El Celta se derrite bajo el sol

El equipo vigués empató ante el Málaga un partido en el que cedió la pelota y repitió sus carencias en el área rival

Williot Swedberg perdió un mano a mano con el guardameta malacitano Alfonso Herrero, ayer, en el estadio de Balaídos.
Williot Swedberg perdió un mano a mano con el guardameta malacitano Alfonso Herrero, ayer, en el estadio de Balaídos. | J.V. Landín

No le sale casi nada bien al Celta en este comienzo de temporada. Al equipo vigués se le apagan las ideas -o la puntería- en los últimos metros y ha sido incapaz de sumar una sola victoria en los seis primeros partidos que ha disputado. A estas carencias, añadió ante el Málaga la pérdida de la iniciativa con el balón durante muchas fases del encuentro y el regreso de los problemas a balón parado: los dos últimos goles los ha encajado de esa manera. Además, los 30 grados de temperatura a la sombra que se registraban en Vigo entre las dos y las cuatro de la tarde parecieron afectar más al conjunto celeste, que se adelantó en el marcador con un gol de Jutglá en la recta final del primer tiempo y encajó el tanto de Adrián Niño a la salida de un córner en el minuto 83. Para colmo de males, Iago Aspas se rompió poco después de ingresar en el campo y preocupa la recuperación de uno de los pocos futbolistas célticos que han visto puerta en un principio de Liga en el que sigue acumulando problemas con la competición europea ya a la vista.

El Málaga, un equipo con buen trato de balón pero con calidad individual limitada, le quitó la pelota de inicio a un Celta con cinco cambios en el once respecto al duelo anterior, contra el Getafe, pero en el que Claudio Giráldez mantuvo la pareja de mediocentros formada por Ilaix Moriba y Miguel Román.

El cuadro andaluz, finalmente con el céltico Carlos Dotor como descarte, igualó el sistema del técnico porriñés y en los primeros minutos consiguió hacerse con la posesión, aunque su ataque apenas inquietaba a la defensa celeste, de nuevo con un Yoel Lago imperial en el centro. Y mientras el Málaga manejaba el juego, el Celta trataba de robar para contragolpear sin demasiada finura y cayendo una y otra vez en fuera de juego.

Tras unos primeros veinte minutos de control visitante, la presión de los celestes empezó a ser efectiva y un robo de Rueda generó la primera ocasión, pero Jutglá no vio el desmarque de Hugo Álvarez y se jugó un remate que se fue a ninguna parte.

Como en anteriores encuentros, la precisión y las ideas disminuían a medida que el Celta se acercaba al área rival, así que el equipo se agarró a alguna acción individual, como la que protagonizó Carreira en el minuto 25. El carrilero vigués se internó en el área, quebró a Recio y se quedó solo ante Alfonso Herrero, que su remate lo interceptó el guardameta.

En el tramo final de la primera parte, los celestes recuperaron más balones y, en el 35, Moriba envió a la grada un buen pase de Rueda tras una jugada del propio carrilero. Cuatro minutos después, Hugo González lo intentó con un lanzamiento que salió fuera y el Celta se adelantó poco después, en el 41. Tras una recuperación de Moriba, Jutglá caracoleó en la frontal del área, se acomodó la pelota en la pierna derecha y soltó un disparo ajustado al segundo palo que se coló en la portería malacitana.

Tras el descanso, el Celta trató de mantener la presión sobre el rival y generó ocasiones ya con Williot Swedberg en el terreno de juego. El sueco entró en el minuto 62 por Hugo González, lo que llevó a Hugo Álvarez a la derecha del ataque, y en el 63 cazó un balón al aire de Marcos Alonso entre la indecisión del portero y la defensa visitantes, pero su remate lo detuvo de nuevo un Alfonso Herrero gigante para los delanteros locales.

Seguidamente, fue Ferran Jutglá quien dispuso de una clara oportunidad tras una jugada por el medio de los celestes, pero el catalán disparó esta vez a la grada.

El Celta no conseguía marcar el gol de la tranquilidad y Claudio apostó por Burcio para suplir a un Moriba con problemas físicos y por Driouech para tratar de revolucionar la banda izquierda. Pero llegó la segunda pausa de hidratación y los vigueses se relajaron. Cedieron la pelota al rival con descaro, dejaron de ir a la presión y, como resultado, el Málaga generó en poco tiempo más ocasiones que en todo el resto del encuentro. En el 83, un saque de esquina lo cabeceó Adrián Niño al fondo de la portería para establecer el empate.

A la desesperada, Claudio metió a Aspas y a Galán en el campo, con la mala fortuna de que el moañés se lesionó al poco tiempo y, aunque siguió sobre el césped hasta el final, no pudo aportar gran cosa. Sí lo hizo Burcio, protagonista de las mejores acciones de ataque en una recta final en la que el bloque vigués se mostró impotente para arreglar un resultado que se le había puesto de cara pero que no supo sentenciar. Las malas sensaciones no acaban de irse de Balaídos y el Celta se derritió ayer bajo el sol.

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