El Celta no sabe romper un plato

Enlazó tres derrotas en Liga por timorato, de nuevo, pero se mantiene séptimo por los marcadores ajenos

Los jugadores del Celta protestaron una indicació del árbitro previa al segundo gol del Villarreal.
Los jugadores del Celta protestaron una indicació del árbitro previa al segundo gol del Villarreal. | Área 11

El Celta confirmó que ha recuperado buena parte de las claves de su juego. Pero no rompe un plato -lo que es pecado mortal en La Cerámica- y a él se lo rompen en la crisma con demasiada facilidad. De ahí que acumule derrotas más o menos merecidas. Ayer fue de las segundas, por lo discontinuo que fue el Villarreal. Lo menos malo es que el equipo sigue séptimo empatado con el sexto, el Getafe. A jugar.

Si el resultado es lo de menos, el Celta de la primera parte en La Cerámica estuvo resultón. Con una intensa presión arriba, demostrando que todavía no está definitivamente cansado; con capacidad para la posesión de balón, superando con holgura el 60%; con una versión de Borja Iglesias como hombre-boya más que buena; con Sergio Carreira abriendo el campo por la izquierda; e, incluso, con un par de ocasiones delante del portero rival que merecieron mejores remates. A cambio, sufrió por la banda derecha de su defensa, la de Óscar Mingueza con Alfonso Pedraza, encantado de mostrar su zancada contra el equipo vigués, como es norma en él.

Lo malo del fútbol es que tiene porterías. Sin duda, lo que genera pasión. Aunque no enamoramiento. Y el Villarreal apuesta por el realismo puro, sobre todo cuando el destino le pone en bandeja hasta dos goles. El primero, nada más sacar de centro, con un traspié táctico de Javi Rodríguez hacia la primera carrera de Moleiro que, con todo, habría acabado en nada de no ser porque Yoel Lago, tratando de enmendar a su compañero, se cruzó con demasiado ímpetu e hizo un penalti que Gerard Moreno aprovechó. Y en otro paréntesis del partido, cuando todo parecía en calma, el Celta creyó -con ayuda del árbitro en el engaño- que una falta en el centro del campo le favorecía cuando acabó siendo lo contrario, con lo que el saque rápido y la carrera, cómo no, de Pedraza terminó en un centro sin despeje que Pépé agradeció enviando el balón al fondo de la portería.

Las frases sueltas mataban el discurso elaborado celeste. Que, lógicamente, se resintió tras recibir el golpe del segundo tanto, con esa sensación de injusticia añadida. Aunque la idea no varió nunca: ir a buscar al Villarreal a su campo, a sabiendas de que éste quería aprovechar los metros a su espalda. Con valentía pero sin ser capaz de ser tan incisivo como para que al bloque local se le fuese del ánimo esa facilidad en la resolución de la cita que le daba el resultado.

Retocó el equipo el técnico celeste, Claudio Giráldez, en el descanso, sobre todo por la tarjeta amarilla que había visto Pablo Durán en un esfuerzo defensivo. Entró Ferran Jutglá para mantener la intensidad arriba y, aunque en los primeros minutos intentó el bloque castellonense controlar más, Hugo Álvarez volvió a tener una ocasión que mereció mejor final que un disparo demasiado cruzado.

El riesgo, con un 2-0 en contra, era imprescindible para el equipo vigués si quería pensar en puntuar. Una gran carrera de Pépé, capaz de ganar en un metro cualquier acción por velocidad y cuerpo, obligó a Radu a aparecer tras un remate de Mikautadze, con posterior intento de Gueye ya desviado.

El ímpetu tras el descanso no había tenido, una vez más, traducción en el marcador y Giráldez ya tenía en la banda preparados cambios cuando Borja Iglesias, inteligente, entendió que había que tirar de versos sueltos y no de poemas. Primero, fue providencial sacando un remate de Pépé desde el borde del área. Y, prácticamente a continuación, tuvo la sangre fría de recibir de espaldas al borde del área, dar un par de pasos atrás para cruzar la línea con el balón protegido y esperar a recibir la patada a destiempo de Gueye. Penalti.

En dos tiempos

El santiagués asumió el lanzamiento pero, como reflejo de lo que le está costando al equipo marcar en este momento de la temporada, tuvo que repetirlo. Porque Arnau Tenas detuvo una primera mala ejecución del céltico, salvado porque Rafa Marín, quien acabó sacando el balón del área tras la parada, entró demasiado pronto. En el segundo intento, la ejecución fue soberbia.

Quedaba tiempo porque el Villarreal, que no había mandado nunca, empezó a temer que el triunfo no iba a ser tan plácido. Quiso hurgar en la herida el Celta con Fer López, Iago Aspas y Álvaro Núñez sobre el campo. Pero tras un arranque esperanzador, con Jutglá golpeando el palo de un cabezazo a centro del capitán, fueron los locales los que se hicieron con el balón. Y, sin él, se desactivó el último intento celeste: el jugador del filial Hugo González. Ya no hubo ni ocasiones. El Celta sigue siendo capaz de comer con hambre sobre cualquier vajilla lujosa, pero no rompe un plato. Lo bueno es que les está costando a todos los rivales, así que Europa sigue en la diana desde la séptima plaza a falta de cinco partidos.

Villarreal 2-1 Celta

Villarreal:

Arnatu Tenas; Alex Freeman, Rafa Marín, Renato Veiga, Alfonso Pedraza (Sergi Cardona, min.79); Nicolas Pépé (Alfon González, min.79), Santi Comesaña, Pape Gueye (Dani Parejo, min.79), Alberto Moleiro (Thomas Partey, min.92); Gerard Moreno, Georges Mikautadze (Ayoze Pérez, min.86).

Celta:

Ionut Radu; Óscar Mingueza, Javi Rodríguez, Yoel Lago, Marcos Alonso (Álvaro Núñez, min.75), Sergio Carreira; Hugo Sotelo (Fer López, min.75), Ilaix Moriba; Pablo Durán (Ferran Jutglá, min.46), Borja Iglesias (Hugo González, min.82), Hugo Álvarez (Iago Aspas, min.75).

Goles:

1-0, min.1: Gerard Moreno, de penalti; 2-0, min.28: Pépé; 2-1, min.72: Borja Iglesias, de penalti.

Árbitro:

Alejandro Quintero. Amarillas a los locales Pedraza, Pépé y Gueye; y a los célticos Radu, Marcos Alonso, Moriba, Pablo Durán y Borja Iglesias.

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