Celtic-Celta
Escocia, al fin conquistada
La pasión por el fútbol es algo que muchas veces va más allá del bien y del mal. Es un ente superior que solo puedes comprender analizando la mirada entre un padre y un hijo. El traspaso de generación en generación es la base sobre la que se cimienta el grueso de los aficionados más fieles de un equipo y es fundamental también para entender lo que está sucediendo en el Celta.
Roi Otero, ingeniero nacido en Vigo, es miembro de la peña London Celtas, con sede en Londres y aficionados repartidos por toda la isla británica. Él y su familia son los únicos integrantes de la agrupación que viven en Escocia. Se crió en Ourense y regresó a Vigo para estudiar en la universidad, donde se hizo abonado del Celta. Hace casi 21 años se trasladó a Londres por motivos laborales y, en 2010, se mudó a Edimburgo, donde reside con su mujer, Ánxela, y sus dos hijos, Mateo, de 15 años, y Santiago, de 12. Ambos nacieron en Escocia, pero el Celta ocupa un lugar central en sus vidas.
"El celtismo siempre se vivió mucho en casa", recuerda Roi, que pasaba los veranos de su infancia en Vigo con sus abuelos. Ahora, intenta transmitir esa pasión a sus hijos, pese a la distancia: "Todos los días de partido estamos pegados a la televisión y no nos perdemos ninguno". Sin embargo, las derrotas también se sufren en familia. "A veces, bromeamos con que es una bendición y también una maldición, porque se sufre mucho con el equipo. Cuando perdemos un partido, los chicos se quedan chafados", admite. Pero el fútbol también les regala momentos compartidos: "Estamos toda la semana pensando en el día y la hora del partido, sin hacer planes para poder verlo juntos en casa".
Santiago, el menor de los hermanos, sueña con acudir a Balaídos y vivir en directo aquello que conoce desde el salón de casa. "Hay muchas cosas que la gente de Vigo no ve como algo tan especial, pero para nosotros es una locura. Me chifla, es lo mejor, es un regalo", explica. Si pudiera elegir un presente que recibir el día de cumpleaños, lo tendría claro: "Sería ir a ver al equipo o tener una camiseta. El Celta es el mundo para mí y mi familia".
Por eso, los sorteos europeos se viven con especial expectación en casa de los Otero cuando su equipo está de por medio. "Estamos pegados a la televisión, con los dedos cruzados, rezando para que nos toque algún partido al que podamos viajar con cierta comodidad", cuenta Roi. Esta vez, el destino los lleva a Glasgow, después de haber acompañado al equipo en Wolverhampton durante la pasada pretemporada y en Old Trafford, en una semifinal de la Europa League: "Siempre que nos queda cerca hay que hacer el esfuerzo y estar con el equipo".
La familia forma parte de London Celtas desde hace tres o cuatro años, después de descubrir la peña a través de las redes sociales. Aunque son sus únicos miembros residentes en Escocia, mantienen el contacto con el grupo cuando viajan a Londres. "Da gusto poder conectar con otros aficionados y mantener unido ese espíritu, esa pasión celtista", señala Roi.
Ayer, Roi, Mateo, Santiago y Ánxela cambiaron el sofá de Edimburgo por la grada de Celtic Park. Otro capítulo de una historia familiar que comenzó con los abuelos de Roi y continúa ahora con sus hijos. Una pasión que ha cruzado fronteras y generaciones y que, en Glasgow, ha vuelto a vivirse en familia. Sería un recuedo inolvidable fuese cual fuese el resultado. Pero, además, se ganó.
Roi Otero vivió en primera persona el anterior enfrentamiento entre el Celta y el Celtic en Balaídos, en 2002, cuando la victoria del Celta (2-1) no sirvió para pasar la eliminatoria ante los escoceses. Más de dos décadas después, el ingeniero vigués recuerda especialmente el ambiente que se generó alrededor de aquella cita, con una afición escocesa que ocupó buena parte de la grada de Río y dejó una huella que todavía perdura en su memoria. "No fue solo eso, fueron las horas previas al partido, el hermanamiento, la comunión, compartir, intercambiar bufandas, camisetas, cantar y pasarlo muy bien juntos", rememora.
Aquella experiencia contribuyó a reforzar su vínculo con una afición con la que encuentra puntos en común en la forma de vivir el fútbol. Por eso, el regreso de este enfrentamiento supone una ocasión especial para la familia Otero, que afrontaba con ilusión la posibilidad de volver a compartir una jornada europea entre dos equipos con aficionados con más conexiones de las que piensan.
"Pienso que hoy (por ayer) va a ser un día muy especial, porque la relación que nos une con el Celtic viene de muchos años", explica Roi, que destaca también la acogida que suelen recibir los aficionados visitantes en Escocia. "Cuando el Celtic juega en Europa es una afición que recibe con los brazos abiertos", concluyó.
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