El Celta que pudo reinar: 20 años de una final perdida
El equipo vigués perdió hace hoy 20 años una final de Copa a la que llegó como favorito
El 30 de junio de 2001, hace hoy veinte años, el Celta perdió la oportunidad más clara de su historia para celebrar un título importante. El equipo celeste, comandado por el técnico Víctor Fernández y en el que destacaban figuras como Mostovoi, Karpin, Gustavo López, Berizzo o Catanha, llegaba como claro favorito a La Cartuja de Sevilla para disputar la final de la Copa del Rey con un Zaragoza en horas bajas. Apoyado por una afición que invadió la capital andaluza y superaba con creces a los hinchas aragoneses, el conjunto vigués vio todavía más cerca el premio cuando, a los cuatro minutos del encuentro, Mostovoi abría el marcador y materializaba la superioridad de un once sobre el otro. Pero entonces, todo se torció. El Celta se confió y el Zaragoza acabó dando la vuelta al marcador para ganar 3-1 y llevarse el trofeo.
EL PARTIDO ENTRE ZARAGOZA Y CELTA, ÍNTEGRO
Entre los protagonistas de aquella final estaban Juanfran García y Juan Velasco, laterales titulares de la escuadra celeste, y José Ignacio Sáenz, que entonces militaba en el club maño y, un año después, pasaba a formar parte de la disciplina céltica.
“Era una final que todo el celtismo deseaba porque lo único que le faltaba a aquel equipo era conseguir un título. Nos pusieron la vitola de favoritos y de que íbamos a ganar. Recuerdo que en el campo había muchísimos más aficionados del Celta que del Zaragoza y era una final en la que teníamos puestas todas las esperanzas porque queríamos -y creo que nos merecíamos- el título que tanto la afición como el club y los jugadores deseábamos”, señala Juanfran, que considera que la experiencia del equipo aragonés en partidos importantes resultó decisiva: “Tenían muchos jugadores que sabían manejar esas situaciones y aún con el marcador en contra, después del 1-0, no se pusieron nerviosos. Supieron manejar las situaciones bien y, por el contrario, nosotros la verdad es que empezamos muy bien, dominando. En los primeros minutos metimos el gol y a partir de ahí, fue un partido diferente. Con el paso del tiempo, e incluso ya al acabar la final, fuimos conscientes de que nos habíamos equivocado. Que teníamos que haber sido el Celta que estaba siendo durante todos esos meses”.
Velasco recuerda que “se creó una expectación muy grande en la ciudad. El estadio olímpico de Sevilla era prácticamente celeste. La afición se volcó de una manera espectacular, el equipo llegaba con la sensación de ser favorito y quizás el gol de Mostovoi en los primeros minutos del partido nos penalizó en relajación y en pensar que iba a ser fácil. Creímos que esa vitola de favorito se iba a cumplir y al final el Zaragoza tuvo más fortuna y pudo levantar el partido y llevarse la final. Fue una desilusión muy grande”.
En el lado contrario, José Ignacio reconoce que “la verdad es que éramos muy inferiores, pero en esa final se nos puso todo de cara. El Celta marcó pronto y se vio muy superior. Y a un partido, si se te ponen las cosas de cara, como nos pasó, puedes ganar un encuentro que de diez veces que los hubiéramos jugado, habríamos ganado esa nada más”.
Aquel Celta estaba liderado por Alexander Mostovoi, un futbolista al que siempre se coloca junto a Iago Aspas cuando se habla del mejor de la historia del equipo vigués. En este aspecto, hay división de opiniones. “Yo me quedo con Mostovoi. Son jugadores similares, saben identificar lo que necesita cada partido en los 95 minutos que dura, pero yo le he visto cosas a Mostovoi increíbles. Creo que ha sido un adelantado en el fútbol moderno”, apunta Juanfran.
“Son épocas diferentes. Mostovoi aportó muchísimo al club, pero Iago es el celtismo, viene desde las entrañas del club y está muy arraigado. Para mí, Iago as especial, pero Mostovoi aportó mucho y fue un referente del Celta en su época”, indica Velasco, mientras que José Ignacio considera que “es como elegir entre papá y mamá o entre Xavi e Iniesta. Mostovoi era un jugador impresionante, pero lo que está demostrando Iago Aspas... Si los tuviéramos a los dos en el mismo equipo, el título llegaría inmediatamente, porque cada día que veo jugar al Celta y veo jugar a Iago… yo tuve la suerte de jugar con su hermano, pero lo de Iago es de otra galaxia. Tiene gol, balón parado, desmarque, velocidad, regate… que no esté en la selección es increíble porque es un diez en todo. Es un jugador irrepetible y puede que el mejor de la historia del Celta para mí”.
La derrota en aquella final supuso una gran decepción para el celtismo, que acudió en masa a Sevilla. “El mayor recuerdo que me quedó, que me di cuenta años después, cuando estuve en Vigo, fue subir en el ascensor del hotel, donde había mucha gente del Celta hospedada. Comentaban que cuántos años tendrían que pasar para conseguir un título. Estaban abatidos”, rememora José Ignacio.
"Tanto en los alrededores como en el propio estadio, todo el mundo iba con la camiseta celeste y el ambiente era impresionante", destaca Velasco, que después del encuentro se quedó en Sevilla con su familia “con una tristeza enorme porque estábamos muy ilusionados con conseguir la Copa y no pudo ser. Nos sentíamos muy favoritos y al final piensas que jugamos diez veces este partido y lo ganamos nueve, pero nos tocó el de perder”.
Para los tres, por lo que sucedió aquel día en Sevilla, el fútbol le debe un título al Celta. O más. “Por años en la máxima categoría, por equipos y por haber sido uno de los primeros referentes del buen fútbol, creo que reúne todas las condiciones para merecer un título”, asegura Juanfran. “Después de lo que he vivido en Vigo con la gente, se le deben muchísimos títulos y estoy seguro de que van a conseguirlo”, concluye José Ignacio.
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