En esa familia de emigrantes, el joven se enamoró del fútbol. “Llevo jugando desde los 4 años. Y aún sigo”, relata Canosa, que hoy tiene 43 y compite en el equipo de veteranos del CD Español de Basilea mientras se saca el carnet de entrenador. “Ya tengo el nivel de los pequeños y en octubre haré el segundo. Me está gustando”, incide.

Atrás quedaron años de fútbol, amargados por algunas lesiones, pero endulzados por las amistades que teje la pelota. Todo comenzó en su ciudad, en un club llamado Concordia en el que compartió vestuario con un tal Roger Federer. Hasta que el Friburgo apareció en su camino. Como en cualquier región transfronteriza, la línea que separa a Suiza y a Alemania solo existe en el mapa. Por eso, un Roberto ilusionado se enroló en un club de Bundesliga para jugar con sus juveniles. Diariamente, cubría los 70 kilómetros que separan a ambas ciudades. Obviamente, por partida doble. “Me levantaba a las 7:00 para ir al instituto y ya llevaba la bolsa del entrenamiento. Salía para coger el tren a las 16:00. Llegar, ir a entrenar y volver. Solía llegar a casa a la medianoche”, recuerda sobre una época en la que el club germano no contaba con una residencia para sus canteranos como la que sí tiene en la actualidad.

Cuando Roberto compartió vestuario con un tal Roger Federer

Cuando Roberto Canosa daba sus primeras patadas al balón en su Basilea natal, convivió en el vestuario con un niño un año mayor que él. Durante cuatro cursos, compartieron espacios en el Concordia, club de la ciudad. Aquel pequeño compaginaba el fútbol con el tenis. Cuando creció, tuvo que elegir y se quedó con la raqueta. “Se ve que acertó porque mal no le fue”, bromea Canosa. Y tanto. Aquel chaval terminó por ganar 20 títulos de Grand Slam en una carrera legendaria. Su nombre es Roger Federer. En la imagen que ilustra este artículo, aparece a la derecha estrechando la mano a una mujer en una entrega de premios mientras el pequeño Roberto lo observa. Las cosas de la vida.

“Era duro”, reconoce uno de tantos hijos de la emigración gallega a Suiza. No importaba. Roberto disfrutó muchísimo de sus vivencias en una estructura profesional, pero también muy cercana. “Me trataron fenomenal”, relata el exfutbolista, que atesora bonitos recuerdos. “Era una pasada jugar cada fin de semana contra equipos como el Bayern de Múnich o el Eintracht de Frankfurt. Nos enfrentamos a todos los grandes de Alemania”, rememora sobre unos tiempos en los que también compitió en distintos torneos internacionales. “Jugamos contra el Real Madrid de Aganzo en Holanda”, apunta sobre un equipo juvenil blanco en el que también estaba el ex de Celta y Coruxo Rubén González Rocha.

Pero, como los amores de verano, aquella etapa también terminó. “Llegó un momento en el que tuve que elegir. Ellos querían que me quedara, pero se me hacía duro ir de arriba para abajo todos los días”, señala Roberto, que se enroló en el Basilea sub-21, en el que coincidió con Gokhan Inler, luego capitán de la selección suiza. Después vinieron años de fútbol y de recuerdos, pero aquella conexión que el Friburgo tuvo con Galicia en el cambio de siglo quedará para siempre en su memoria.

Un gran crecimiento gracias a la cantera y a un técnico mítico

Desde los albores del siglo XXI, en los que Roberto Canosa militó en su cantera, hasta hoy, el Friburgo ha vivido un crecimiento exponencial. Por aquel entonces, el equipo de Brisgovia ya estaba en la Bundesliga, categoría que históricamente alternó con la segunda división alemana. Esas subidas y bajadas se han reducido a la mínima expresión en la actual centuria y eso va íntimamente ligado a una apuesta rotunda por la cantera.

El exfutbolista suizo con orígenes en Muxía no pudo gozar de una inversión en la base que ha convertido al Friburgo en un sólido inquilino de la zona noble de la liga germana. De hecho, solo fue una vez a Europa en el siglo XX -además en el año 95-. Con la actual, suma siete participaciones en lo que va del XXI. Todo llegó a partir de la creación de una academia con residencia para que sus jóvenes puedan vivir, entrenar y estudiar al amparo del club. “Fue el punto de inflexión porque a partir de ahí, cambiaron mucho las cosas", apunta. "Yo no pude disfrutar de todo eso”, recuerda con un punto de nostalgia Roberto, que acabó “muy quemado” de los 140 kilómetros diarios en tren desde Basilea.

“La creación de la academia fue un punto de inflexión; a partir de ahí, las cosas cambiaron mucho”

Casos como el de Canosa llevaron a entender a la directiva del Friburgo que, a falta de músculo financiero, la única manera de competir con la élite en Alemania era desarrollar una estructura de base potente. Un cuarto de siglo después, la apuesta se mantiene porque el éxito la refuerza. El equipo alemán es el tercero de las cinco grandes ligas con más porcentaje de minutos jugados por sus canteranos (36.5%) tras el Athletic Club (49.6%) y la Real Sociedad (43.3%). El Celta es el quinto de la lista (28.4%). Esta tendencia es la habitual en los últimos años.

Toda esta hoja de ruta estuvo guiada por Christian Streich en el primer equipo desde 2011 a 2024, cuando se jubiló. Antes, entrenó al juvenil. También a Roberto. “Cuando lo vi llegar dije: 'madre mía”, rememora Canosa, feliz de que su técnico se haya convertido en un tótem de la entidad. Una filosofía de club muy similar a la del Celta y una dilatada trayectoria de un preparador que, quién sabe, quizás pueda replicar Claudio Giráldez.

Contenido patrocinado

stats