El Celta realza sus vergüenzas en Nicosia
El equipo de Claudio Giráldez perdió este miércoles contra el Omonia en su debut europeo y sigue sin ganar ni convencer
Los comienzos europeos siempre tienen un aire especial, pero nunca son fáciles, aunque aparentemente, por calidad y fútbol, tengas más razones de peso para llevarte un partido que el rival. Parecía el escenario perfecto para inaugurar el casillero de victorias, pero el Celta descubrió en Nicosia que todavía hay un piso más en el sótano en la monotonía de esta temporada. El equipo olívico perdió este miércoles en los instantes finales (1-0) ante el Omonia en su estreno en la Europa League, con un golazo desde fuera del área de Balkovec. Sin ideas, sin fútbol y sin suerte. Y cada partido que pasa, parece que la situación empeora un poco más. Para más inri, el triunfo ante el Celta fue apenas el séptimo de los locales en 56 partidos disputados en Europa.
El Omonia esperó su momento durante todo el encuentro. Sabía perfectamente que no tenía nada que perder y quiso hacer de la paciencia y el orden sus mejores armas. Mientras, los celestes buscaban imponer su fútbol desde el primer minuto, aunque con muy poca velocidad y creatividad una vez que alcanzaban las zonas de peligro. Con el debut como titular de Burcio, la siempre finura de Miguel Román y las aportaciones de Sergio Carreira por dentro, el Celta iba a usar el balón como principal herramienta para hacer daño. En todo caso, la defensa chipriota estuvo siempre muy atenta, esperando su momento para hurgar en los puntos débiles celestes. Después de un comienzo pastoso, la primera ocasión fue para los locales. En el minuto 9, tras un robo a Couhaib Driouech, Costa encontró espacio para avanzar y buscó el ángulo con un disparo que obligó a Radu a sacar una mano salvadora.
Los celestes siguieron mandando, aunque sin terminar de encontrar la profundidad ni la precisión necesarias. Llegados al último tercio, una nube negra se cernía sobre las cabezas celestes. Además, el Omonia encontraba en cada pérdida su vía más peligrosa. Duverne tuvo otra buena ocasión al contragolpe, pero Radu volvió a responder con creces. El Celta intentó espolearse, mostrar personalidad y tuvo la suya tras un buen robo en la salida del Omonia. Una combinación entre Driouech, Burcio y Álvaro dejó solo a Román en la frontal, pero su disparo se marchó por encima del larguero. El partido se abrió en los últimos minutos del primer tiempo y el Celta cada vez tomaba más el timón del juego, aunque sin intimidar demasiado.
Andreou volvió a probar a Radu desde lejos y, en la respuesta celeste, Jutglà y Carreira fabricaron una buena pared que dejó al canterano en posición de remate, pero el guardameta portugués puso la barrera a su portería con veteranía. El 0-0 se mantuvo al descanso y dejó la misma sensación que tantos otros partidos antes: da igual el rival si no eres capaz de hacerle daño. Un problema que se acrecentó, si cabe, en la segunda mitad. Cada vez que el equipo de Giráldez podía robar y sorprender mínimamente al conjunto de Henning Berg se le apagaba la luz por completo.
El técnico porriñés necesitaba algo diferente y lo intentó con Williot Swedberg y Hugo González. El segundo lo probó todo, pero el primero firmó uno de los peores partidos que se le recuerdan. Errático, torpe e incluso más apático de lo habitual. No mejoró el Celta. Tampoco con los regresos de Febas o Borja Iglesias. Tan irreconocible estaba el equipo que todo el peligro del segundo tiempo llegó a balón parado. Las segundas jugadas dentro del área eran todas del Celta, pero ni Álvaro primero, ni Román después consiguieron, ya no inquietar a Fabiano, sino siquiera encontrar portería.
A la salida de otro saque de esquina parecía que podía firmarse un final medianamente feliz para los vigueses. Tras un desbarajuste defensivo local y un sinfín de malas decisiones, un buen balón de Román dejó solo a Swedberg, que se pasó de largo y habilitó a Hugo González. El canterano sirvió a placer un balón de gol a Durán, pero el árbitro húngaro lo anuló por fuera de juego previo. Y, entre tanto revuelo, los demonios de las noches desastrosas para el Celta volvieron a hacer acto de presencia para inclinar la balanza en los instantes finales. En una jugada aislada, un disparo de Balkovec encontró el mismo rincón de la meta que Radu había tapado tres veces antes y abrió la puerta de los horrores en el minuto 88 para adelantar al Omonia.
Con corazón y aletazos de ‘afouteza’, el Celta intentó reponerse y, al menos, rescatar un empate, pero volvió a chocarse contra el duro muro de la realidad. Las comparaciones en la previa con el inicio de la temporada pasada, por los resultados, tenían todo el sentido. No obstante, visto lo visto, a estas alturas el equipo estuvo mucho más cerca, no solo de ganar, sino de parecerse un mínimo a aquella tropa valiente, divertida e imprevisible que orquestaba Claudio Giráldez cuando tomó el mando del primer equipo. La realidad ahora es otra. Y más cuando la falta de victorias no es la mayor de tus desgracias. A estas alturas de la película, si se sigue rondando la monotonía, cualquiera puede ser capaz de realzar tus vergüenzas.
Contenido patrocinado
También te puede interesar