Ser competitivo no es una renuncia
El Celta más fiable de la temporada se impuso con justicia en Vitoria gracias a un tanto de penalti de Iago Aspas
A ver si va a ser cierto que el Celta, por extraño que parezca, va a ser un equipo capaz de controlar los partidos que domina y los que no. A ver si va a ser posible que se sienta cómodo con balón y sin él. A ver si no es una entelequia que se afronte los contextos que favorecen como los que no. A ver si aquello de ser competitivo no es una renuncia sino una conquista. A ver si la separación de poderes sí existe. Los marcadores siempre ejercen de poder judicial, cuando antes se quedaban escasos con los empates y ahora se muestran generosos con las victorias. Porque el poder ejecutivo siempre mantuvo su gobierno y ha recibido su premio. Tras ganar ayer al Alavés a domicilio merced a un penalti provocado y anotado por Iago Aspas, el bloque vigués se siente tranquilo en lo clasificatorio y eso le permite hacer primeras partes como la del Barcelona o segundas partes como la de ayer en Mendizorrotza. De conjunto europeo. De grupo bien avenido y bien administrado. Con cabezas, corazones y piernas ejecutantes impulsadas por una mente pensante, la de Claudio Giráldez.
Precisamente fue el de ayer, sobre todo en su arranque, un partido traducido al campo desde las mentes de dos entrenadores. Giráldez y el ex céltico Eduardo Coudet sabían lo que querían que no hiciese el rival y lo consiguieron. Pese a la ausencia prácticamente total disparos a portería en los primeros 45 minutos -uno por bando-, no es que no pasase nada. Es que pasaban demasiadas cosas. Eso sí, a nivel defensivo. Lo que tampoco quiere decir que no se pisasen las mitades de campo del rival, sino todo lo contrario: la presión alta y tras pérdida reinaba. Y como los dos equipos sabían fehacientemente que iba a suceder lo que sucedía, todos los futbolistas tenían interiorizado la necesidad de tocar rápido. Lo que a su vez generó más imprecisiones que precisiones. Los partidos que habían imaginado los dos entrenadores se plasmaban, pero sólo en una primera fase.
En el cuadro celeste, Giráldez, fiel a sí mismo, sorprendió con la elección del once. Iago Aspas, ausente siempre en los duelos previos a Europa, apareció. Borja Iglesias, siempre presente, desapareció. Javi Rueda, baja por lesión desde hace un mes, reapareció. Y Beltrán y Moriba se juntaron en el centro por cuarta vez este curso para intentar contrarrestar el juego por dentro del Alavés. Un equipo vitoriano en el que son clave los tres ex célticos: Jonny es muchísimo más que un lateral, es un jugador más que capaz en la salida de balón con pase o con conducción; Denis Suárez, aunque sin lograr ser brillante ayer, es quien marca el ritmo del ataque vitoriano; y Lucas Boyé, junto a Toni Martínez, conforman sendos gigantes inteligentes que convierten en arte el juego con el cuerpo -aunque ambos se verían superados en esta labor por los excepcionales minutos del céltico Borja Iglesias en la segunda parte-.
Lo mejor para el Celta es que mostró hechuras de equipo que sabe sentirse incómodo. Y el descanso era el turno de Giráldez para desequilibrar el equilibrio. Matizando lo ya ajustado para poder desajustar al Alavés. La entrada celeste fue otra por su capacidad para acercarse al área rival. En menos de cinco minutos, Sivera tuvo que intervenir en dos ocasiones, una a disparo de Ilaix y otra en una acción de contra con Pablo Durán de rematador. Por primera vez en el encuentro, el equipo vigués era capaz de tener balón en campo rival. Era cuestión de aprovecharlo. Lo hizo porque Iago Aspas puso el colofón a otra buena jugada. Parecía que el pase hacia el moañés se iba largo, pero Youssef midió mal y el capitán celeste, excepcionalmente bien. Tocó el balón y dejó que Sivera se lo llevase por delante por inercia. Era demasiado importante como para que la estrella celeste fallase.
Hizo mucho daño el tanto al Alavés. Demasiado, probablemente. Fueron minutos de tendencia hacia la meta local pero sin grandes ocasiones celestes. Preámbulo de los cambios con los que ambos técnicos trataron de ir influyendo en el marcador, con Giráldez con la ventaja de poder ser el que respondía a las variaciones de Coudet. Si uno ponía más delanteros para apostar por el juego directo, el otro trataba de poner futbolistas de pie para tener el balón. Hubo momentos en que ambos acertaron y otros en los que ambos fallaron. Pero ni Sivera ni Radu tuvieron intervenciones de vida o muerte.
Porque, aunque parezca mentira, el Celta supo acunar un partido en el que sólo tenía un gol de renta. Y pudo mantener la portería a cero. A ver si este equipo se ha hecho inmune a los contextos. A ver si va a ser verdad.
Alavés 0-1 Celta
Alavés:
Antonio Sivera; Jonny Castro (Ander Guevara, min.80), Facundo Tenaglia, Jon Pacheco, Youssef Enríquez; Carlos Vicente (Pablo Ibáñez, min.60), Antonio Blanco, Denis Suárez (Mariano Díaz, min.80), Carles Aleñá (Abde Rebbach, min.60); Toni Martínez (Jon Guridi, min.89) y Lucas Boyé.
Celta:
Ionut Radu; Javi Rueda (Óscar Mingueza, min.65), Javi Rodríguez, Carl Starfelt (Joseph Aidoo, min.72), Marcos Alonso, Sergio Carreira; Fran Beltrán, Ilaix Moriba; Iago Aspas (Borja Iglesias, min.72), Pablo Durán (Miguel Román, min.72) y Bryan Zaragoza (Jones El-Abdellaoui, min.82).
Gol:
0-1, min.54: Iago Aspas, de penalti.
Árbitro:
Juan Martínez Munuera. Amonestó con una cartulina amarilla a los locales Jonny Castro y Jon Pacheco y a los visitantes Javi Rodríguez y Javi Rueda.
Incidencias:
Estadio de Mendizorrotza. Se guardó un minuto de silencio previo al partido por las víctima de la violencia machista.
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