Otra clara victoria de los goles

El Celta renació en base a dos robos altos para reencontrarse con el juego en la segunda parte y golear al Racing

Ilaix Moriba festeja su gol, el segundo de la tarde, perseguido por el trabajador Ferran Jutglá.
Ilaix Moriba festeja su gol, el segundo de la tarde, perseguido por el trabajador Ferran Jutglá. | J.V. Landín

Dos goles con méritos justos en poco más de diez minutos le dieron al Celta la fe en sí mismo para lograr la primera victoria de la temporada, que acabó en forma de goleada porque el equipo se soltó en la segunda parte. Ante un Racing que ejerció de vaso comunicante perfecto: cuando el equipo vigués recuperó confianza, la perdió prácticamente toda. Yoel Lago, Miguel Román y Sergio Carreira fueron los nombres propios de una tarde que quiere ser punto de inflexión.

Los argumentos te dan la razón a la larga. Convierten tu discurso en convincente y dan sentido al todo. Pero hay noches de callejones oscuros en que los exabruptos son el único lenguaje posible para sobrevivir al silencio. En que todo lo hecho queda a expensas de un golpe, de un estallido, de un gol. Nada de lo que sentirse especialmente orgulloso ni que vaya a decorar el imprescindible argumentario a la larga. Un bramido herido. El Celta y sus dudas necesitaban de un ejercicio de afortunado sudor para ir convenciéndose de que la solidez no es antagónica de la brillantez y que la cobardía no merece la pena. Por eso, el penalti que anotó Hugo González -excelso en el golpeo, como tantas otras veces- tras el visto bueno del vídeo arbitraje sonó como un grito de vida. Y el tanto que lo siguió apenas diez minutos después de Ilaix Moriba ya rompió corsés del miedo.

Que apretaron lo suyo antes de esa sucesión de tantos surgidos de la misma acción: robo en campo rival. Porque el balón era del Racing de Santander, otro recién ascendido, como el Málaga en su día, que aún estira las buenas sensaciones del ascenso. En su caso, con un fútbol de posesión con una enorme capacidad para combinar con precisión. Con más que un Celta que, de nuevo, era incapaz de imponerse en posesión. Aunque también, una vez más, no pasaba por excesivos peligros en área propia.

El partido se movía en la luz por donde querían los santanderinos, que hilaban e hilaban. En la sombra, el Celta trataba de encontrar alguna que otra contra aprovechando que su columna vertebral se mantenía bien erguida gracias a las virtudes de Yoel Lago y Miguel Román. Pero sin la calma suficiente como para ajustar la carrera y el pase con precisión.

Pero el fútbol se empeña en desbaratar partidos. El Racing se equivocó al recrearse en la posesión y tuvo el castigo de recibir esos dos goles según se acercaba el descanso. Ambos en pérdidas en la salida, que premiaron el esfuerzo celeste en una presión alta no demasiado enérgica pero sí acertada en los momentos puntuales. En el primero, Swedberg encontró a Jutglá dentro del área y el central santanderino Belocian sacó el brazo a pasear para cortar el balón. No lo vio el árbitro pero sí el vídeo arbitraje para que Hugo González abriese la cuenta. Y en el segundo, el rival reculó de mala manera tras la pérdida y Moriba tuvo tiempo para escoger tiempo para el disparo desde el borde del área. Es diestro pero eligió la izquierda. Acertó.

Los goles concedieron sentido a todo. En el callejón oscuro, el Celta había matado a navajazos a su miedo. La tendencia había cambiado. Incluso la precipitada tarjeta amarilla de Javi Rueda justo antes del descanso vino bien. Porque favoreció que en el descanso la salida al campo de Sergio Carreira permitiese a Claudio Giráldez ganar el duelo táctico a José Alberto López, que también apostó por moverse variando el dibujo de los suyos con tres centrales. Hubo minutos al comienzo en que parecía que en la partida de ajedrez las fichas racinguistas se movían mejor, pero el paso del tiempo fue dando la razón a la espléndida capacidad híbrida de Carreira -la banda se le queda pequeña-, Álvaro Núñez y Hugo Álvarez por la derecha, cuando fueron avanzando las sustituciones celestes.

De un lado a otro

Con todo, el fútbol amenazó con volver a ser caprichoso con un gol del recién entrado Villalibre, pero el delantero se equivocó en su posicionamiento y el tanto fue anulado por fuera de juego. Fue la señal para matar el partido porque, en este momento del curso, dos goles de renta no son suficientes. Con Borja Iglesias en el campo y Carreira haciendo de todocampista, las líneas de pase comenzaron a fluir. Y un balón atrás del ariete, precisamente, buscando al en teoría carrilero acabó con un despeje corto que Miguel Román convirtió en golpeo potente desde el borde del área. En el minuto 68, cayó el tercero y la tranquilidad inundó Balaídos.

Quedaba tiempo para disfrutar

Celta 5-0 Racing de Santander

Celta:

Ionut Radu; Javi Rueda (Sergio Carreira, min.46), Álvaro Núñez, Yoel Lago, Sebastián Cáceres, Hugo Álvarez; Miguel Román (Hugo Burcio, min.84), Ilaix Moriba; Hugo González (Pablo Durán, min.46), Ferran Jutglá (Borja Iglesias, min.63), Williot Swedberg (Javi Galán, min.63).

Racing de Santander:

Julen Agirrezabala; Álvaro Mantilla (Aarón Martín, min.63), Pablo Ramón, Jeanuel Belocian, Jorge Salinas; Andre Almeida (Sergio Canales, min.63); Pablo García (Asier Villalibre, min.63), Íñigo Vicente, Iván Martín (Iñigo Sainz-Maza, min.84), Iker Luque; Yassir Zabiri (Giorgi Guliashvili, min.75).

Goles:

1-0, min.31: Hugo González, de penalti; 2-0, min.42: Ilaix Moriba; 3-0, min.68: Miguel Román; 4-0, min.78: Pablo Durán; 5-0, min.92: Pablo Durán.

Árbitro:

Ricardo de Burgos. Amonestó a los locales Yoel Lago y Javi Rueda, y a los visitantes Iñigo Vicente, Sergio Canales, Pablo Ramón, Jeanuel Belocian y Yassir Zabiri.

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