El Celta sufre más que juega un empate suficiente
El gol de Swedberg precedió a un dominio total del Athletic hasta la recta final del duelo
El Celta hizo ayer una faena de aliño en San Mamés. Más sufrida que jugada. Suficiente para el billete europeo aunque insuficiente para superar a un Athletic que mereció más. Pero Europa ya es un hecho.
Los deportistas profesionales tienen que aprender a manejar escenarios. Cuantos más, mejor. Y uno de ellos es el de saber que lo que está sucediendo sobre el campo en el partido que están disputando no es lo único que sucede, sobre todo en una jornada al unísono como la de ayer. El Celta acudía a San Mamés con la intención de ganar y la misión de no perder. Sabedor de que la tarde podía acabar muy bien, bien o mal. Pero con un alto porcentaje de las dos primeras opciones si sabía jugar sus cartas con frialdad.
Y la historia comenzó bien porque una de las prioridades cuando te mides a un rival tan intenso como el Athletic y tan acostumbrado a jugar en campo rival es ser efectivo en las ocasiones en que te acercas a su portería. A la primera, hubo premio. Porque Ilaix Moriba, que estuvo en todas partes, aprovechó una desatención de Jauregizar para robar y lanzar en carrera a Williot Swedberg. El sueco, fiel a sí mismo, pareció controlar demasiado largo, pero acabó sorprendiendo a Unai Simón con su golpeo cruzado. Apenas habían pasado cuatro minutos.
En los 46 restantes del primer tiempo, que tuvo cinco de añadido, el Celta hizo poco más que defenderse. Con orden, en campo propio y metiendo esfuerzo más que acierto táctico. Porque la salida desde atrás no existía, pese al intento de arrastre de los centrales vascos por parte de Borja Iglesias y Ferran Jutglá, ejerciendo de doble boya. Y sin capacidad de acercarse al área rival, la propia se convirtió en el patio de recreo del partido. En tales condiciones, a quien ataca no le es preciso demasiada claridad, sino que le basta con la insistencia. Unai Gómez, de forma reiterada, dispuso de balones para empatar. A unos respondió Radu y a otros son achacables a su mala puntería. Pese al marcador, se antojaba demasiado poco lo ofrecido por los célticos como para pensar en los tres puntos. Pero el escenario, el propio y el ajeno, era ideal al descanso.
Lo malo es que lo del partido propìo era insostenible si no cambiaba. Y no cambió. El Athletic apenas hizo una pausa en su monólogo y mantuvo cercada el área celeste sin dejar un resquicio para la salida. Yuri aprovechó rápido la presencia de Mingueza en el lateral por la amarilla de Rueda y apuró para centrar a Iñaki Williams el empate apenas seis minutos después del parón.
Claudio Giráldez se decantó por variar su ataque: si el juego de espaldas no daba frutos, había que jugar de cara. Sobre todo, porque el paso de los minutos debería reducir la presión bilbaina. Borja y Jutglá dejaron sitio a Aspas y Durán. Y la cuesta abajo hacia la portería de Radu se fue nivelando poco a poco. Las dos mitades del campo acogían el balón a la espera de que el Athletic o el Celta golpeasen. No lo hizo ninguno de los dos, aunque el que más se acercó, como en el resto del duelo, fue el Athletic.
Athletic 1-1 Celta
Athletic Club:
Unai Simón; Gorosabel, Yeray, Laporte, Yuri; Galarreta, Jauregizar (Rego, min.70); Ilaki Williams (Izeta, min.85), Unai Gómez (Navarro, min.46), Berenguer (Nico Serrano, min.81); Guruzeta (Sannadi, min.81).
Celta:
Ionut Radu; Javi Rueda (Óscar Mingueza, min.46), Javi Rodríguez, Yoel Lago, Marcos Alonso, Sergio Carreira; Ilaix Moriba, Fer López (Matías Vecino, min.90); Ferran Jutglá (Iago Aspas, min.57), Borja Iglesias (Pablo Durán, min.57), Williot Swedberg (Hugo Álvarez, min.).
Goles:
0-1, min.4: Swedberg; 1-1, min.51: Williams.
Árbitro:
Díaz de Mera. Amonestó a los locales Yuri y Laporte y a los visitantes Radu, Moriba y Rueda.
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