Este Celta va a por Europa con todos

Celta - Sevilla

El Celta sigue séptimo tras superar al Sevilla con valentía pese a jugar toda la segunda parte con un hombre menos

Carlos Domínguez, Fran Beltrán y Hugo Álvarez celebran junto a Óscar Mingueza su gol de ayer en Balaídos.
Carlos Domínguez, Fran Beltrán y Hugo Álvarez celebran junto a Óscar Mingueza su gol de ayer en Balaídos.

Descanso del partido. Empate a un gol y el Celta con un jugador menos. Pero el Sevilla no apostó por ir a por el triunfo; lo hicieron los locales. Porque a donde no llega el juego, llega la fe. Y un proyecto del que todos -Ristic y Cervi incluidos- se sienten parte. Europa se acerca.

El optimismo es un arma de doble filo. Sus apologetas sostienen, no sin razón, que sólo desde él se llega a alcanzar metas ambiciosas. Una dosis de osadía en una pócima de orden da sabor. Sus opositores sostienen, no sin razón, que es un engañabobos. A las metas se llega desde el realismo pragmático. Una dosis de osadía estropea cualquier caldo cocido a fuego lento. Lo malo es que los dos grupos aciertan. Y los dos se equivocan. El Celta llegaba al duelo ante el Sevilla con el halo que rodea a la séptima plaza y el placer de saber ya amortizada la temporada en lo vital. Por la contra, los sevillanos aterrizaban en Vigo con el temor en el cuerpo de no volver catastrófica una mala campaña. Los locales, imbuidos del optimismo juvenil -en años de entrenador- de Claudio Giráldez; los visitantes, masticando el realismo conservado desde antaño por Joaquín Caparrós.

No iba a pelear la posesión el rival. No iba a renunciar a ella el Celta. De entrada, el partido se diseñaba en torno a la capacidad local de atacar un equipo que espera en campo propio. Para ello, los célticos limitaban sus componentes en retaguardia y construían un ataque en torno a la capacidad de llegada de Ilaix Moriba, con Iago Aspas abriendo espacios con inteligencia y Swedberg y Durán echándole piernas en ataque y defensa.

Las lenguas futbolísticas son múltiples. El Celta no entiende jugar al centro y remate como base. Para el Sevilla es el ABC. De hecho, empezaron asustando con sendas ocasiones tras robo y en el consiguiente saque de esquina, con Guaita dando consistencia a la portería. Pero este equipo celeste optimista no se asusta, confía. Y devolvió el peligro con Moriba de protagonista. Su primera tentativa la sacó Nyland; a la segunda, tras un pase filtrado de Swedberg, maniobró con habilidad y, por una vez, encontró el premio del gol.

No era una tarde especialmente lúcida. Pero hacía sol. El conjunto vigués tenía el marcador a favor para poder madurar el partido, tratando de explotar las virtudes de su apuesta y ocultar sus defectos. Porque la vocación ofensiva de Moriba vaciaba el centro del campo en fase ofensiva, con Aspas bajando a echar una mano, y en la defensiva, sin nadie específico en la labor. Y el Sevilla detectó la cuestión. Balones largos sobre el centro del campo para sacar partido a la segunda jugada tras ganar por arriba, sobre todo con la movilidad de Peque y el juego al borde del fuera de juego de Lukebakio. Nada espectacular, pero sí efectivo para ir decantando las sensaciones hacia el lado visitante.

Una lesión fortuita del lateral sevillista Badé enfrió el final de la primera parte con dos parones. Con pésimo resultado para el Celta. Porque siguió sin atar los minutos y una buena maniobra de Peque dentro del área celeste se envenenó. Marcos Alonso cometió una mano intuitiva que, al parecer del vídeo arbitraje primero y del árbitro después, cortó una acción manifiesta de gol. Y al equipo vigués le cayó la tríada: penalti, expulsión y gol. Justo antes del descanso. Los pesimistas se crecían y los optimistas cortaban la sonrisa.

El momento clave

Hubo que retocar el equipo. Básicamente, se fue Aspas y entró Javi Rodríguez. Además del hombre por hombre de Beltrán -más equilibrio- por Damián -menos pase-. Lo que no se varió un ápice fue la valentía. Todo lo contrario. La línea de cuatro atrás ya era perenne sin restar capacidad de llegada de los laterales, con Javi Rodríguez y Óscar Mingueza. Había riesgo pero se jugaba, de nuevo, con el temor sevillista al desastre.

Lógicamente, no era sencillo crear peligro. Pero tampoco se hacía explícito que el Celta estuviese con un futbolista menos sobre el campo. Especialmente, por la capacidad de Hugo Álvarez para retener el juego lo justo y para lanzarlo cuando era posible desde la derecha. Se asoció a su intención el dinamismo de Beltrán a los 20 minutos de la continuación para que el ourensano encontrase al de Seseña en su caída a banda y éste vislumbrase la llegada al área de un lateral, Mingueza. El catalán tiró de técnica para un remate de zurda. Y los locales recuperaban la ventaja.

Faltaba mucho. Reapareció Mihailo Ristic para volver a la defensa de tres. E incluso Franco Cervi para tapar la banda izquierda. La mejor señal de que todos deben sentirse parte. Porque el Sevilla insistió en el centro y remate. Y estuvo cerquísima de empatar con dos cabezazos a los que respondió Guaita sobre el final. Justo antes de que un saque largo del portero celeste acabase en un craso error de Gudelj. Borja Iglesias aprovechó el regalo y, aunque Kike Salas todavía recortó distancias, la victoria no se escapó. Este equipo (todos) va a por Europa.

Celta 3-2 Sevilla

Celta:

Vicente Guaita; Óscar Mingueza (Franco Cervi, min.75), Yoel Lago, Carlos Domínguez, Marcos Alonso, Hugo Álvarez (Borja Iglesias, min.82); Damián Rodríguez (Fran Beltrán, min.46), Ilaix Moriba; Pablo Durán (Losada, min.89), Iago Aspas (Javi Rodríguez, min.46), Williot Swedberg (Mihailo Ristic, min.69).

Sevilla:

Nyland; Ramón Martínez, Badé (Isaac Romero, min.45), Gudelj, Kike Salas; Pepelu, Agoumé, Saúl Ñíguez (Ejuke, min.84), Adriá (Suso, min.53); Lukébakio, Peque (García Pascual, min.66).

Goles:

1-0, min.19: Ilaix Moriba; 1-1, min.45+8: Gudelj, de penalti; 2-1, min.64: Óscar Mingueza; 3-1, min.90: Borja Iglesias; 3-2, min.97: Kike Salas.

Árbitro:

González Fuertes. Amonestó a los visitantes Salas e Isaac. Expulsó con roja directa al local Marcos Alonso (min.45+3).

Incidencias:

Balaídos. 20.281 espectadores.

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