El Celta gana con un Gol de despedida

El equipo vigués, de menos a más, superó a Osasuna gracias a un gol de Iago Aspas desde el punto de penalti

Iago Aspas saluda a su palco tras marcar el tanto de la victoria ayer, de nuevo saliendo del banquillo y de nuevo de penalti.
Iago Aspas saluda a su palco tras marcar el tanto de la victoria ayer, de nuevo saliendo del banquillo y de nuevo de penalti. | J.V. Landín

Gol se despidió con un gol de despedida. No en su portería, sino en la de Marcador. Pero con alegría similar: la de la victoria. Iago Aspas ofreció un dulce adiós a la última grada en pie del viejo Balaídos, la misma a la que saludó hace más de quince años con los primeros dos goles de su inolvidable historia escrita con tinta celeste. El caso es que sea titular o suplente, con la edad que sea o en la portería que sea, el moañés es inevitable. Su penalti rubricó la derrota de Osasuna y apuntaló aún más la fortaleza sobre el Lagares. Al Celta le costó carburar de salida, pero su crecimiento en el encuentro volvió a dejar los tres puntos en casa -y van 26 de 39- para olisquear la zona noble.

Como en aquella película de John Travolta y Nicolas Cage, el equipo celeste y el navarro intercambiaron las caras. Eran los visitantes los que manejaban más la pelota y los locales los que intentaban robar y salir sobre la zancada de Swedberg. No funcionó. Pero no fue esa la única reminiscencia de los 90. Porque, sorprendentemente para dos equipos tan dinámicos, el choque se jugaba a ritmo lento y pausado. Como en una especie de intercambios de posesión, como si las camisetas no tuvieran asas y Balaídos fuera el pabellón de Navia. El caso es que al Celta le costaba más robar un balón que alquilar un piso y aunque Osasuna no fuera un dechado de virtudes en el ataque posicional, conseguía instalarse en campo rival con facilidad. Ahí surgía Bryan Zaragoza, hiperactivo, haciendo daño por todo el flanco de ataque con unas intenciones demasiado diabólicas para tener esa cara de no haber roto nunca un plato. Quizá por eso, Ilaix Moriba tuvo un par de roces con él.

Osasuna sí era Osasuna y el Celta sí era el Celta cada vez que había una pelota parada. El conjunto navarro tocó las tres primeras, con Torró advirtiendo y Budimir amenazando. El delantero croata, tercer máximo goleador de la Liga con 13 dianas -solo Lewandowski y Mbappé llevan más-, no terminó de quitarle el seguro a la pistola. 

Poco a poco, los muchachos de Claudio empezaron a despegarse las sábanas. Creciendo a partir de la pelota. Ese es el contexto predilecto de Fer López. El técnico porriñés apostó por él como titular por delante de todo un Iago Aspas. Y tras una entrada en calor quizá demasiado prolongada, el Mozart vigués empezó su sonata. Los ‘¡oh!’ superpoblaron Balaídos tras una maravillosa ruleta para piano solista. Poco después, Amadeus sirvió para un Moriba que se trastabilló dentro del área tras un espectacular cambio de juego de Marcos Alonso, al que la cabeza de Carreira dio continuidad.

El Celta acabó mejor el primer tiempo. También por Swedberg. El sueco, siempre amenazante con espacios, se destapó como un delineante en espacios pequeños. Siempre dio continuidad con sentido y precisión a las jugadas, como en una triangulación iniciada por Javi Rodríguez que Mingueza terminó con tiro inofensivo. Poco después, el escandinavo cerró el primer tiempo con una cabalgada al espacio, esta sí, marca de la casa, sufragada por un Sergio Herrera que más tarde tuvo un intercambio de impresiones con la grada de Marcador Bajo.

Con la extinción del acto inicial, el Celta no pudo despedirse de Gol marcando en su portería, pero sí pudo hacer un gol de despedida. Como siempre, del de siempre. Pero antes, el equipo vigués experimentó una notable mejoría en su juego. La charla del descanso, los famosos cortes de vídeo, la inercia del partido… Quién sabe. Lo cierto es que los célticos dominaron con el balón, ayudados por un Borja Iglesias mucho más participativo. Sergio Carreira rozó el gol tras domar un envío largo de Marcos Alonso, recortar y soltar la zurda. Su tocayo Herrera despejó a córner.

Era cuestión de encontrar la herramienta apropiada. Y Claudio tiró del mejor abrelatas -también- de la historia del Celta. En una especie de herencia inversa, Iago Aspas entró al campo por Fer López. El moañés se puso el brazalete, tocó dos balones, trazó un gran desmarque y metió al corazón del área un balón imposible. Ahí surgió el ariete compostelano, que cayó fruto de la imprudencia de Torró al ir al suelo. Penalti. ¿A dónde lo pateó? A la red. El fenómeno morracense caminó tranquilo con la mirada clavada en Herrera, que intentó aguantar hasta el final. Cuando quiso reaccionar, la pelota ya estaba en la jaula. Habían pasado tres minutos.

Pero aún quedaba mucho. Demasiado. Vicente Moreno quemó las naves con cambios muy ofensivos y su equipo acogotó al Celta. Tocó sufrir el bombardeo de balones al área y ahí surgieron Starfelt y un inmenso Marcos Alonso, sobresaliente en todas las facetas del juego ayer. Osasuna tuvo varias, una de Arnaiz que tapó bien Guaita, pero el Celta supo sufrir para poder después presumir. El pitido final llegó con susto por una revisión de VAR, pero llegó. El Celta ganó con Gol de despedida.

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