El Celta triunfa bajo la nieve
Dos goles de Mina y Aspas le dan la victoria en el campo del Alavés (1-2) mientras nevaba, tras cuatro jornadas sin ganar
Nevó, el Celta se abrigó y ganó. Por una vez, pareció que los ropajes que vestía el equipo vigués se amoldaban al clima. O al revés. Sin maravillar y volviendo a acertar más con el plan B que con el A, el conjunto celeste sacó tres puntos de Mendizorroza de un partido igualado. Con defectos y con virtudes. Y con Iago Aspas.
En el fútbol, el destino es siempre el mismo: la portería rival. La cuestión es el origen. O los orígenes. Al Celta le cuesta llegar al destino porque no le funciona el origen. Matizarlo es lo que está intentando semana tras semana, cada vez retrasando un poco más el punto donde todo se genera. Como el centro del campo lo tienen monopolizado los rivales, sabedores de que cerrar tal zona mata gran parte de la creatividad y el peligro de los célticos, ahora se trata de llevar el punto de equilibrio a la altura de los centrales. De ahí que, con ese papel como esencial hoy por hoy, no resultase extraña la suplencia de Jeison Murillo, el menos dotado de los defensores para sacar el balón jugado. En el resto del once, Eduardo Coudet siguió siendo Eduardo Coudet: no sacrificar el dibujo y mantener cinco futbolistas de claro carácter ofensivo sobre el césped. Lo que se tradujo en la suplencia de Renato Tapia, que hoy por hoy pierde el duelo uno contra uno con Beltrán precisamente por lo que hacen con el balón. La búsqueda del origen una vez más.
La cuestión es que ese papel de forjador recae, en pura teoría, sobre Denis Suárez, el gran perjudicado por la superpoblación de centrocampistas en los rivales. El de Salceda no acaba de acomodarse a tal cacería y no consigue limpiar las jugadas, una de las virtudes necesarias en un creador. La tesitura, como tantas otras veces, obligaba a aparecer a Iago Aspas demasiado atrás para que algo cambiase.
Manejaba el Celta esas dudas de inicio de juego ante un Alavés dispuesto a castigar como relámpago. Pero que nadie piense en balonazos, sino en combinaciones bien dibujadas y bien ensayadas con la verticalidad como argumento común. Los vitorianos replegaban sin problema y dejaban el balón para el Celta, que en la primera ocasión en la que logró volcar el juego hacia una banda y sacar el balón hacia la otra encontró premio: Kevin filtró el balón y el remate de Mina rozó en un defensa lo suficiente como para sorprender a Pacheco.
Había pedido Coudet el favor de los dioses para ponerse por delante. Lo tuvo y su equipo intentó madurar la situación desde la posesión, aunque el Alavés dio un paso adelante y empezó a amenazar mucho más la salida de balón, destapando los problemas celestes en esta fase. Además, empató enseguida con una buena llegada por banda de Edgar, con peinada hacia atrás de Luis Rioja y tanto de Joselu adelantándose a Dituro.
El partido era más del Alavés, que agradecía haber empatado temprano y volvía a sus cuarteles de invierno en campo propio. Fueron minutos de control que convencieron a los locales de que podían dar un paso más. Y lo dieron en el arranque de la segunda mitad, asfixiando el juego del Celta mientras el cielo comenzaba a dejar caer una intensa aguanieve. Laum cabeceó al palo un saque de esquina, con las acciones a balón parado asustando.
La nieve comenzaba a cuajar cuando Coudet se decidió. Sacó del campo a Denis y Brais para meter a Tapia y Solari. Y el equipo lo agradeció casi de forma instantánea. Se abrigó. Y reaccionó. Ya no sufría sin balón y con él comenzaba a ser capaz de luchar contra los elementos.
Antes y después, el gran faro era Iago Aspas. El moañés completó ayer su mejor partido de la temporada, siendo clave en mantener la fe en que se podía sacar algo en limpio entre la nieve. Con su estrella al frente, el Celta comenzó a hacer méritos para que la suerte le sonriera, con un Cervi que dio vida a la banda izquierda. De un centro de Galán desde tal lado salió una mano de Aguirregabiria dentro del área que fue señalada como penalti. Aspas asumió la responsabilidad y falló, pero aprovechó el rechace para marcar.
Entonces, dejó de nevar. El partido había quedado desnivelado y el Celta se había vestido para la ocasión. Abrigado, se dispuso a aguantar el marcador, aunque bordeando el minuto 80 dos centros de Solari merecieron el tercer gol. Y cuando el Alavés puso sobre el campo a Guidetti para hacer dúo con Joselu y bombardeó con su juego aéreo, Murillo salió del banquillo para hacer lo que mejor sabe hacer.
Hubo sufrimiento, pero también fortaleza. La tercera victoria a domicilio de la temporada se fraguó entre la nieve. Los marcadores empiezan a sonreír, con sólo una derrota en los últimos seis encuentros. La cuestión ahora es elegir bien con qué ropaje jugar.
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