El Celta, a solo un paso de salvarse
Celta - Athletic
La victoria sobre el Athletic (2-1) mantiene los 5 puntos de ventaja sobre el Cádiz, que también ganó. Gol y asistencia de Hugo Álvarez, héroe del partido. Todos los triunfos con Claudio han sido remontadas
Otra remontada. Aún no está hecho, pero casi. El Celta supo ayer desdecirse de una apuesta inicial sorprendente y de un gol encajado de córner olímpico para sumar tres puntos imprescindibles. La salvación se fragua en Balaídos.
El partido empezó antes de empezar. Y empezó mal, con ese gol de Guardiola para el Cádiz en el descuento de su partido en el Pizjuán ante el Sevilla. Todo lo que iba a suceder adquiría más peso porque el descenso dejaba de ser un horizonte posible a amenazar a la vuelta de la esquina. No es falso que uno dependa de sí mismo, pero las circunstancias pueden ayudar o perjudicar. La situación clasificatoria apretaba a un equipo que Claudio Giráldez, por cuestiones físicas, tuvo que revolucionar. Sus fijos, salvo Fran Beltrán, dejaron de serlo. Ni tan siquiera Vicente Guaita en portería, debido a un inorportuno malestar. Su imagen tapado hasta las orejas y pañuelo en ristre no presagiaba nada bueno.
Sin Jailson, sin Mingueza y sin Aspas, el equipo celeste tenía que aprender de nuevo a andar. Lo hizo de inicio con ese aire de despreocupación que impera cuando uno sobreactúa para parecer tranquilo. Carles Pérez demostraba su neta vocación ofensiva como carrilero y Bamba mantenía la hiperactividad del Metropolitano, aunque con menos acierto. Larsen tiraba desmarques y Swedberg, otra de las novedades en el once, se marcaba alguna carrera.
El Athletic Club no imponía desde los nombres. Sin los dos Williams, parecía desdentado. Y su actitud no era la de morder con tanta saña como es habitual. La presión existía, pero no agobiaba. Todo parecía controlado, pese a los grandes cambios y a la ausencia de la habitual línea de creación celeste: Jailson-Mingueza-Aspas.
Pero la apariencia se vino abajo con un solo golpeo. Inesperado. Un saque de esquina a cargo de Berenguer, el sustituto de Nico Williams en la izquierda del ataque bilbaino, acabó en gol olímpico. Iván Villar, que asumía la portería 25 jornadas después, no controló el devenir del balón y, cuando se quiso dar cuenta, ya se colaba en su portería.
El golpe fue tremendo. Porque desempolvó el miedo. Ése que parecía domado desde que se produjo el cambio en el banquillo y el equipo empezó a parecerse a la mayoría de su afición. El Celta tembló. Y nada parecía funcionar. El balón no tenía sentido, dirección ni precisión. El Athletic rondaba el campo vigués sin demasiada ansia pero con muchísima mayor tranquilidad. En el centro del campo, Damián Rodríguez intentaba poner orden y de su pie salió la última ocasión de la primera parte: un saque de falta que Carlos Domínguez cabeceó alto.
Si había habido una pequeña revolución en el once inicial, el partido precisaba de otra. Claudio Giráldez no dudó, aunque supusiese deshacer la apuesta inicial, y retornó a sus clásicos: Iago Aspas, Óscar Mingueza y Hugo Álvarez salieron para demostrar galones. Y el partido, como era obligado, cambió. Por fin, el Celta consiguió hacerse con el balón y moverlo con la suficiente picardía como para que el Athletic notase las ganas celestes de ganar. Larsen mantenía su trabajo de brega, mientras Aspas y Mingueza acercaban su capacidad de pase al área rival. El noruego cabeceó al larguero y, pese a que fuese con falta previa, significó algo: el equipo recordaba sus precedentes de remontadas en casa y estaba dispuesto a repetir.
Pese a todo, Claudio no veía a su equipo fluir. Y aprovechando los tres cambios del Athletic, retocó la apuesta. Intervencionismo más que acertado. Mingueza pasó de carrilero a central por la derecha para estar más centrado y, más inesperadamente, pasando a Manquillo al carril izquierdo mientras situaba a Hugo Álvarez, que ya había pisado área con asiduidad, por la derecha.
Pocas veces un cambio táctico ha tenido un rendimiento tan inmediato. Porque el canterano lo bordó. Primero, yéndose con un caño genial y sacando un centro tenso hacia la llegada de Swedberg, que empató en el minuto 67. Y apenas tres minutos después, culminando una contra sacada por Aspas y Damián de manera espectacular con un golpeo que se evenenó al rozar en un defensor y acabó en la escuadra de la meta bilbaina.
Se había logrado lo más complicado. Pero no hubo remache. Y en tal situación, el gol anulado a Raúl García por falta previa a Starfelt en el descuento frenó algún que otro corazón. Por suerte, volvió a latir. Otra remontada. Aún no está hecho, pero casi.
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